sábado, 25 de septiembre de 2010

Una burbuja


Creo que existe una diferencia entre la ignorancia de los ojitos de los niños que disfrutaban de la inauguración de su espectacular escuela en el barrio 1 de Mayo, y la de los ojos de los adultos que estaban allí también. Y probablemente sea así porque la vida va transformando la mirada a medida que pasan los años, en los que vemos demasiado o muy poco. Pero hay una elección.

En el caso de los niños: ellos sólo disfrutaban del momento, que les proporcionaba la oportunidad de tener una escuela nueva, soñada, impresionante, más linda que la tuya, la más linda de todo el mundo. Ellos no reconocían a todos los señores de traje que hablaban por los micrófonos, sólo a la seño Luly que estaba con el guardapolvo, y estaba contenta y linda, como las otras seños que escuchaban bajo el sol con ellos, y al señor Do Amaral, papá de unos compañeritos.

Tampoco entendieron mucho de lo que se escuchaba por los parlantotes que daban miedo cuando hablaban fuerte o tocaban las bandas de los soldados. Pero ¡qué capo el almohadoncito azul y el agua fresca en botellita!, que se acordaron de proveer, como los excelentes organizadores que son los ángeles rojos, que ese día estaban de blanco, como ellos, con sus nuevos guardapolvos de insignia nueva.

Ellos sólo disfrutaban de las ocasiones para observar algo gracioso, y hablar y reír con los compañeros. Se sentaban cuando les decían que se sienten, y cuando les avisaron de nuevo, se pararon en silencio para prometer cuidar la escuela, como les hicieron practicar antes que venga el gobernador. Ellos sólo estaban contentos con la escuela nueva -que ahora tiene computadoras y todo- la música, los papis, el agua fresca, las empanadas, las gaseosas, y la increíble sensación de estudiar en un lugar grande, limpio, lindo, con flores, juegos, y hasta mástiles de hierro, que reemplazaron a la vieja tacuara.

Y esta ignorancia infantil es comprensible, natural, y hasta hermosa. Sólo porque el niño disfruta, vive, y sueña lo que el mundo de los grandes le permite.

¡Pero cuán diferente es la ignorancia que nos pertenece a los que ya no somos niños!

La mirada cambia en los ojos desconfiados, que se esconden detrás de excusas del sistema que los propios ojos adultos crean, para decir que saben sin saber, escuchar sin entender, y asistir para estar no para celebrar. Estos ojos conocen a algunos hombres de traje, y entienden lo que ellos dicen por los micrófonos, pero ignoran lo que escuchan. Estos ojos adultos eligen estar allí para ser vistos por los ojos del escenario que sin decirlo exigen verlos.

Estos ojos brillan cuando escuchan sus nombres y aplauden cuando los ven. Estos ojos hablan sin decir, porque ignoran lo que dicen. Estos ojos observan quien acompaña a quien, quien sonríe a los flashes junto a quien, quien viste como quien, y quien los mira mientras ellos miran. Estos ojos no gustan otro tipo de inauguraciones en donde no los vean, y no les importa aparecer para mirar aun cuando en otros eventos jamás se los vea. Estos ojos miran buscando que los miren sin observar que los niños los observan. Estos ojos miran con una ignorancia diferente porque eligen no saber. Estos ojos sólo miran hasta las paredes de la burbuja donde viven.

martes, 31 de agosto de 2010

Un avioncito de cartón


Recuerdo que desde muy pequeño gustaba imaginar todo tipo de situaciones, y con ello tenía fortalezas y debilidades. Me encantaba tirarme en la cama y armar figuras con las manchas o nudos de los machihembres del cielorraso, y una vez armadas las imágenes creaba cuentos a partir de ellos. También me fascinaba, sentado en la ventana, observar la gente que pasaba, repetía sus nombres, e imaginaba que era invisible y que los acompañaba adonde ellos iban. Desde la ventana también me atraía mucho observar la lluvia y las marcas que dejaba en el patio de casa, mitad barro colorado, mitad pasto. Yo era pequeñísimo, y corría flotando en las corrientes de los surcos, y ayudaba a las hormiguitas para que no se ahoguen, acercándoles palitos, ramitas, algo de plástico, o simplemente mi espalda.
Tanto sentía este papel de salvavidas, que mientras fantaseaba sentado en la ventana, me secaba el agua del rostro después de haber zambullido para ayudar a los animalitos y volteaba hacia todos lados simulando respirar agitado para encontrar otra posible víctima y nadar apresurado para salvarla. Esto lo hacía siempre estando solo, y casi siempre en horario de la siesta, que en Piray, y en todo Misiones, tiene el aire de misterio silencioso, lleno de ángeles.
Sin embargo, cuando estaba acompañado solía reprimir estos delirios, porque al contarlos una vez logré sólo obtener el apodo de “loquito” cuando era niño, y “pavo” cuando era un gurí adolescente. Y había veces que los apodos tenían su fundamento firme en mi distracción ante las instrucciones en la escuela o en alguna orden impartida por parte de mis padres, que ante mis gritos por las noches se levantaban desesperados para salvarme del “celeste”, una especie de monstruo, mezcla de sombra y cielo que veía por la ventana.
Pero además de esas debilidades, gozaba de la fortaleza de poder narrar y redactar cualquier tipo de cuento o historia en mi favorita clase de lengua o literatura, y por recorrer los mismos libros mil veces la memoria me ayudaba, recordando añosos datos sin haberlos anotado, y los decía por más que para los otros seguía siendo un loquito mentiroso hasta que se comprobaba lo contrario.
Con el paso del tiempo, dejé de ser un loquito mentiroso y pavo, y pasé a ser un delirante marihuanero y un volado total. Y esto hizo que las imágenes e historias de mi mundo fueran borrándose poco a poco, hasta hacerme preferir la realidad cruda, y con ella también fue borrándose mi sonrisa y aparecieron surcos dolorosos en mi frente, y tensos músculos fruncidos entre mis cejas. Por suerte sólo duraron unos años hasta que una clase de metodología de enseñanza en la licenciatura que hoy me ampara, la profesora nos iluminó con este tema justamente, demostrándonos que la inclemente realidad adulta aniquila la infinita y hermosa imaginación infantil, con reflexiones realistas que nada tienen que ver con su mundo.
Es así que hoy, lamentablemente, no contamos con muchos niños que prefieran los libros, porque ellos significan estar castigados lejos de la televisión, que debo contar también, en casa de mis padres nunca hubo. Gracias papá y mamá. No porque ella sea totalmente mala e inútil, sino porque no ayuda al precioso mundo de los niños. Por eso, cuando mi hija Fiorella (Fío o Apocorrorro, para mí) de tres años me dijo que va a venir a visitarme en su avioncito de cartón hasta la compu donde estoy, y que atrás con un cinturón chiquititito va a venir sentada mi otra hija Aymará (Carpinchito o Apocososo, para mí), y que yo tenía que salir a esperarle en una moto, para agarrar el avioncito que pasa, yo sólo sonreí y le pregunté de qué color es su avión y que va a tener pintado afuera para que yo lo reconozca.
Es que no quise cambiarle de tema y decirle que era una loquita mentirosa o pavota, porque me hubiese perdido la parte en que ella me explicaba que el avioncito de cartón va a tener pintada una bandera afuera y va a decir “te amo, papi”.

martes, 17 de agosto de 2010

Misionero come chipa

A esta altura prefiero las declaraciones y actitudes de consenso y unidad, pero cuando llega el día en el que recordamos a don José, éste me obliga a la reflexión defensiva, que entre mis sueños quiere llegar a los filamentos más profundos de mis hermanos.

Y me pregunto si dentro de los ojos que lleguen a estos trazos habrá alguien que comprenda, que don José fue y es misionero, aunque los límites de hoy pongan a Yapeyú dentro de nuestra vecina Corrientes. Los mismos rasgos, hoy ya amarillentos, de aquel funcionario público que registró su llegada a este mundo como cualquier otro lo eterniza como hijo de las Misiones. ¿Por qué habría de negársele su origen al Libertador? ¿Acaso lo haríamos así con el irlandés que peleó a nuestro lado en aquella época, por más que su apellido Brown, indique que nada tenía de criollo americano? ¿O caso contrario al belga Cortázar, que prefería ser argentino; o al oriental Quiroga que se hizo hijo de la tierra roja?

Hoy ya no importan sus orígenes, dirían los tibios al recordar la obra de cada uno, pero a la vez vociferan grandes elogios de ínfimos logros rioplatenses, que hacen pasar a través de la historia como si fuese que los días solo hubiesen existido en las pampas. Disculpen, pero Andresito me provoca a ser agresivo recordándome que mientras él siendo indígena misionero dominaba el español y el guaraní en el habla y en la escritura, allá debajo sólo se revolcaban entre su pobre castellano mezclado con frías anglosajonías afrancesadas, que hasta hoy se atreven a llamar cultura argentina.

Se habrán olvidado quizás que mientras ellos disputaban si la bandera debía ser celeste o roja, el monte misionero ya había impreso el primer libro en toda Latinoamérica, y llevaba un siglo con sistema sociopolítico basado en la producción y exportación de la yerba mate, que dentro del suelo argentino elige nacer en su proceso natural sólo en la tierra roja.

¿Qué pasó después?, preguntarán los ignotos carapálida de siempre, a quienes habrá que domarlos haciéndoles leer algunos rasgos de barro colorado, que le sacarán las dudas que la explotación guaú –sí, guaú, así digo yo –de los aborígenes en los 1600-1700 es hasta casi una caricia comparada con la explotación que hoy viven y sufren ellos por parte de otros carapálidas.

Y que por más esfuerzo que hicieron para ignorarnos hasta 1953, año en que nos dieron el titulito de provincia, en estos pocos años nos transformamos en una de las economías más importantes del país, en primer destino turístico nacional, principal productor y proveedor de yerba, tabaco, y madera, y todo esto conservando el 50% de la incomparable naturaleza que nos regaló el Todopoderoso.

Perdón por mi agresividad, pero don Ramón me incita desde su Posadeña Linda, su Mensú, Los Gurises, y su Canción al Iguazú, a que apriete mis dientes y se me conmuevan los tuétanos junto a la melodía de Mi Pueblo, Mi casa, La soledad, del indiscutible Chango. Y desde sus letras, sin nada que envidiar a nadie, me empujan al frente Zamboni, Capaccio, Toledo, Areco, el tocayo Amable, y acá no más Moreyra, Stéfani, y el desconocido Julio Ferreira, que sin licenciaturas, títulos honoríficos, premios por doquier, sin viajes al piratón del norte, ni a la Europa, organizó, cambió, dio nombre, trabajo, y dignidad a 40 cirujas basureros y sus familias que fueron escuchados y honrados por el mismo gobierno nacional y el Banco Interamericano de Desarrollo, para transformar el nauseabundo patio de atrás de la ciudad en una planta de transferencia de más de 8 millones de pesos, aportando al medio ambiente mucho más que los inútiles verborrágicos carapálidas. Sí, y lo hizo siendo morocho misionero, sin todos los dientes, hablando perfecto castellano, guaraní, y portugués, mientras comía chipa.

martes, 27 de julio de 2010

Facemen

“Hoy estoy con todo” –me dijo un compañero de trabajo, apretándome el brazo y saltando. Y a juzgar por la felicidad, que era muy evidente en el brillo de sus ojos y en su amplia sonrisa, parecía haber logrado un premio importante o haber conocido el amor de su vida. Todo era posible, y yo disfrutaba con su felicidad, sin importar la razón que la había provocado.
Pero confieso que aunque me hacia el desinteresado, como cura en la playa, me mataba la intriga, hasta tal punto que ya no sabía qué decirle para que me cuente por qué estaba tan feliz. Sin embargo, él parecía no tomar cuenta de mi deseo de saber y seguía agrandando su logro con cada salto, grito, y carcajada.
“Bueno –pensé –debe ser algo muy importante, que en algún momento se le escapará y voy a enterarme”.
Al final de unos cuantos minutos de festejo de parte de él y disimulo mío, saltó a la luz de su boca sonriente que ¡por fin consiguió el Facebook de la chica que le gusta!
Al escuchar eso, mi yo interno vetusto y avejentado, lo rechazó de plano como cuando veía a todo el mundo celebrando y hablando del msn y sus virtudes. Pero el otro yo interno, porque según me dicen los que saben que mi signo es Géminis, tengo varios yo, me decía que hoy tener el Facebook de alguien es muy, pero muy importante. Más cuando se trata de alguna persona que significa mucho para nosotros.
Entonces le pregunté qué había visto, qué le pareció, qué me podía contar, más porque –les confieso acá entre nosotros en este blog que no lee nadie –que yo no tengo idea de Facebook y su funcionamiento que por querer saber lo que me contaba el compañero.
Es de saber que el compañero se explayó con que vio fotos impresionantes, que ya comentó en su muro, que más o menos ya sabe en qué momento está conectada, y que puede decirle todo lo que siente cuando quiere, compartir fotos propias que ya estuvo subiendo, y que además leyendo su perfil supo qué le gusta, y cuáles son sus amigos más cercanos, y cuál es su circulo de amigas.
“Eso es muy importante”, reflexioné con uno de mis yo, no me acuerdo con cuál, porque la tecnología permite conocer todos esos datos de una persona, y de las que están ligadas a ella sin necesidad de ni siquiera hablar con tal persona.
¡Hablar!, ¡hablar!, claro ¡hablar! De pronto me acordé, y le pregunté a mi compañero quién es la chica que tanto le gusta y si había podido hablar con ella. Y me dijo que sí, que habló con ella la tarde anterior, por el Chat del FACE, y que lo trató re bien y que más o menos a esa hora se conecta siempre.
“¿Y me vas a decir quién es?”, insistí sin vergüenza.
“Claro, es María Celeste”, me dijo.
“¿María Celeste?”, pregunté anonadado. “¡¿María Celeste del Spa?!, ¿la que trabaja en el hotel con nosotros en el spa?”
“¡¡¡Sí!!!”, me dijo contento, sin notar quizás que siempre la tuvo a metros por varios años inclusive, y que hasta podía sentir su aroma si quisiera, y sin tener la dirección de su Facebook. Pero, mi compañero estaba feliz y no iba a arruinarle su contento diciéndole mi conclusión. Él había añorado tenerla en la computadora por mucho tiempo, y ahora la tenía cuando quería, y podía decirle lo que quisiera sin que se noten sus nervios de encare como se nos notaba a nosotros, los obsoletos, vetustos, y anticuados hombres, que no le llegan ni a los tobillos a los Facemen de hoy.

domingo, 13 de junio de 2010

Objetivo

Confieso que utilicé el término objetivo como título para ser un poco diplomático, porque en realidad quise expresar “lo que queremos” o “lo que perseguimos”.
Es un tema que me atrapa más por lo interesante del camino para llegar al objetivo que como objetivo. Quiero decir que es notable que como seres humanos –y a la vez argentinos, latinoamericanos –nos es difícil definir qué es lo que realmente queremos y buscamos. Y por tal razón sufrimos la consecuencia de chocarnos en la búsqueda del camino para llegar a la meta, aunque en realidad ni siquiera sabemos adónde vamos.
Quizás por ello elegimos contradecir por contradecir, nos oponemos por oponernos, y nos sentimos orgullosos de lo que hacemos, por más que no sepamos explicar cuál es el verdadero objetivo de lo que hacemos.
Bajo este concepto, es muy común escuchar decir “yo no le creo nada a ese, si yo le conozco, él e’ de Iguazú, ¿qué lo que se hace ahora?” sin ni siquiera haber escuchado lo que el iguazuense dijo o al menos haberse dado la oportunidad de pensar en el tema. Y por otro lado, también se pueden oír “reflexiones” con otro tipo de acentos: “sho creo que acá son todos ignorantes, y están equivocados”, y tras esto un sin fin de argumentos que en su vuelta terminan demostrando quién es el ignorante en realidad.
Pero, creo que el problema no es de uno o de otro, es que ninguno de los dos sabe qué es lo que quiere. Ni siquiera sabemos por qué lo contradecimos, pero por las dudas, y para demostrar “que hablamos lindo”, le decimos que están totalmente equivocados.
Esto provoca que en nuestro país las personas que “saben” son las que pueden recitar fechas, nombres y apellidos, y datos de una estadística de Bangkok, pero jamás pueden explicar por qué y para qué los saben, aunque el uso que le dan es para contradecir a alguno que pueda atentar contra su sabiduría rezando más fechas y nombres que ellos.
Esto, estoy convencido, es porque no sabemos qué es lo que queremos. Porque de lo contrario, sabiendo adónde vamos, podríamos al menos criticar al que yerra el camino.
Así es como en nuestra ciudad –Iguazú –tenemos cinco magníficos planes de reurbanización, ninguno de ellos se utilizó en su momento, y hoy se hacen mejoras por decisión del gobierno de la provincia; simplemente porque nunca supimos qué tipo de ciudad queremos: ni los locales ni los de la provincia. Ahora bien, todos sabemos de los planes, las fechas en que se presentaron, quienes los propusieron, y a cada uno de ellos los criticamos, porque “bueno, siempre hay que criticar al gobierno”.
A nivel nacional, somos iguales. Desde que empezamos a esbozar los primeros indicios de nación libre no sabíamos si queríamos ser libre totalmente o liberarnos solo de España, y para eso coqueteábamos con Inglaterra y con Francia, y decimos que lo hicimos porque en ese momento nos convenía. Sin embargo, entre conveniencia y conveniencia, nunca supimos qué era lo que queríamos y hasta hace poco seguíamos dependiendo de los tres. Pero claro, nunca dejamos de criticarlos por lo imperialistas que son y por la frialdad con que nos tratan.
Así, por no saber adónde vamos ni qué queremos, cada vez que podemos les copiamos su sistema de educación, sus finanzas, y hasta su forma de vestir, para luego afirmar que somos argentinos, pero aclarando con orgullo, tan pronto se nos dé la oportunidad, que somos descendientes de italianos, alemanes, suizos, belgas, y mozambiqueños.
Quizás por eso, por no saber qué tipo de ciudad queremos, por no saber qué país nos gusta y queremos, por no saber adónde vamos, no nos decidimos si gritar o llorar, por las dudas criticamos con un comentario anónimo al que escribió esta opinión. Al fin y al cabo, ese es nuestro objetivo.

martes, 11 de mayo de 2010

Mierda oficialista

Cuando pequeño, recuerdo que mi padre avisaba a mi tío Elbio que era el turno de éste comprar el diario Clarín, allá en Puerto Piray, en donde ellos habían llegado a un acuerdo para adquirir intercaladamente este diario de tirada nacional para informarse. Consecuentemente, era el medio de información de mi casa, y además con él hasta practicábamos lectura en voz alta, parados frente a mi viejo, que con mucha pericia y humor, nos hacía leer como si fuésemos locutores de radio. Era muy divertido escuchar a mi hermano Marcelo leer con voz impostada todas las noticias, imitando exactamente a los locutores de las radios más escuchadas, inclusive hasta superando a algunos de estos. Yo quería leer como mi hermano y me divertía, pero ignoraba qué estaba leyendo, quién lo había escrito, y con qué propósito. Hoy creo que mi padre y mi hermano también lo ignoraban, por más que después hablaban de lo leído como si fuesen expertos en la materia.
Ahora, hace unos meses, después de haber casi culminado la carrera de periodismo, haber aprendido cómo se genera y se produce la noticia, haber conocido a muchas personas con diferentes ideales, haber mirado el país desde afuera siendo extranjero en varios otros países, y haber aprendido a leer –no como los locutores ni como mi hermano –sino como ciudadano de un país al que me debo y estoy muy orgulloso de pertenecer, me topo de frente con que por muchos años mi padre, mi tío, mi hermano, yo y otros millones de argentinos fuimos utilizados, mentidos, y tratados como ignorantes conejillos de India, a través de artilugios mediáticos de un grupo monopólico tan bajo como los mismos corruptos que ellos critican.
¿Y qué quiero decir con esto? Quiero decir que, aunque muchos no lo crean, con este gobierno nacional, su gestión, proyectos de leyes, postura, y por sobre todo su comunicación, me he enterado quiénes eran los que escribían el diario con el que yo me divertía leyendo junto a mi padre, mi tío y mi hermano. Resulta que una de las principales dueñas de este diario, hoy convertido en un “grupo”, es Ernestina Herrera de Noble, a quien se le acusa haber adoptado a dos hijos de víctimas de la última dictadura militar, y quien se niega, y pide a sus hijos adoptivos que se nieguen a la prueba de ADN, exigido en la causa judicial a la que deben responder. Como si esto fuese poco, existen números publicados en la plena dictadura apoyando al gobierno de facto, sin la excusa de los aprietes del momento, sino como decisión propia del “grupo”.
Si todavía esto resulta mínimo, el jefe director ejecutivo de este diario, Héctor Magnetto, ha sido fotografiado hace pocos teniendo una audiencia, como si fuese un amigo, con el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Lorenzetti, con un objetivo muy fácilmente deducible: “che, que no salga esta nueva ley de Comunicación Audiovisual, porque nos mata el negocio”. ¿Y qué –dirán muchos –acaso no puede pensar diferente y estar en contra de la ley? Sí, por su puesto que puede pensar diferente y estar en contra de la ley, pero no debe hacer lobby para evitar que se aplique una ley aprobada históricamente por mayoría absoluta de ambas cámaras del Congreso de la Nación, y menos aún exigir a sus “periodistas independientes” de TN, Canal 13, Radio Mitre, TyC, Diario Olé, La Voz del Interior, y Los Andes, por nombrar algunos, a que piensen y difundan lo mismo para proteger los intereses económicos del “grupito”, y en contra del gobierno de turno que los enfrentó desde el conflicto con el campo, en el que el grupito decidió apoyar a los ruralistas “por pura convicción”, cuando después salió a la luz la intención de sabotear al gobierno con el voto no positivo de nuestro ambiguo vicepresidente Julio Cobos.
Sin embargo, debo confesar que aunque me dolió darme por enterado de que el diario con el que jugaba a ser locutor era de esta calaña, más me dolió que ciertos colegas, por quienes profesaba un profundo respeto y admiración, también estuviesen metidos en este embrollo de “manejo” de información que más me hace sentir como un maltratado intelectual que como un lector interesado en la investigación periodística.
También por la comunicación de este gobierno nacional, me enteré que la señora periodista Magdalena Ruíz Guiñazú, era nada más y nada menos que la encargada de prensa del ministro de Economía de la Nación en la época de la dictadura, José Martínez de Hoz, a quien elogiaba por sus grandes decisiones y medidas, que dejaron al país en la banca rota más grande de la historia que hasta hoy la estamos pagando, y por si fuese poco, hoy en su programa de Radio Mitre –propiedad del “grupito” –hace de las suyas en las entrevistas a altos funcionarios del gobierno, como cuando quiso minimizar la visita del primer ministro ruso, Dimitri Medvedev, quien llegó como visita oficial de su país a la Argentina después de 100 años, al entrevistar al ministro de relaciones exteriores, Jorge Taiana, y éste la desnudó dándole el parte oficial de lo dicho por el ruso, con quien se firmaron varios acuerdos bilaterales. O como cuando, de la misma manera, fue parte de la “movida del grupito” para desacreditar y minimizar la visita a nuestro país de la secretaria de estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, quien elogió la economía argentina, y su postura frente al FMI. O como cuando el “grupito” ocultó la importancia dada por Barak Obama a la presidente Cristina Fernández, diciendo que es una de las principales líderes del mundo, cuando ésta visitó su país, invitada por él.
Así también me dolieron mucho las actitudes del colega Luís Majul y Ernesto Tenembaum, a quienes admiraba y respetaba sinceramente, hasta que se unieron a este “grupito de recreo de escuela” para desacreditar al gobierno con sus “investigaciones” que más tienen de chismes de barrio que de datos concretos, y se largan con sus “habría”, “podría”, “sería”, y “se sabe”, generando más dudas sobre su manera de expresarse y sus intenciones, que sobre quienes denuncian. Por eso rechacé de plano la oferta de leer el libro “¿Qué les pasó?”, de Tenembaum, y “El dueño” de Majul, porque para escribir y expresarnos en “podría ser” y “dicen qué” está Doña Rosa y Don José.
Hoy, quizás por dolor, quizás por bronca, quizás por triste, miro y me informo con varios canales, varias radios, varios diarios, pero en especial miro la Televisión Pública Canal 7, su programa 6,7,8 que sinceramente me abrió un panorama nunca antes visto por mí, y me hizo conocer que el inocente y audaz diario que tenía en mis manos cuando jugaba al locutor en mi infancia era en realidad una yarará cusú. Además, apoyo la nueva ley de Comunicación Audiovisual porque asegura que todas las voces –sí, todas, inclusive la del “grupito” –se escuchen y se lean sin miedo que te dejen de hacer notas y a censurar en tus canales de televisión y en tus programas de radio, como hace el Grupo Clarín con la actriz Florencia Peña, sí, la de Botineras y de Casado con Hijos, porque ella se manifestó a favor de la nueva ley de Comunicación, y porque en sus ideas apoya a este gobierno.Con esto no quiero decir que todos los gobiernos son iguales. Hoy felicito la postura del gobierno nacional, critico algunas gestiones del gobierno de Misiones, pero lo felicito en general, y con el municipal soy crítico pero apoyo las buenas acciones. También celebro la madurez del Ministro de Economía, Amado Boudou, quien asiste a programas del “grupito” y responde con total franqueza, lo mismo que el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y el Ministro del Interior, Florencio Randazo, de quienes creo el gobierno provincial y municipal debería aprender, y sin considerarme a favor de ellos, miro a la estructura de la oposición a nivel nacional, provincial, y municipal, prefiero ser una mierda oficialista.
Que disfruten este tema tan oficialista http://www.youtube.com/watch?v=Y2i4BiYHGak

miércoles, 5 de mayo de 2010

Un consejo para mi hija 2

Querida hijita mía, ¿te acordás que al principio no entendiste lo que papi te aconsejó aquella primera vez, pero después resultó una verdad contundente en tu vida? Bueno, hoy tengo otras cosas para decirte, que van a ayudarte mientras vayas creciendo.
En un principio te había dicho que busques ser amiga de los compañeritos que lleven ropas de marca, lindas cartucheras, mochilas, y celulares nuevos; hoy mantengo esa postura, porque veo que te fue bien, y vos pudiste ir progresando en tu inserción en la sociedad culta y honrada de nuestra ciudad, y habituándote a las sanas costumbres de juntarte con gente pudiente y no con gente que no tiene donde caerse muerta.
Pero todavía hay más para aconsejarte, mi amor, porque papi quiere que a vos te siga yendo bien en esta vida tuya que recién comienza.
Recuerdo que no hace mucho tiempo vos le preguntaste a papi por qué estaba tristón. ¿Te acordás? Bueno, yo esa noche no quise decirte cómo eran las cosas porque estábamos mirando Botineras, es decir, estábamos ocupados en algo mucho más importante. Pero ahora que están pasando el noticiero en todos los canales, quiero aprovechar para contarte qué es lo que me puso triste, y así aconsejarte para que vos nunca estés triste.
Resulta que papi vino mal del trabajo porque los señores que son jefes de papi no querían pagarle un poco más de plata por el trabajo que hace. Pero no es porque los señores son malos, sino porque papi cuando tenía tu edad era un bobo. Sí, un bobo boludo.
Te explico: cuando yo era chiquito, como vos, no tuve la suerte de tener un papá que me dijera las cosas como son, porque mi papá también era bobo, y quizás más boludo que yo. Él me decía cosas estúpidas como que yo tenía que estudiar para conseguir un título universitario y con ese título, que es un papelito no más, iba a conseguir buenos trabajos con buenos jefes que me iban a pagar bien. Pero, como te habrás dado cuenta, mi papá no sabe nada de la vida, nunca supo nada, porque yo hice lo que él me dijo, e inclusive hice más, porque no conseguí un título, ¡conseguí dos!, y no saqué buenas notas, como él me decía, ¡terminé en el cuadro de honor!, pero cuando me fui a buscar el buen trabajo que me dijo mi papá, encontré uno que no era bueno, y tampoco tenía buenos jefes.
Bueno, en realidad los jefes de papi son buenísimos, muy amables, y humanos. Humanos quiere decir que son cariñosos y que están pendientes que a papi no le falte nada, porque ellos saben que la plata que ellos le dan a papi, se utiliza para comprarte la leche, la ropita para la escuela, los pañales para tu hermanita y pagar la luz, el agua, y el cable, que bueno, vamos a ver si más adelante podemos pagar.
Pero, como papi fue bobo y ocupó su tiempo para estudiar y conseguir esos títulos de porquería, no se ocupó de hacer amigos importantes, tomar café con los que tienen plata, y sacarse fotos con gente que sí sabe de la vida, y cuando eran chiquitos no estudiaban sino copiaban; en vez de hacer bien las tareas las hacían a medias; en vez de prestar atención y respetar a los profesores, faltaban y se reían; y hoy que tienen trabajo, en vez de cuidar las cosas de la empresa como el bobo de tu padre, las malgastan, las rompen, y también se ríen, pero ganan mucho más que papá.
Así que vos no seas boba como papi. No estudies, no hace falta. No seas respetuosa, no vas a ganar nada. Porque eso que dicen las leyes “a mayor responsabilidad, mayor remuneración”, es mentira, eso es para que los bobos estudien. Acordáte, papi te lo dice por tu bien, porque no quiere que andes triste, llorando como una miserable para que te paguen las horas demás que trabajás, como si fuese un favor, y te aumenten 400 pesos.