sábado, 21 de febrero de 2009

Que no se escuche lo que usted hace en el baño


Si está en su casa, que se escuche todo, y mientras más ruidos haga mejor. El cuidado, para que no se escuche lo que hace en el baño, debe empezar cuando se dan diferentes circunstancias que pueden dañar su imagen para siempre. Una de ellas son las visitas. Aunque no es necesario explicar que mientras más cercanos sean los huéspedes, menos preocupado debe estar, igualmente hay que tener en cuenta que entre éstos puede haber algún detective amateur especialista en sonidos de ultra-toilette. Por ello, ante la presencia de tales o en el caso de estar en una residencia ajena, lo mejor es evitar ir al baño o utilizar -en el caso afortunado que haya- un excusado más privado, en donde se puede exteriorizar sin ningún tipo de restricciones. Sin embargo, se sabe que existen momentos en los cuales la situación es extremadamente incontenible, que en general, como una especie de castigo por no controlar la gula, aparecen repentinamente, con un aviso más parecido a un alerta de peligro inminente que a una simple observación, y casi siempre sin posibilidad de lograr la privacidad. Ante estos casos, lo mejor es mantener la calma, y la posición original en el momento del alerta. Si está sentado, bajo ninguna razón se levante apresurado, menos si se encuentra en un sofá que requiera algún tipo de esfuerzo para incorporarse. Recuerde que siempre es bueno seguir las estrategias de las féminas, que con su capacidad preventiva para toda ocasión, optan por sentarse en la puntita del sofá al lado del apoya brazos, o simulan no poder levantarse para recibir la ayuda de un caballero dispuesto a tomarla de la mano y realizar el esfuerzo por ellas. Obviamente, si usted resulta ser ese caballero y está en la misma situación, simule no notar el pedido de ayuda y evite un doble accidente.
Lo más recomendable es no dar señales de la necesidad, tomando distancia del lugar más concurrido. Este alejamiento debe suceder antes que aparezcan los movimientos reflejos, como sacudones de piernas, ojos aguados, rostro sonrojado, manos sudorosas y sonrisita forzada con seño fruncido en forma de lástima. Llegado el momento insoportable, haga la pregunta “¿puedo usar el excusado, por favor?”, utilizando ademanes modestos y tranquilos, como si solamente necesitase el retrete rutinariamente. Una sonrisa franca siempre es aconsejable, o un bostezo con sonido de cansancio no está demás, para dar la sensación que sólo necesita refrescarse el rostro para despertarse.
Ya con el permiso para pasar, intente a toda costa no ser acompañado hasta la entrada y mucho menos hasta adentro, ni siquiera para que le muestren “como se tira el agua”. Diga que va a estar bien, y que cualquier cosa avisa. Una vez adentro, ¡no se olvide!, el primer golpe de vista debe ser hacia el lugar en donde se ubica el preciado papel higiénico. Si no lo ve, pídalo inmediatamente. En el caso de ser tímido o el tiempo apremie, busque alternativas mientras se alivia de la carga. Puede ser una revista, de las que se suelen dejar al lado del inodoro para promover la lectura, el boleto del colectivo (de los de larga distancia) o de avión que tiene en el bolsillo, o la primera página de presentación del libro de autoayuda que se olvidaron allí. Impídase usar su pañuelo, alguna toalla, la cortina de la ducha, o cualquier elemento textil que requiera un enjuague posterior. En fin, cuando ya está ubicado en el lugar soñado, exprésese tranquilamente, pero no se dé a conocer todo de una vez, vaya soltando lo acumulado de a poco, acompañando la salida con el hojeo de lo que lee o una tos repentina, que puede aumentar su frecuencia en el caso que la despedida sea vehemente. Haga lo que haga, que no se escuche afuera lo que usted hace en el baño. Una vez aliviado, revise y haga desaparecer cuidadosamente cualquier detalle que pueda delatar su última comida. No se olvide de utilizar todos los sentidos, especialmente el olfato. Si descubre que su paso por el toilette no pasará desapercibido ni por una congestión nasal, no salga sin esparcir algo de algún desodorante -de ambiente o antitranspirante- y al lavarse las manos hágalo con abundante espuma del jabón tocador. Al reincorporarse al ambiente de la sala, y si el contexto lo permite, sonría hablando en tono seguro y audible sobre el artículo de la revista de belleza que acaba de leer, y comente graciosamente sobre las algas marinas que tienen en su dieta las deportistas chinas. Luego siéntese, y haga contacto visual con cada uno de los presentes, como si nada hubiese ocurrido. Porque recuerde: usted sigue siendo quien era bajo el pacto de silencio que hay en este país, en donde lo más importante es cuidar la imagen, por más que se sepa que usted utiliza el sanitario para pegarse un baño, echarse un buen cago, un meo, o autosatisfacerse como cualquier criatura humana de este mundo.

jueves, 19 de febrero de 2009

Iguazú reflexiona




Estimados iguazuenses:
Es hora que reflexionemos sobre qué hemos llegado a ser y somos. Por bastante tiempo hemos sido atacados por fuertes vientos de una tempestad, que sembró en nuestros corazoncitos semillas de agresión traídas de un mundo desconocido para nosotros. Y esas semillitas germinaron para transformarse en fuertes árboles que parecen omnipotentes, difíciles de talar. Desde sus ramas nos hemos lanzado epítetos y frutas putrefactas que dañaron nuestra vestimenta de ciudadanos educados y comprometidos por el progreso de nuestro pueblo y país. Sus hojas escondieron por un lapso nuestra miseria. Su sombra no nos dejaba ver que estamos sucios y harapientos. Sin embargo, por más que parezca que en 200 años de historia nacional, y 106 de historia municipal, todo está perdido, no es así. Aún tenemos por qué luchar. Debemos salir de las sombras de ese árbol malo. No nos escondamos más detrás de las hojas que ocultan nuestro dolor. Deslicémonos de sus ramas. ¡Y talemos el árbol!, ¡talemos todos los árboles!
Desde el llano, todos a la misma altura y nivel, busquemos la manera de ser tolerantes y diplomáticos con el prójimo, quien quiera que sea. Sigamos el ejemplo que nos dieron nuestros padres de familia, que con su empeño, compromiso y voluntad de disciplinar, lograron que los chicos de hoy sean tan eficientes, moderados, respetuosos y educados. Y sigamos el camino de nuestros padres de la patria, que nunca agredieron ni desearon la muerte de nadie y en su edad madura buscaron el cobijo en el matrimonio con tiernas niñas de 14 años. No utilicemos más los epítetos que dañan nuestra intachable moral. Mantengámonos alejados de los malos modelos, como medios de prensa que utilizan malas palabras en sus títulos, cual la costumbre de ese tal Crítica de la Argentina, que tristemente tiene una tirada diaria de miles de ejemplares, y como si fuese que ellos son perfectos y nadie se puede equivocar, denuncian cosas erróneas del gobierno nacional, y hacen despedir de sus dignos trabajos a funcionarios públicos al servicio del pueblo. Sírvase a observar la fotografía de su portal digital http://www.criticadigital.com/ del día 17 de febrero que publicamos para que vea qué mal ejemplo son. Es fácil corroborar la veracidad de la imagen, ingresando al portal y escribiendo en el buscador el título que aparece. Pero, sólo haga eso para corroborar, luego no visite nunca más el sitio, porque podrá ser contaminado con su agresividad y chabacanería.
¡No, señores! ¡Seamos diferentes! Optemos por utilizar eufemismos de alto nivel para desarrollar ciertos temas que acaecen en la vida diaria, y así evitemos crear pánico entre la ciudadanía, que necesita volver a sus raíces de puro trabajo y cero contrabando, como lo fueron desde un principio nuestra hermosa patria y esta frontera, digna representante de nuestro territorio. Volvamos a los fundamentos de compromiso y anticorrupción, como lo fueron los primeros gobiernos de este bendito suelo, que jamás si quiera pensaron en malversar los fondos de todos los sueldos donados por Manuel Belgrano para la construcción de 95 escuelas, las cuales hoy se yerguen cual estandartes de nuestras sólidas raíces esparcidas en toda nuestra soberanía. Regresemos a las palabras sanas, que siempre utilizaron nuestros padres, abuelos, y maestros, quienes jamás tuvieron temas tabú con nosotros, y al dialogar sobre temas candentes, decían lo mismo pero sin herir, y así lograron que disminuyeran casi a cero y que hoy casi ni existan los abusos, acosos, robos, maltrato, y violencia doméstica. Mantengamos en secreto palabras y temas que pueden herir el sentimiento de nuestros jóvenes, quienes pueden aprender solos con programas de televisión y en Internet. Seamos suaves y optimistas. En cuanto a nuestro ambiente, por ejemplo, hagámosle notar las partes buenas de las veredas, no las rotas; empeñémonos en hacerles observar los empedrados ya hechos y las calles asfaltadas, no las que todavía no se hicieron porque aún no pudimos juntar para pagar los impuestos. Mostrémosles las obras que se están haciendo y después con mucho tacto expliquémosles que todavía no están autorizadas por cuestiones de trámites, y que a pesar que ninguna se ajusta a ningún plan de ordenamiento urbano, son lindas igual, y que Iguazú las necesita, como necesita que nosotros busquemos bregar por un cambio positivo y no que elijamos justificar nuestras agresiones porque otros son agresivos o indoctos. ¡Es necesario que actuemos ya, querido vecino o vecina!, y trabajemos juntos optimistamente por más que en algún momento hayamos vestido la camiseta contraria, total cuando nos unamos para festejar con algarabía, ya no importará si se sabe que en algún momento hemos colaborado con nuestro gobierno con algún espacio solidario o no. ¡Hagámoslo por Iguazú, todos juntos, abrazados como hermanos, silbando de júbilo por las calles de nuestra amada ciudad! Volvamos a nuestras raíces más profundas y sinceras: mente positiva, ciudad positiva.

viernes, 13 de febrero de 2009

Iguazú de mierda


Confieso que me tomó un tiempo considerable decidirme a tocar este tema. Y fue más porque siempre que lo veo aflorar me fastidia tanto que se me cruzan las ideas, y tengo más ganas de insultar que de argumentar. Sin embargo, acá estoy, y a quien le caiga el aguacero que abra el paraguas, como dijo uno de los comentaristas de La Voz.
Hace muy poco, a un desafortunado profesional de la medicina local se le escapó “indio de mierda”, al encontrarse con un Mbya Guaraní que lo denunció ante la dirección del hospital por haberlo maltratado. Sí, escribí adrede “se le escapó”. Lo aclaro porque un maltrato no se justifica, y yo no estoy justificando al doctor. Dije “se le escapó” porque al ser denunciado justamente no supo controlarse y no supo bancarse su propia actitud arrogante, y le salió lo que tenía atragantado en lo más profundo y bajo de su ser. Y esto, además de ser denunciado formalmente ante las autoridades, fue publicado, es decir, cayó bajo la mirada de la gente. Lo interesante del tema es que una vez en manos del pueblo, el doctor involucrado pasó de victimario a víctima, de depredador a presa, de boxeador a cura, de jugador a pelota, y de príncipe a sapo. En los comentarios bajo la nota publicada por este medio apareció una gran cantidad de comentaristas que normalmente no escriben o están cansados cuando se ponen al tanto de lo que pasa. Sin embargo esta vez la mayoría vio un árbol caído y se lanzó a hacerlo leña. Pobre doctor, pensaba yo, y no lo decía porque no quería ser devorado por las santas fieras del pueblo. Porque si nos ponemos a pensar, esto ocurrió porque el médico fue expuesto a la opinión de una ciudad, llamada Iguazú, habitada por gente tan pulcra y sacra, que no sería capaz de pensar tan siquiera en maltratar a una persona, y menos si se trata de un aborigen-hermano-paisano Guaraní. ¡Por favor! ¿A quién se le ocurriría semejante cosa? Jamás escuché a un hermano iguazuense decir “paraguayo de mierda”, por ejemplo, porque todos acá en Iguazú saben que los pioneros que sacaron adelante este pueblo de mierda que solo tenía monte y malaria, fueron ellos. Y asistidos por los hermanos brasileños, a quienes nunca jamás un iguazuense llamó “brasilero de mierda” o “brasuca maraca”, por ejemplo, al finalizar un partido de fútbol en el que su selección nos re cagó a baile. Y seguramente también porque el iguazuense sabe que los paraguayos estuvieron antes inclusive que llegara la Administración de Parques Nacionales con su personal de Buenos Aires, a quienes nunca jamás un iguazuense se le ocurriría llamar “porteño de mierda”, por ejemplo, porque nosotros somos víctimas de su maltrato, pero nunca vamos a “ser como ellos”. Además el iguazuense, por vivir en una ciudad turística, y tener un celular último modelo, es una persona muy abierta por tener contacto con gente de todas partes del mundo, a quienes jamás in the fucking life, (jamás en la puta vida, para los argentinísimos) se les ocurriría engañar con el cambio o cobrarle demás un viaje o una excursión, y mucho menos cagarse de risa de ellos, con los compinches sobre una cerveza comprada con la “comisión”. Es que el iguazuense, ese mismo que defenestró al demoníaco doctor por maltratar a un aborigen, vive en un país en donde nunca jamás se le llamó “gallego boludo” al español, ni “perucho ignorante” al peruano, ni “bolita muerto de hambre” al boliviano, ni “polaco olor a queso” al inmigrante, ni “yanqui de mierda” al estadounidense, ni “chilote pelotudo” al chileno, ni “judío cagador” al israelita, y ni “negro villero” al que tiene la piel un poco más oscura y vive en los suburbios. Por eso quizás en Iguazú el aborigen vive recibiendo abrazos, sonrisas, trabajo, ayuda, y son el porcentaje más alto de empleados en la gastronomía y hotelería. Es que, le explico doctor, el iguazuense vive administrado por hombres a quienes jamás se les adjudicaría el título de “políticos ladrones” en ningún ámbito y menos en un medio radial, y vive en una ciudad tan linda a la que jamás ningún iguazuense llamaría “Iguazú de mierda”.

viernes, 6 de febrero de 2009

¡No hay hombres!


Como quiero adelantarme a todo lo cursi que en unos días más saldrá publicado sobre el amor y las mujeres, me pareció bueno utilizar el tema que hace días me viene taladrando una amiga, que en nombre de todas las féminas constantemente hace un reclamo que me parece justo y acertado: “No hay hombres”, me dice. Y claro, al principio no me parecía tan justo ni acertado, pero después de todas las pruebas y argumentos presentados, no tuve más que aceptar y dar por sentado que es así. Sí, señores, queridos machos, es verdad: no hay hombres. Y lo peor de todo es que en vez de ver una solución, que calme las ansias locas de las mujeres por encontrar un macho, ¡se ven cada vez más problemas que los hacen desaparecer o transformarse en algo parecido a ellas! Así me definió el problema esta hembra. “¡Hoy están cada vez más parecidos a nosotras!”, me dice desesperada. Pero sinceramente, después de semejante innegable verdad actual, me puse a pensar qué creemos los hombres que es “ser hombre” o cual es “el hombre” que las minas buscan. Para nosotros, ser un machazo es principalmente ser un tipo libre, a quien no le dicen qué ni cómo, ni cuándo hacer, porque nos la bancamos solos y punto. Y a la misma vez creemos que las mujeres buscan algo así, un tipo seguro que se las sabe todas y que está para cuando ellas quieran (sí, sexo), es decir un winner. Además estamos seguros que ellas nunca saben lo que quieren, entonces hacemos la nuestra y listo. Pero, según me restregó mi amiga por la cara, ellas justamente odian lo que nosotros creemos que es un hombre.
-“¿Y qué es lo que quieren?” -le pregunté con una sonrisa irónica (de hombre, según yo). -“Queremos y buscamos las cosas simples de todos los días” -me dijo. Obviamente, mi cerebro de macho no cazó un fútbol de lo que me respondió, pero me hice el que entendió (como un hombre, según yo) y le seguí la corriente.
-“Aah, ¿entonces no es un buen lomo, con una billetera gruesa, y una 4x4?”, le provoqué. Y me complicó las neuronas masculinas aún más (típico de minas, según yo).
-“Si viene con el paquete, bienvenido sea, pero no, no es eso” -me respondió. Entonces, tuve que ser sincero y aceptar que no entendí nada, pero no se lo dije y me puse a pensar en qué es una mujer para saber qué tiene que ser un hombre. Una mujer, antes que nada, siempre hizo y hace todo. Inclusive lo que le corresponde al hombre. Si no, díganme cómo hacen el desayuno de los chicos con cada unos de sus caprichos, fijarse que tengan todo para la escuela, arreglarles para que salgan prolijos, sacar la basura antes que salga el basurero, hacer el mate y el desayuno del re-macho -que se levanta tarde y le caga a pedos si no lo hace-, hacer y tomar su propio desayuno, y encima salir linda y arreglada como una reina. Aah, me olvidaba, todo eso es en quince minutos. Además, por si algún re-macho quiere argumentar en contra, va a trabajar sin olvidarse un segundo que al mediodía tiene que ir a buscar a los chicos, mandar el almuerzo al re-macho, hacer el almuerzo para los hijos, dejarlos en cada una de sus actividades de la tarde, volver al trabajo (a tiempo y todavía arreglada como una reina), hacer su trabajo distinguiéndose entre todos (inclusive entre re-machos), volver a buscar a los chicos o preocuparse para que el transporte los busque, y que tengan la merienda lista al llegar, y al volver del trabajo limpiar y aromar la casa, atender las tareas de los nenes, preparar el mate y estar linda de nuevo como una reina para cuando llegue el re-macho, que tuvo un día re-largo (de ocho horas) y está re-cansado y no quiere ruidos ni quejas, porque tiene una graaaan responsabilidad que su mujer nunca va a entender. Aah, y mientras prepara la ensalada, hace la guarnición, los jugos, pone la mesa, da de comer algo a los chicos para que no esperen tanto, atiende el teléfono y a la visita que llega, y sirve bebidas frescas en la sala que adornó antes que llegaran todos, todavía tiene tiempo de pasarle algo para soplar el carbón al re-macho que está haciendo el asado. Obviamente, ya tiene todos los lugares en la mesa con todo listo para que nadie se levante a buscar nada, y espera con todo respeto a que el re-macho se siente para dar las gracias y comer. Claro, siempre atenta a que si falta algo, adelantarse al pedido de los comensales, como reponer la canasta del pancito, o el hielo en la bebida del re-macho. Servir el postre, que hizo ella quien sabe en qué momento, es cosa de ella por su puesto. Levantar la mesa, la cocina, la sala, y lavar los platos, también. Llamar el taxi para la visita, no olvidarse que los nenes se cepillen los dientes, acostarlos bien arropados, también le toca a ella, claro. El re-macho está tomando el vinito con los otros re-machos, cómo se va a molestar en nimiedades. Ordenar la sala, dejar listo todo para el amanecer, apagar la luz, y acostarse linda, liviana, perfumada y lista para el amor, también es tarea de ella. Ahh, me olvidaba, todo eso en 24 horas, calladita y sin histeriquear, porque el re-macho se puede enojar. Ahora entiendo qué quiso decir mi amiga con “cosas simples de todos los días”. ¿Algún re-macho tiene alguna objeción?

miércoles, 21 de enero de 2009

No proteste, emigre


El 12 de enero salió publicado un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en el diario Crítica Digital que dice que hay 806.369 argentinos residiendo fuera del país, y que eso significa 34% más de los 600 mil registrados en el año 2000, justo antes del estallido social y la devaluación. Según el informe, el 50% de estos argentinitos se fueron a Estados Unidos y a España, justo los dos países con leyes más estrictas en temas migratorios. Para un experto, Jorge Gurrieri, la mayoría se va por motivos económicos y en algunos casos por motivos culturales. Gurrieri dice que en Argentina hay “una cultura de la emigración”. Otro estudioso del tema, Enrique Oteiza, dice que los que se fueron antes y después de 2001 se enfrentan hoy al dilema de volver o no volver. Contó que escuchó noticias de argentinos que durante esta crisis se quedaron sin empleo en Estados Unidos, y para comprarse un pasaje de regreso tuvieron que pedir de emergencia dinero prestado a la madre jubilada que vive acá. Por otra parte, las empresas informaron al Instituto Nacional de Estadística y Censo (INDEC) y a la OIM que Argentina sufre de falta de mano de obra profesional, justamente por la fuga de argentinitos al exterior. Gurrieri dice que “la fuga de técnicos, científicos, y especialistas genera agujeros difíciles de tapar, y eso retrasa el progreso del país”. ¡Y acá se armó el ñemboyeré! Por qué lo digo, porque seguramente detrás de cada computadora, varios argentinitos que leyeron el informe y leen esto (los que se quedaron y los que se fueron) están sacando sus propias conclusiones, y culpándose unos a otros, rasgo cultural que nos identifica por más que emigremos a la luna. Los que están acá seguramente saltarán con el típico “yo elegí quedarme para luchar y cambiar las cosas, no corrí ante el primer conflicto”. Y los que están afuera replicarán con el típico “yo salí porque Argentina nunca va a cambiar, y acá por lo menos aprecian lo que hago y me respetan”. Lo curioso del caso es que el que se queda, en realidad vive soñando con una oportunidad para rajar. En su mente está en las islas Fidji comiendo mariscos, y no de turista, sino trabajando de cualquier cosa, que obviamente no haría en el país en donde se quedó a luchar para que todo mejore. Y el que se fue vive soñando con volver, y cada centavo que junta piensa en invertirlo en el país que “nunca va a cambiar”, y en su profunda nostalgia compra a precios exorbitantes productos del suelo que eligió dejar y no le respeta. También, seguramente, aparecerá el argentinito que se quedó porque acá “tiene todo” y logró juntar con su “esfuerzo”, pero vive en el ensueño de enviar a su hijo “aunque sea unos días” para la “Ingland” o “de Iunaited Esteits of América” o rajarse ante la primera oferta que le hagan. ¿Por qué?, porque los argentinos somos así: criticamos a los Estados Unidos vestidos de Naik y escuchando a los Gansenrouses. O hablamos mal de los franchutes y españoles, hablando en françois o poniéndole la zeta a todo lo que dezimos. Por eso, antes de protestar por cualquier pavada aquí en su país, emigre. Y una vez afuera, compre yerba y dulce de leche a 50 euros o dólares. Y no hace falta que se borre el tatuaje del Che que tiene en el hombro.

sábado, 10 de enero de 2009

Sólo para el pucherito


Dentro de todo este año empezó bien, aunque en realidad uno ni se imagina cómo empezó el año de cada uno. En general, decimos, va todo bien. La preocupación por la crisis tan mencionada en los medios, apareció solamente como eso: una mención exagerada en los medios. Sí, ya sé, no hay que ser tan obtusos en pensar que la crisis no afecta ni va a afectar. Afectó y mucho, pero esa “preocupación” no se notó mucho en los últimos días de fin de año, principalmente en los supermercados y en los colectivos y autos que iban y venían de Paraguay y Brasil. “No hubo mucho movimiento como en años anteriores”, le escuché decir a un taxista, de esos que saben todo. (Si usted tiene algún inconveniente de cualquier índole, tómese un taxi o remisse, seguro que le darán la solución). “Me acuerdo que antes la gente compraba más”, continuó con el análisis el psico-socioeconomista profesional del volante, “pero este año no se compró mucho, la gente sólo compró para navidad y fin de año”. Sin embargo, este amigo de las calles, parece que no habló mucho con los dueños de supermercados y comercios -que para los meses de agosto y octubre del año pasado también estaban preocupadísimos-, pero que para los días de las fiestas no podían ocultar su alegría detrás de esa cara huraña y consternada. Bueno, a algunos la crisis le vino bien para “ajustar” la cantidad de personal, pero ese es otro tema. La verdad es que mi amigo el psico-socioeconomista -como la mayoría de los argentinos- terminó contándome al final del recorrido que por suerte en las fiestas pudo comer el “chanchito” con su familia, “tranqui”, porque el turismo “gracias a Dios” todavía da para “el pucherito” y que esa tarde tenía “un viajecito a Ciudad del Este” con unos gringos que por ahí le va a venir bien “para agarrar algo” para la entrega del “cero” que quiere sacar. “Y sí”, reflexioné –para no quedar como que no sé nada de actualidad ni del efecto de la crisis, porque en este país uno tiene que saber, no puede ser ignorante- “uno siempre busca alguito para sobrevivir, fijáte yo me tomé un taxi porque no me da para el colectivo”, le dije esperando la risa que nunca llegó, y mientras doblaba en una esquina encandilándome con el “relojito de oro” que le regaló “la hijita” en navidad, concluyó: “sí, viste, todos estamos así, ojalá que no empeore, porque no sé qué vamos a hacer”. Claro, yo no me daba cuenta lo malo que está el tema de la crisis, ¡qué vergüenza! Ojalá, en serio, que el promedio de ocupación de 80% en los hoteles no cambie y que el ingreso a Cataratas continúe siendo de 4 mil por día, para que nuestros amigos psico-socioeconomistas que viven del turismo, los gastronómicos, y nosotros claro, no la pasemos tan mal.

domingo, 4 de enero de 2009

¡Pongámosle onda!


Pasaron los días de reflexión y balance, ahora podemos hablar pavadas de nuevo, pongámosle onda. Aprovechemos y pensemos en temas que no están en la agenda, y que no son obligación hablar. Pensemos y deseemos el bien a todo el mundo, por ejemplo, y que este año sea mejor que el anterior, y que podemos entre todos si nos unimos, y que la Argentina a pesar de todo siempre sale adelante, porque en los peores momentos nos unimos, y qué buenas épocas aquellas que las podemos recuperar si queremos…
Seamos sinceros de nuevo, total ya dejamos claro en los días de las fiestas que alláaaaaa en el fondo somos buenos y que no era mala onda ni mala intención cuando durante el año pasado hablamos peste de los demás en su ausencia. Es que en la calentura se nos escapan cosas que no queremos decir, y en este año que empieza vamos a demostrar que queremos trabajar para mejorar. En realidad no es que creemos que el hijunagransiete de nuestro vecino es un cagador de primera mano y que consigue todo de arriba, es que uno no se da cuenta que el tipo labura todo el año como nosotros -que no tenemos tiempo de mirarlo y prestarle atención- y piensa que todo el mundo es igual: ¡felicidades vecino!, ya sabe, ahí está mi casa para lo que necesite. Ah, quiere que le mire la casa porque se va de vacaciones, sí, sí no hay problema. ¿Cómo?, ah que se va hasta marzo, bueno, no hay drama, nosotros cambiamos las nuestras para cuando comiencen las clases, así usted descansa tranquilo. Disculpe, no lo escuché. Ah que quiere aprovechar que se ganó un concurso de jubilados a nombre de su viejo y se va al sur todo pago, ah, sí, sí, todo bien. ¿Cómo?, ah que quiere aprovechar la plata del juicio que le hizo a la empresa por el tema ese de las licencias por stress. Y, sí, me parece excelente. A ver, me acerco un poco más porque no lo escucho. Ah, que su mujer también ahorró el sueldo de docente titular con licencia por cinco años, y el nene mayor logró vender el auto con problemas en la transmisión. ¡Mire usted, eh! No le fue tan mal el año pasado. ¿Cómo?, ah que todo le causó mucho stress, y sí, debe ser, uno se preocupa con tantas ocupaciones. ¿Perdón?, ah que se va hasta marzo porque el compinche que trabaja en el puente le dijo que para abril va a estar el puesto para usted. ¿Cómo dice? Ah, que la nena se puso de novia con el hijo del jefe de ahí, ¡aaah, mire usted! Está bien, es joven, que disfrute. ¿Sí, me decía?, ah que cualquier cosa usted se comunica con el celular del nene que tiene línea gratis del municipio, bueno, ok, nosotros vamos a estar pendientes las veinticuatro horas. Bueno, vecino, que disfrute, que le vaya bien. ¿Cómo dice? Ah, que el menor ya está estudiando para guía, y les va a ir explicando todo, ¡muy bien! ¡Qué disfruten, eh! Nosotros nos encargamos acá. ¡Chau!, que empiecen bien este nuevo año. (Qué maestro el vecino, ojalá que le vaya bien, ya bastante mal la pasó, hay que pensar bien, y ponerle onda).