martes, 24 de noviembre de 2009

Estamo' gestionando eso

Estamos gestionando con la gente que corresponde. Ya está, no te preocupes. Estamos dándole forma a un proyecto sobre el tema. Estamos analizando y articulando con las partes involucradas. Todas frases muy comunes de gente muy común, con la que hablamos y elegimos comúnmente. ¿Gestionar es sinónimo de hacer?, ¿sólo los políticos utilizan esas frases?
Los primeros que aparecen en la mente cuando tocamos este tema son los políticos. Seguramente porque ellos son los que más utilizan esas frases y la palabra gestionar. Pero, ¿sólo a ellos pertenecen las frases y la palabra?, ¿o también es una cuestión cultural inherente a nuestra idiosincrasia?
Hace un tiempo escuché decir a un antropólogo, de esos que tienen ganas de estudiar al ser humano y sus conductas, que el don de la palabra fue y es la más respetada en la práctica de la política. Según él, porque es la manera por excelencia para transmitir el pensamiento, las ideas, las convicciones, y los argumentos. Y tiene razón, no hay mejor manera de expresar conceptos que hablando, ¡y cómo se sufre cuando no hay palabras o cuando no sabemos usarlas!
Sin embargo, las palabras no sólo son utilizadas por los políticos. Es un don, un regalo, una habilidad netamente humana, es decir, las tenemos y utilizamos todos. Y cuando por algún motivo no las tenemos, las reemplazamos con señas, gestos, y miradas, que también expresan excelentemente, pero no logran sustituirlas completamente. Entonces, volvemos a ellas para transformar nuestros pensamientos en sonidos codificados que son interpretados por los que los escuchan. ¡Realmente un milagro!
Pero, como siempre, no todo es perfecto ni milagroso en esta vida, y las palabras pueden ser una maldición también. Por ello, quizás, a través de la historia, algunos aconsejaron usarlas lo menos posible, para evitar problemas. De aquí los refranes “en boca cerrada no entra mosca” y “uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice”, y otros sabios consejos, que por cierto, no es necesario decirlo, casi nadie obedece.
Es por esto que existen algunas expresiones y términos que se repiten con increíble frecuencia en las conversaciones diarias, casi sin pasar por la mente. Y digo casi, sólo porque la producción lingüística, según los entendidos, ocurre en el cerebro. De otra manera, se podría afirmar que hay veces que las sacamos desde la laringe solamente.
Así aparecen las frases del principio –estamos gestionando, estamos trabajando en eso, somos una institución que gestiona beneficios para “nosotros” y para la comunidad, entre otros –que de tan populares parecen ser producidos en masa en todas las laringes sin ningún tipo de paso por el cerebro, principalmente entre nosotros los latinoamericanos, según mi amigo el antropólogo.Sí, él dice que por esas repeticiones de frases inherentes a nuestra idiosincrasia, es que nosotros decimos: “sí, sí, te llamo”, cuando queremos decir que no lo vamos a llamar nunca o no nos gusta la idea que nos presentó y no nos dan las agallas para decírselo; o “mañana voy” o “vení mañana” cuando queremos decir que no queremos volver a verlo ni mañana ni pasado ni en ningún lugar; o “en la semana hablamos” cuando en realidad queremos sacarnos al tipo de encima; o “vamos a organizar algo” cuando queremos decirle al otro que compre la carne, haga el asado, haga la ensalada, ponga la casa, te invite y nosotros llevamos el vinito; o al ser requeridos para presentar alguna solución a algún problema decimos “estamos gestionando un proyecto sobre eso”, cuando la verdad es que no nos animamos a decir que no nos interesa el tema porque no afecta a los cinco gatos locos que representamos, y ese problema no es nuestro, y no nos incumbe, porque además nunca nadie nos dio pelota en todos los 40 años de existencia de la institución, pero ya estamos trabajando en eso, todos están interesados en resolverlo, cualquier cosa me comunico con ustedes mañana y les explico, o llamen cuando quieran y hablamos, pero seguro eh, mirá que acá no prometemos de valde como los políticos.

sábado, 31 de octubre de 2009

Ingeniero en Todología

Es impresionante notar cómo el argentino ha sabido instruirse en prácticamente todos los temas que acaecen a la humanidad, en tan sólo 200 años de historia de independencia de su país.
Su instrucción es tal que puede disertar por horas sobre gastronomía regional, nacional, internacional y mundial, dando pinceladas de historia americana para explicar la diferencia entre el origen del dulce de leche argentino y la cajeta mexicana; el café tomado en Colombia y el Caribe, el servido por las sucursales Starbucks, y el consumido en Francia e Italia; y además puede detallar cómo el brasileño cocina su churrasco, el uruguayo su asado con cuero, y el argentino su parrillada.
Al hacerlo, obviamente, sugiere condimentos y sazones de acuerdo a cualquier tipo de pregunta que tengan sus interlocutores, ya sean estos simples amas de casa o chefs profesionales, y ante la duda sobre algún detalle dado por él, se detiene para disiparla y a la vez argumenta sobre la filosofía que hizo saltar tal cuestionamiento en la mente de los que le escuchan.
Puede hablar sobre las emociones que envuelven a los seres humanos durante la charla o en estos tiempos de modernidad tecnológica y comunicacional, mientras discurre en las sensaciones producidas en el espíritu ciudadano por las desavenencias causadas por la práctica de una política corrupta, y al notar que un par de escuchas hablan entre sí sobre un caño del baño trancado, interrumpe pacientemente la oratoria original para explicar la mejor manera de destrabar la cañería con soda cáustica, algún cable-pasador, alambre, o en casos extremos con ácido muriático. Claro, también sugiere en qué momento del día hacerlo para que resulte mejor para todos, y aconseja no realizar nada sin consultar a la gente que sabe.
Pero, quizás lo más sorprendente de la intelectualidad de un argentino es la tranquilidad y seguridad con que se explaya sobre cualquier temática y en cualquier circunstancia. No hay manera que pueda intranquilizarse, ni siquiera si entre los que le escuchan está Gabriel García Márquez mientras él expone sobre “Cien años de soledad” y las características de la literatura latinoamericana contemporánea. Y no siente ningún tipo de reparo para sugerir alguna corrección en una nueva herramienta informática a Steve Jobs, al que encontró de casualidad en un vuelo a New York. Imagínese entonces la serenidad con la que aconseja a una madre a cómo comportarse durante su tercer parto, o cómo cocinar un asado, lavar ropa blanca, educar a los hijos, limpiar la caca del perro en la alfombra, o darle el remedio para los gases.
Sin embargo, increíblemente, lo que más resalta en la personalidad de un argentino es su afamada humildad, que lo hace inclusive más superior, ya que al tratar con él esta cuestión de saber sobre todos los temas, simplemente dice que lo único que hace es mantenerse informado y mantener la cultura general que obtuvo de sus padres y la escuela de antes, y que por eso Internet para él es lo mejor que pudiera haberse inventado.
¿Cuál es la profesión del argentino? Cualquiera. Esto no impide su preparación. Puede encontrarlo manejando un taxi y explicando las fallas de las leyes de su país, o puede hallarlo hablando de los errores de la formación de la selección de fútbol mientras repara la turbina de un 747; pero la carrera que eligió, como todos sus compatriotas, es ingeniería en todología, aunque sólo cursó los primeros dos años, porque los profesores no supieron proveer la contención apropiada para su capacidad intelectual.
Quizás por sentirse de la misma manera incomprendido, en estos 200 años de su historia, fue muy difícil para el argentino lograr resultados similares a los otros mediocres ciudadanos del mundo, que necesitan pedir ayuda a sus compañeros de equipo para no ahogarse en una cucharita de agua.

lunes, 12 de octubre de 2009

La famosa cola de paja




¡Qué terrible! Yo nunca dije ni diría algo así. Nunca insulté a nadie ni hablé sin saber del caso, y mucho menos en público. Jamás puse en duda la integridad y la buena imagen de algún vecino ni de alguna autoridad.
Es más, puedo asegurarles que mi familia se destaca en este pueblo por no difamar ni acusar a nadie, ¿leyeron bien?, a nadie, porque hemos aprendido que todos somos seres humanos, sí todos, sin excepción: mi familiar, mi amigo, mi enemigo, mi vecino, el intendente y el gobernador, todos, y todos tenemos familias y sentimientos, y tenemos que responder ante ellos las acusaciones de las que nos hacen cargo.
Hay que repudiar este tipo de sinsentido. Yo jamás me senté a hablar del que vive al lado ni dije nada en contra de mi suegra, ni mis colegas. No, no, no, eso es muy, pero malo, y totalmente inaceptable. Y, como dije anteriormente, menos que menos decirlo en público o por una radio. ¡Qué barbaridad!
¿A quién se le ocurriría, por ejemplo, ocupar una radio para defenestrar a una concejal, hasta el punto que tenga que llamar su hija adolescente para taparle la boca al que hablaba diciéndole que lo que dice es mentira y que hablaba sin pruebas, y que estaban haciendo mal a toda la familia?, ¿o inventar información para crear confusión o alentar a la protesta, u ocupar un programa entero para poner en duda la integridad de un funcionario público? No, no, a nadie, ¡cómo puede ser! Acá se respeta la información, y no se dice nada, de nada, sin pruebas, es más nunca escuché por ninguna radio a algún director de alguna cámara, por ejemplo, llamar para desmentir alguna información errónea sobre su gestión y un evento, porque primero se corroboran los datos fehacientemente para después decirlo. ¡Eso es ser un comunicador social!, ¡eso es chequear fuentes para no inventar confundiendo a la comunidad, por complejo de inferioridad, o por no estar invitados!
¡Esos son los ejemplos a seguir por todos y por los chicos que hoy nos escuchan, y a quienes algunos después critican!
¿A quién siquiera se le pasa por la cabeza decir algo para hacer dudar sobre alguien? ¡No, no! El que hace eso no tiene perdón de Dios. ¡Por favor! Yo nunca haría eso. Yo ni siquiera hablo de mi vecina, cuando tomo mate en el patio de casa, porque ella es una persona como yo, con imagen y con familia.
Por eso me encantan todas las radios locales que siguen con mucha profesionalidad su trabajo, y exigen que el que sale al aire a dar su opinión se identifique totalmente y diga donde vive, para que se haga cargo de lo que dice. ¡Eso es profesionalismo!, ¡eso es dar ejemplo de responsabilidad, y con hechos, no con palabras!
Además, me agrada y me complace mucho el ejemplo de nuestras autoridades que nunca acusan ni utilizan epítetos para referirse a sus pares de otros partidos, o para llamar al intendente o al gobernador de bruto, ladrón, corrupto, malviviente, estafador, y mucho menos llamar a una radio para decirlo. ¡No, señores! Eso no ocurre acá en Iguazú.
Yo soy un orgulloso vecino de esta ciudad, en donde reina el ejemplo de la verdad y la sinceridad, en cualquiera de los ámbitos, porque entendemos a cabalidad, por nuestra óptima preparación académica que, al fin y al cabo, somos todos seres humanos cualquiera sea nuestra profesión y donde quiera que estemos.

domingo, 4 de octubre de 2009

Bronca trágica en la Triple Frontera

La columna de humo se veía de lejos. Negra, intensa, espeluznante. Se veía inclusive desde la zona hotelera del kilómetro 5, desde donde vecinos y turistas dirigían la vista sin poder descifrar en dónde exactamente ocurría el incendio, que a esa distancia parecía ya sin precedentes en Iguazú.
Fue la primera vez que el cuerpo entero de Bomberos trabajó sin descanso por más de ocho horas con todos los voluntarios de Emergentología, para apaciguar las feroces lenguas de fuego que abrazaban todo el edificio. No había forma de ingresar al lugar para salvar a las víctimas, que para cuando llegaron los voluntarios, sumaban a cerca de cien en boca de los curiosos que siempre se adelantan a los cuerpos de ayuda.
En el lugar, detrás de la muralla hirviente, se escuchaban gritos desgarradores que desesperaban a los que intentaban hasta el heroísmo llegar hasta las voces para salvar al menos una de ellas. Uno de los bomberos falleció en el intento, cuando manejando una de las mangueras muy cerca del perímetro del fuego, escuchó el pedido de auxilio de una de las empleadas del hotel, y su corazón saltó hacia ella atravesando la columna caliente. Solamente cuando logró verla sofocada, perdida en el grueso humo, notó que el rostro se le incendiaba con un calor insoportable al igual que su espalda, por haber reaccionado con demasiado corazón y sin nada de uniforme de combate. Durante las pericias hechas después, se lo encontró calcinado cubriendo a la empleada, que murió sin aire pero sin ninguna quemadura.
Para ese entonces ya habían llegado las ambulancias y unidades de apoyo de Puerto Libertad, Puerto Esperanza, Wanda, Andresito, y efectivos de todas las fuerzas con asiento en Iguazú, que actuaban por instinto ayudando en donde sea y como sea, y hasta donde las reservas de agua alcanzaran. Así fue como, al descubrir que ni el agua de las perforaciones de hoteles aledaños ni la traída por vecinos lograba reducir al mínimo la fuerza de las llamas, se dedujo que el siniestro había sido provocado, y que el sistema antiincendio del hotel no funcionó por alguna razón.
Entonces, como una idea desesperada, y a la orden del jefe de bomberos de Iguazú, se logró colocar en la zona más cercana del río Iguazú un generador con una bomba que proveyera del agua necesaria para al menos mitigar el fuego hasta que consumiera todo lo consumible.
El apremio era tal que bomberos y voluntarios trabajaban temblando, y más al conocerse que se había declarado estado de emergencia municipal y provincial por la cantidad de víctimas que se encontraban encerradas en el edificio de más de seis pisos. Increíblemente, las críticas que empezaban a recrudecer en contra de todo organismo oficial por no prever este tipo de situaciones, empezaron a menguar y brotó de la nada la solidaridad, inclusive de paraguayos y brasileños, que cruzaban en lanchas y canoas desde sus orillas, sin que Prefectura y Migraciones hicieran caso de la cantidad de extranjeros que ingresaban, mientras que los aduaneros que quisieron revisar a los voluntarios extranjeros recibieron tal reprimenda de los iguazuenses, que por primera vez demostraron vergüenza y abandonaron sus puestos sin decir nada.
Se escuchó decir a los jefes de los cinco cuerpos de bomberos que el perímetro de fuego intenso era de 240 metros aproximadamente y que en un área mayor que esta se podría ingresar para contrarrestar el fuego desde allí con algunos pocos bomberos bien uniformados.
Así fue como un grupo elite se preparó con máscaras y todo el equipo de combate, y entró al pulmón a metros del foco principal. Su principal objetivo era acercar los enormes matafuegos y luchar en los lugares de más intensidad, a la vez que sus compañeros luchaban desde afuera para controlar que el fuego no se propagara a otros lugares. Algunos de ellos contaron después que la primera visión del lugar era abrumadora, sólo se veía la silueta del edificio entre un humo gris oscuro, hediondo, y los gritos de algunos que saltaban al vacío desde los pisos superiores hizo tambalear la concentración con un frío repentino en la zona de la espina dorsal.
Estando en ese momento fue que el oficial Rodríguez, contó después que todo pasó, en la reunión con los agentes de las fuerzas a cargo de la investigación, que vio la figura de un hombre en uno de los balcones del frente del edificio, que no aparentaba ningún tipo de desesperación sino que apoyado con ambos brazos en la baranda, miraba fijamente hacia donde estaban los autobombas y el grupo elite, como si no sintiese nada del calor a su alrededor ni fuese conciente de lo que ocurría.
Rodríguez revolvió varias veces esta visión, que no le dejó dormir por mucho tiempo, y se lo había contado a su amigo y compañero Morel hasta el cansancio, y ninguno de los dos lograba interpretar si fue real o fruto de su imaginación y adrenalina.
El resultado del siniestro fue horripilante. Después de dieciséis horas continuas de arduo trabajo, con mangueras de todo tipo, más de mil voluntarios, preparados y no, que acarreaban de a uno los baldes de agua hasta la zanja que cavaban los demás en la zona descampada, ayudaban a mantener fijas las más de cincuenta mangueras, traían agua para tomar a los que asistían a las víctimas que lograban escapar de las interminables lenguas del furioso dragón, ponían a disposición sus autos, motos, y cuanto móvil había para trasladar a los de gravedad, y el incondicional apoyo de los extranjeros con comestibles y mano de obra voluntaria, el informe oficial dio a conocer ciento setenta y dos víctimas fatales, una de ellas el bombero que saltó para salvar a la empleada, y más de cincuenta heridos de gravedad. Todos, excepto el oficial, eran empleados del hotel. El edificio debía ser derrumbado. Quedó inutilizable.
Dos semanas después, la causa del incendio aún se investigaba. Con el dato de las pericias hasta el momento se deducía que fue provocado y aun planificado, para que el fuego se iniciara desde afuera hacia dentro para que nadie escape. No había ninguna clave cierta hasta esa reunión en donde Rodríguez contó nuevamente su visión, y fue escuchado por uno de los sobrevivientes, que a su vez se animó a decir que cuando corría por uno de los pasillos, también vio al hombre de espaldas por la puerta abierta de la habitación ciento dos, que por el humo no pudo distinguirlo pero sospechaba que fuera Ramos de mantenimiento, y que al gritarle que escapara con él, el hombre ni se inmutó.
El número de habitación llamó la atención a uno de los compañeros de Rodríguez, que recordó haber sacado de ella, además del hombre calcinado, un cofre cilíndrico de acero inoxidable, que por estar herméticamente cerrado lo guardó en el depósito del cuartel para abrirlo otro día.
Unas horas después de la reunión, el cofre reveló la identidad de Eber Ramos, de 32 años de edad, técnico electromecánico, encargado del área de electricidad del sector de mantenimiento, ingresado al hotel cinco años atrás. Además, todos los planos de los circuitos eléctricos del hotel, copias de los planos de construcción, del plan de contingencia, del sistema de aspersión antiincendio, y más de veinticinco notas enviadas y con acuse de recibo al supervisor, al jefe de área, al gerente de recursos humanos, al gerente comercial, y al gerente general –todos ellos víctimas –solicitando la regularización y blanqueo del cien por ciento de su sueldo, y un pormenorizado relato de los trabajos hechos y resueltos por él sin ser responsable directo de los inconvenientes de mantenimiento del hotel.

lunes, 28 de septiembre de 2009

El argentino y sus derechos

Por mucho tiempo la humanidad buscó mediar entre los derechos de uno y de otro. Buscó la manera de que todo sea igual para todos, o similar para todos. Pero en esa búsqueda, casi siempre fracasa, para no decir que fracasa siempre, porque siempre falta cinco para el peso.
Para los que creen en la evolución, aquello que los medio-humanos-medio-monos hacían para conquistar un territorio o a una mujer –tirando piedras, pegando con el garrote, y agarrándose a las piñas –era una costumbre que el hombre (masculino o macho) adquiría al nacer, porque tenía un pilín. Y la mujer también tenía derechos adquiridos, pero sólo que los adquiría un poquito después de nacer: tenía derecho a permanecer callada, derecho a tener un hombre, y derechos los dos ojos después de la derecha que le metía el que le conquistó y le dio automáticamente el derecho a andar derechito antes de hacerle adquirir otra derecha.
Algunos piensan que los derechos nacieron recién en la época moderna. ¡No, señores! ¡No sean ignaros! Hay que saber para hablar. Los derechos nacieron con el mundo. Adán era derecho y Eva andaba derecho cuando veía algún mono medio hombre que le mostraba el garrote bien derechito.
Por ignorar este génesis es que creo que los argentinos fracasamos a la hora de tratar nuestros derechos, hoy más conocidos como derechos humanos –algo que considero el primer error del tratamiento, porque siempre los zurdos terminamos siendo discriminados. Ojo, hablo de los que utilizamos con más destreza la mano izquierda, no de los famosos zurdos políticos argentinos que demostraron que de la inteligencia de los zurdos no tienen nada. Y volviendo al tema, me pregunto: ¿por qué los privilegios y los atributos se llaman derechos humanos?, ¿por qué no se llaman zurdos humanos? ¿O en todo caso ambidiestros humanos? ¡Esto es lo que primeramente deberíamos cambiar! Creo que la mejor opción es la última, para que sea igual para todos, como descubrieron los norteamericanos.
¡Estos sí que se metieron en un lío! Y en un lío bien plofundo y caulaloso, como en el Lío que se tiene que comer Maradona en la selección, o algo así. Lo digo porque los gringos, como no tenían con quién pelearse en otra parte del mundo como hoy, se pelearon entre ellos por culpa de los derechos humanos de los negros, que en aquél momento le estaban haciendo perder guita a los industriales de los estados del norte, por brindar su excelente mano de obra por unos pocos centavitos a los hacendados de los campos del sur, que gastaban a los del norte diciéndoles: “yo con un caballo, un negro, y una guacha, gano el quíntuple de lo que vos ganás con mil inmigrantes de Europa y tus maquinitas”.
Así que se imaginan las venas de los del norte cuando fueron a hablarle a Mister Abraham Lincoln, que sería algo así como la Cris, pero en una edición un poco más sofisticada y modesta a la vez, lo digo por la similitud del lío aquél con el que tiene que lidiar hoy la presi, entre los negros y el campo, digo, y no tanto por ser parecida al estupendo estadista yankee, que con unos cuantos muertos de las dos partes creyó resolver el problema, que un poco (bastante) después un negrito llamado Martin Luther King hizo ver que no estaba nada resuelto.
Claro, los del norte que tanto pelearon a favor de la abolición de la esclavitud y los derechos de los negros se la vieron negra cuando le cayeron desde el sur los más de un millón de negros a golpearles la puerta para pedirle laburo, comida, casa –con patio, obvio –y la mano de una de las gringuitas, que tampoco sabían qué hacer con tanto famoso negro para elegir.
Entonces, los del norte entendieron que el tema este de los derechos humanos no es tan así no más, y que nos es que hay que dejar libres a los negros que hagan lo que quieran y listo, sino que después hay que proveerles de todo y para todos.
Así fue como en los Estados Unidos, en ese momento sí unidos en serio después de haberse cagado a tiros un buen rato, nacieron los baños para blancos y para negros, restaurantes para blancos y para negros, escuelas para blancos y para negros, barrios para blancos y para negros, vagones en los trenes para blancos y otros para negros, filas para comprar pasajes para blancos y para negros. Y claro, qué se creen ustedes, eran vanguardistas los yankees allá por los 1870-80-90, descubrieron la fórmula de darles el mismo derecho a todos los sin color y a los con color.
Pero, acá llegó otro problema: ese tal Luther King empezó a avivar a los negros. Y antes que lo bajen de un tiro, llegó a decir ese discursito cursi de “yo tuve un sueño de un país en donde todos comen en el mismo lugar, y van al baño juntos sin importar el color” y esos delirios de negro, y les avivó tanto, como lo hizo una tal Eva Duarte acá, que todos se dieron cuenta que los baños para blancos tenían acolchonadito el asiento del inodoro, un lindo perfumito, un espejo grande, azulejos de color con pececitos, jacuzzi, teléfono, cable tv con un plasma, y Wi Fi; mientras que el ñoba de la negrada era un 2x2 cerrado con madera de refugo, techo de ruberoy y un agujero en el piso.
Entonces todos los que escucharon a Luther dijeron: “che, este es negro pero no es boludo eeh, y tiene razón, nos dan el mismo derecho de ir de cuerpo sin que nos vean, pero tampoco la pavada”, y ahí empezaron a ir a los restaurantes que se les ocurría, a los cines que se les cantaba la regalada gana, e iban a los teatros que se les antojaba con su fasito, la birra en una botella de plástico cortada a la mitad, y con Akon y Puff Daddy a todo volumen en el caballo.
Y, se armó la hecatombe, imagínense, los carapálida pedían a los gritos a la policía que saque a esa gentuza de esos lugares, porque era imposible entender la letra de Les Miserables con el Mp7 de los negros a todo lo que da y la luz de láser de los llaveritos dirigida a las partes privadas de los actores.
Así que, como ni la policía podía andar pegando a los negros todo el día, que por la avivada mayor de Luther no reaccionaban ante ningún ataque, ni se podían ocultar los privilegios de los carapálida, entre todos decidieron mejorarle un poco la situación de los de colorcito más oscuro: hicieron los baños un poco más grandes para que los usen los que quisieran, y dejaron los azulejos y el espejo, pero en vez de Wi Fi pusieron banda ancha, y sin cable; los barrios se hicieron de ladrillos y cemento, pero los blanquitos prefirieron quedarse en sus casas, así que los negritos se fueron a vivir todos juntos; los restaurantes también cambiaron, dejaron entrar a todos, pero no servían chegusan de milanga y la birra de litro subió de 0,75 centavos a 20 pesitos en una semana, pero lo bueno es que esto provocó la creación de los carritos tan acogedores que después se transformaron en los MacDonald´s y los Buger Kings, que son a la vez la alternativa para los negros que quieren comer un sánguche con aire acondicionado. (Les aseguro que cualquier similitud con la actualidad nacional es pura casualidad)
Así pasaron muchos años de buena paz, hasta que algunos negros antes que otros, tuvieron acceso a Wi Fi y Direct TV, no se perdían un programa de Showmatch y empezaron a entrar a las páginas virtuales del gobierno, que cuando escuchó que le pedían los mismos derechos que los demás, por la experiencia anterior, no se los dieron así no más, sino que les piden algo a cambio, como por ejemplo: te doy fútbol de primera en cuatro canales, una casita de material, y vos, en vez de vender churritos vegetales o ladrillitos blancos, tenés que pegar afiches y repartir folletos cada cinco años, colgar pasacalles cada dos y escuchar a cada rato el mismo discurso de Luther, pero un poquito cambiado.
Y bueno, de a poquito vamos teniendo los mismos derechos. Algo es algo. ¿O quieren algo más? ¡Qué increíble! Siempre les falta cinco para el peso.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Un consejo para mi hija

Estuve pensando, mi corazón, en adelantarme a las circunstancias y decirte hoy todo lo que te diría cuando seas un poco más grande. No importa que a tus tempranos añitos, no comprendas mucho las reflexiones que te digo, porque con el paso del tiempo vas a notar que en realidad no importa que entiendas lo que te dicen, sino que hagas creer que entendés.
En realidad, prácticamente todas las situaciones que te van a tocar vivir son así: tenés que disimular que sabés, que entendés, que conocés, aunque muy dentro tuyo sepas que no es así. Por eso, escuchá lo que te dice papi, que fue a la escuela antes que vos y perdió el tiempo estudiando y sacándose buenas notas, que lo pusieron en el cuadro de honor de nerds y boludos. Entonces, mi reinita, si no querés terminar como papá, y te vaya mucho mejor en esta vida, lo primero que tenés que aprender es a aparentar.
Nunca digas que no sabés o que no conocés, o que todavía no aprendiste, eso te va a ser parecer humilde y vulnerable, y vos siempre tenés que parecer fuerte, sabia, e invulnerable.
Así que no te preocupes por aprender en la escuela, porque te puedo asegurar que vas a lograr pasar de grado igual que los demás si te hacés amiga de las chicas o chicos que estudian. Te sugiero que les compres algo en el recreo –papi se va a asegurar que siempre tengas plata –y así cuando haya algún examen podés hacerles acordar qué buena amiga fuiste con ellos cuando no tenían para desayunar y te van a dar las respuestas correctas. Por la nota no te calientes, lo importante es pasar al próximo grado hasta terminar la secundaria. Y si querés estar en el cuadro de honor, con los estudiantes que tienen mejor promedio, me avisás y yo hablo con la directora. Papi siempre va a estar con vos en lo posible, hasta que hagas tu camino de amistades.
Esto significa que durante la mayor parte de tu vida en este mundo, tenés que dedicarte a hacer amigos. Pero para esto también tenés que seguir algunos consejos, porque es muy importante que te hagas de buenos amigos. Es decir, desde que estás en primaria tenés que observar muy bien con quiénes te vas a juntar.
Para eso tenés te mirar con detenimiento qué zapatitos tienen tus compañeras y compañeros, qué tipo de mochila, y útiles, y siempre, siempre, preguntar en dónde trabajan sus papis. Obviamente no tenés que hacerte amiga de los compañeritos que vienen en auto con sus papás, tenés que mirar muy bien qué tipo de auto es, no te metas con cualquiera. Acordáte que es una vergüenza insuperable que te traigan a casa en cualquier auto, porque papi siempre te va a llevar y traer en un auto lindo.
Tampoco aceptes y vayas a todos los cumpleañitos que te inviten. Eso no se hace. Sólo tenés que ir a aquellos que en la tarjetita de invitación diga que habrá payasos, tortas, bocaditos, y juegos de todo tipo. No te olvides lo que te dije al principio: la imagen es lo más importante. Por eso antes de bajarte del auto para entrar a la escuela, no te olvides revisar tu peinado, tu maquillaje, y tus zapatos, eso te va a servir para cuando hagas los exámenes y para cuando tengas que cumplir con tus obligaciones de trabajo, al crecer. Cualquier otra cosa que te olvides, como tus cuadernos o alguna tarea, papá te la acerca después.
Todo esto que te digo, mi amor, te va a servir para que consigas tu primer trabajo, y sepas comportarte con propiedad en él, porque una vez que termines la secundaria, vas a haber cosechado una gran cantidad de amigos, o novios, que te van a facilitar un puesto en cualquier lugar, en los trabajos de los papis. Yo siempre quiero lo mejor para vos. Así que en la universidad ni pienses, no hace falta, para eso están los amigos. Lo único que tenés que hacer es esperar la oportunidad, que siempre te da nuestro gobierno, para solicitar un trabajo tranquilo en alguna de sus tantas oficinas, con mucho mejor sueldo que te puede dar los títulos universitarios que tiene tu tonto padre.
Ahora, si no te gustó ninguno de los chicos, porque suele pasar que los más convenientes no son muy atractivos que digamos, siempre tenés la alternativa de las buenas amigas, aunque yo te sugiero que sea un novio, uno de esos amiguitos que conociste en la escuela, ¿te acordás? Ellos te van a querer mucho y no van a dejar que te falte nada.
Si tenés un novio así, como te dijo papi, hasta podés llegar a tener un mejor trabajo, un auto, una linda familia, una casa, y hasta puede ser que ni tengas que trabajar, para cuidarte yendo al gimnasio y a algún spa. Pero siempre tenés que tener un plan B, por si ningún amiguito tiene todas las características que te interesan.
Para esto siempre tenés que ver con qué amigas te juntás. Si estás en el trabajo no pierdas tiempo en hablar de los sentimientos con todas tus compañeras, hablá con las supervisoras y los jefes, y nunca, nunca les contradigas en nada. Acordáte que ellos siempre tienen la razón, y siempre organizan fiestas con los amigos buena onda. Así vas a llegar a visitar muchos lugares, viajar, y conocer muchos otros amiguitos de otros países.
Con ellos vas a conocer también gente muy inteligente que administra el país, y firman papeles para ayudar a la gente, y así podés conseguir un trabajo y hasta te pueden dar una casa, porque vos siempre fuiste buena con ellos. Y si no, seguro te van a decir dónde podés comprar una de las que ellos hacen para la gente humilde como nosotros, o te van a indicar en qué lugar podés elegir un terreno para tu nidito de amor.
Y cuando ya estés instalada en tu nidito, por pagar eso que dicen impuestos, rentas, o registros, patentes, y esas cosas difíciles de entender, no te preocupes, porque los mismos amigos del gobierno te van a ayudar a pagar en cuotas y te van a premiar por eso, porque ellos son los que más entienden sobre inversión mínima y ganancias máximas.
Así que, cuando pienses en el progreso para esta vida, ni siquiera consideres estudios de post grado o capacitación académica, eso es para los que tienen ganas de perder el tiempo hablando y diciendo pavadas. Mejor hacéte de miles de amigos, más conocidos como contactos, y disfrutá de la estética de esta vida cortando de las filas, llamando al jefe y no a la secretaria, colándote por el costado, zafando de los controles, en definitiva... viviendo como buena argentina.
Te amo, papi.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Lo que menos se ve, más se limpia


Cada vez entiendo menos al ser humano. Y eso que me considero uno de ellos. Es que cada vez que intento descifrar algo de nuestra naturaleza, me confundo más, porque definitivamente hacemos, o actuamos, en sentido totalmente contrario a lo que dicta el sentido común, el menos común de todos; y por otro lado, aun con ejemplos muy a la mano, no nos damos cuenta que podemos aprender mucho.
Tanto es así que no nos percatamos que por alguna razón muy aleccionadora, en nuestro propio cuerpo, limpiamos y cuidamos aquello que menos se ve. O acaso no nos tomamos el tiempo para sentarnos, poner los pies en agua tibia, dejar que la mugre se ablande, limpiarlos con un jaboncito aromatizado, limarles las pezuñas, dejarlos reposar, y colocarles una cremita, y talquito, y una vez listos, limpios, con las uñitas pintadas, esconderlos con medias y zapatos. Esto en la mayoría de los casos, claro, porque hay que recordar a aquellos que prefieren no darles tanta atención a las patas, y terminan sufriendo porque no pueden sacarse los zapatos en cualquier parte.
Lo mismo sucede con otros sectores del cuerpo, que despiden el mismo aroma que delata un buen cuidado o no. O acaso no les ha sucedido que después de deslumbrarse con el perfecto rostro de una bella dama, y su espectacular cuerpo, no pudieron dirigirle la palabra porque sus axilas no se lo permitieron. Las axilas de ella, aclaremos, porque nosotros los hombres evidentemente tenemos muchos más y peores olores que tampoco dejan que ellas nos dirijan la palabra. ¿Cuáles? No se hagan los desentendidos. Los mismos que salen de lugares del cuerpo que no se ven y no limpiamos. O acaso no arrugaron la nariz justo cuando les tocó abrir la boca. Les puedo asegurar que no fue porque no estaban de acuerdo con lo que ustedes decían justamente.
Así se prueba que lo que menos se ve, más se limpia, o más se tiene que limpiar, porque es lo que más daño puede hacer en el momento justo. Imagínense el efecto pueden tener unos dientes bien cuidaditos, limpios, y fragantes, o unos sin ningún tipo de cuidado, cuando bajo las luces tenues de los faroles en una playa el Cartagena de Indias, el caballero decide besar a su princesa. Por eso quizás tenemos vergüenza de mostrar, o tapamos, ciertas partes de nuestro ser, porque sabemos que de alguna u otra forma pueden darnos a conocer tal cual somos, sin necesidad de agregar alguna descripción. Tal es el caso de nuestra alma, la parte del ser que menos se ve y más deberíamos limpiar. Pero no queremos mostrarla porque generalmente no suele gozar de mucha higiene. O por qué creen ustedes que cuando en el ambiente se percibe algún resabio de falsedad, envidia, codicia, u odio, se dice “algo huele mal”. Justamente porque algún almita no se ha tomado el tiempo de sentarse, ponerse en agua tibia, dejar que la mugre se ablande, limpiarse con un jaboncito aromatizante, limarse las asperezas, pintarla con francesitas, y esconderla detrás de una hermosa sonrisa sincera, mientras se disfruta de la tranquilidad de sacarse los zapatos donde sea.