viernes, 4 de febrero de 2011
jueves, 3 de febrero de 2011
Pueblito de mierda
Recuerdo que en la Escuela de Frontera Número 619 de Puerto Piray, en donde tuve el privilegio de estudiar la primaria, varios maestros, a quienes no voy a nombrar para no dirigir sobre ellos la atención y porque lo más probable sea que ellos tampoco quieran recibir la atención, enseñaron a mis compañeros y a mí qué era la democracia.
Algunos, siguiendo la currícula oficial, se limitaron a explicarnos qué significaba esa palabra rara, un poco larga, que no parecía castellano para la gurisada de Piray. Nos dijeron que la palabra es compuesta, de origen griego, y que "demo" significa pueblo y "cracia", poder, gobierno. Es decir, gobierno del pueblo, porque en el sistema democrático de gobierno, decide la mayoría. Y nos contaron que el sistema tuvo su origen en pequeños pueblos de la lejana Grecia, en donde todo se decidía, después de un largo debate, levantando la mano a favor o en contra, y así se legislaba, se elegían gobernantes, y hasta se decidía sobre condenas. (Aquí es donde a los que les gusta contradecir por contradecir lo que leen, entran a Google, a Wikipedia, o a su buscador favorito, y escriben "origen de la democracia", para después escribir su opinión)
Entonces, allá en Piray, no teníamos Internet –creo que hasta hoy no tienen –y teníamos que creer lo que nos enseñaban y lo que no creíamos, teníamos que corroborarlo con unas cosas con hojas que tenían letras y tapas duras, creo que se llaman libros. Y por suerte, la mayoría de los maestros nos acompañaban a una pequeña sala que tenía estantes llenos de estas cosas con hojas, y nos hacían leer, a veces en el horario de la siesta, porque antes la 619 era de jornada completa. Ahí aprendimos mucho sobre la democracia, más cuando algunos maestros y profesores, quienes sinceramente no sé por qué lo hacían, nos leían y nos contaban anécdotas sobre el inicio y creación de nuestro país, haciéndonos reír un montón. Y esta risa también la pude corroborar cerca de 20 años después leyendo otros libros, como los del muy buen historiador contemporáneo Felipe Pigna.
El asunto es que aquellos maestros y profesores de Piray, tuvieron la delicadeza de dedicarnos tiempo y paciencia para ponernos ejemplos comunes, ahí en nuestro salón de clases, en nuestro barrio, en nuestro pueblo, sobre cómo funcionaba la democracia. Recuerdo que hasta nos hacían votar por cualquier cosa: teníamos que escribir en un papelito lo que pensábamos acerca de un tema que ellos proponían, y luego de depositar el papel en una cajita, se leía lo que la mayoría pensaba. Nunca me olvidé de estos ejemplos, pero cuando escuchaba a mis padres hablar sobre el gobierno nacional, provincial, y municipal, no entendía por qué decían que generalmente en la democracia, en realidad, no decide la mayoría como debe ser.
Me confundía el hecho de pensar que si al poder ejecutivo lo votaba el pueblo, al poder legislativo lo votaba el pueblo, y el judicial era elegido por los otros poderes votados por el pueblo, cómo podría ocurrir que la mayoría esté desconforme. Entonces preguntaba y preguntaba. Mi madre se limitaba a decirme: "Nunca te metas en la política porque es para amargarte la vida", y mi padre, a quien siempre le gustó la política, me explicaba: "Cuando crezcas te vas a dar cuenta que no siempre la mayoría tiene razón, pero hay que respetarla, porque así lo dicta el sistema de gobierno democrático; ahora, cuando la mayoría está de acuerdo en cambiar una decisión impuesta por una minoría, lo tiene que hacer por todos los medios posibles".
A esa edad, con todo lo escuchado en la escuela y de mis padres, tenía un embrollo más grande que mi propia cabeza. Yo, en realidad mi corta mente con toda la confusión adquirida, necesitaba un ejemplo concreto. Algo palpable como aquellos papelitos que depositábamos en la cajita del salón de clase.
Tuvieron que pasar muchos años. Tuve que tener, gracias a Dios, la oportunidad de viajar y estar en varios países, hasta que ocurrió, justo en Puerto Piray, entre los años 2006 y 2007, el ejemplo más democrático que pudiera existir: la mayoría no estaba de acuerdo con el gobierno municipal elegido, que tenía como líder al intendente Melgarejo, y después de denunciarlo pública y penalmente, y no lograr su renuncia, la mayoría se trasladó hasta la municipalidad y lo sacó a patadas; sí, sí, así literalmente, como ustedes lo están leyendo.
Aquí es donde los que no creen pueden empezar a buscar en Google, en Wikipedia, o en los diarios para asegurarse si es verdad o no lo que leen. Y cuando lo corroboren, y tengan en sus mentes argumentos tales como: sí, pero vos tuviste la suerte de que te enseñaran; sí, pero acá es diferente porque no se enseña y los maestros son cualquier cosa; sí, pero los de la villa votan por un pancho y una gasesosa; sí, pero acá no se puede ni escribir con nombre y apellido lo que opinás porque toman represalias; sí, pero acá nadie se anima a levantarse; sí, pero en algún momento tenés que ir a la municipalidad a pagar tus impuestos, multas, o deudas; sí, pero todos están comprados; cuando estén pensando en esto, no se olviden que Puerto Piray es un pueblito de morondanga, en donde el intendente también tenía el apoyo del gobierno provincial, y hasta el vicegobernador de entonces, Pablo Tschirsh, quiso venir a intervenir a su favor; no tienen un hotel que pertenece a la familia del gobernador; no tienen la atención mundial que generan las Cataratas del Iguazú; las radios ni siquiera llegaban a tantos kilómetros para ser escuchados por otras localidades, no tienen diarios locales, no tienen ni siquiera periodistas para contar lo que sucedía, y para colmo la mayoría de los "periodistas" de ciudades vecinas como Eldorado y Montecarlo decidían apoyar al intendente corrupto y no a la mayoría; aun así la mayoría de los ciudadanos de Piray se levantó para imponer lo que creía y pensaba, y lo logró.
Pero lo mejor de todo esto, es que el intendente actual, renovador también, reconoce que hay mucho por hacer, y lo está haciendo junto a la mayoría que lo puso en su puesto. Sin embargo, considero que aun hay algo mejor dentro de todo lo que sucedió: mis hermanas, primos, sobrinos, conocidos, y amigos lo vieron, lo vivieron, y sintieron en su piel el ejemplo democrático que yo tanto anhelaba.
¿Quiero decir que Puerto Piray es el mejor pueblo del mundo? No, no quiero decir eso, ni siquiera todos mis compoblanos que lograron tan grande hazaña dicen eso. Piray es un pueblo chico, con muchas deficiencias, con muchos errores que va corrigiendo de a poco, con una democracia joven como todas las del país. Y hasta puedo aceptar que digan que es un pueblo de mierda, pero les aseguro que es un pueblo de verdad.
Algunos, siguiendo la currícula oficial, se limitaron a explicarnos qué significaba esa palabra rara, un poco larga, que no parecía castellano para la gurisada de Piray. Nos dijeron que la palabra es compuesta, de origen griego, y que "demo" significa pueblo y "cracia", poder, gobierno. Es decir, gobierno del pueblo, porque en el sistema democrático de gobierno, decide la mayoría. Y nos contaron que el sistema tuvo su origen en pequeños pueblos de la lejana Grecia, en donde todo se decidía, después de un largo debate, levantando la mano a favor o en contra, y así se legislaba, se elegían gobernantes, y hasta se decidía sobre condenas. (Aquí es donde a los que les gusta contradecir por contradecir lo que leen, entran a Google, a Wikipedia, o a su buscador favorito, y escriben "origen de la democracia", para después escribir su opinión)
Entonces, allá en Piray, no teníamos Internet –creo que hasta hoy no tienen –y teníamos que creer lo que nos enseñaban y lo que no creíamos, teníamos que corroborarlo con unas cosas con hojas que tenían letras y tapas duras, creo que se llaman libros. Y por suerte, la mayoría de los maestros nos acompañaban a una pequeña sala que tenía estantes llenos de estas cosas con hojas, y nos hacían leer, a veces en el horario de la siesta, porque antes la 619 era de jornada completa. Ahí aprendimos mucho sobre la democracia, más cuando algunos maestros y profesores, quienes sinceramente no sé por qué lo hacían, nos leían y nos contaban anécdotas sobre el inicio y creación de nuestro país, haciéndonos reír un montón. Y esta risa también la pude corroborar cerca de 20 años después leyendo otros libros, como los del muy buen historiador contemporáneo Felipe Pigna.
El asunto es que aquellos maestros y profesores de Piray, tuvieron la delicadeza de dedicarnos tiempo y paciencia para ponernos ejemplos comunes, ahí en nuestro salón de clases, en nuestro barrio, en nuestro pueblo, sobre cómo funcionaba la democracia. Recuerdo que hasta nos hacían votar por cualquier cosa: teníamos que escribir en un papelito lo que pensábamos acerca de un tema que ellos proponían, y luego de depositar el papel en una cajita, se leía lo que la mayoría pensaba. Nunca me olvidé de estos ejemplos, pero cuando escuchaba a mis padres hablar sobre el gobierno nacional, provincial, y municipal, no entendía por qué decían que generalmente en la democracia, en realidad, no decide la mayoría como debe ser.
Me confundía el hecho de pensar que si al poder ejecutivo lo votaba el pueblo, al poder legislativo lo votaba el pueblo, y el judicial era elegido por los otros poderes votados por el pueblo, cómo podría ocurrir que la mayoría esté desconforme. Entonces preguntaba y preguntaba. Mi madre se limitaba a decirme: "Nunca te metas en la política porque es para amargarte la vida", y mi padre, a quien siempre le gustó la política, me explicaba: "Cuando crezcas te vas a dar cuenta que no siempre la mayoría tiene razón, pero hay que respetarla, porque así lo dicta el sistema de gobierno democrático; ahora, cuando la mayoría está de acuerdo en cambiar una decisión impuesta por una minoría, lo tiene que hacer por todos los medios posibles".
A esa edad, con todo lo escuchado en la escuela y de mis padres, tenía un embrollo más grande que mi propia cabeza. Yo, en realidad mi corta mente con toda la confusión adquirida, necesitaba un ejemplo concreto. Algo palpable como aquellos papelitos que depositábamos en la cajita del salón de clase.
Tuvieron que pasar muchos años. Tuve que tener, gracias a Dios, la oportunidad de viajar y estar en varios países, hasta que ocurrió, justo en Puerto Piray, entre los años 2006 y 2007, el ejemplo más democrático que pudiera existir: la mayoría no estaba de acuerdo con el gobierno municipal elegido, que tenía como líder al intendente Melgarejo, y después de denunciarlo pública y penalmente, y no lograr su renuncia, la mayoría se trasladó hasta la municipalidad y lo sacó a patadas; sí, sí, así literalmente, como ustedes lo están leyendo.
Aquí es donde los que no creen pueden empezar a buscar en Google, en Wikipedia, o en los diarios para asegurarse si es verdad o no lo que leen. Y cuando lo corroboren, y tengan en sus mentes argumentos tales como: sí, pero vos tuviste la suerte de que te enseñaran; sí, pero acá es diferente porque no se enseña y los maestros son cualquier cosa; sí, pero los de la villa votan por un pancho y una gasesosa; sí, pero acá no se puede ni escribir con nombre y apellido lo que opinás porque toman represalias; sí, pero acá nadie se anima a levantarse; sí, pero en algún momento tenés que ir a la municipalidad a pagar tus impuestos, multas, o deudas; sí, pero todos están comprados; cuando estén pensando en esto, no se olviden que Puerto Piray es un pueblito de morondanga, en donde el intendente también tenía el apoyo del gobierno provincial, y hasta el vicegobernador de entonces, Pablo Tschirsh, quiso venir a intervenir a su favor; no tienen un hotel que pertenece a la familia del gobernador; no tienen la atención mundial que generan las Cataratas del Iguazú; las radios ni siquiera llegaban a tantos kilómetros para ser escuchados por otras localidades, no tienen diarios locales, no tienen ni siquiera periodistas para contar lo que sucedía, y para colmo la mayoría de los "periodistas" de ciudades vecinas como Eldorado y Montecarlo decidían apoyar al intendente corrupto y no a la mayoría; aun así la mayoría de los ciudadanos de Piray se levantó para imponer lo que creía y pensaba, y lo logró.
Pero lo mejor de todo esto, es que el intendente actual, renovador también, reconoce que hay mucho por hacer, y lo está haciendo junto a la mayoría que lo puso en su puesto. Sin embargo, considero que aun hay algo mejor dentro de todo lo que sucedió: mis hermanas, primos, sobrinos, conocidos, y amigos lo vieron, lo vivieron, y sintieron en su piel el ejemplo democrático que yo tanto anhelaba.
¿Quiero decir que Puerto Piray es el mejor pueblo del mundo? No, no quiero decir eso, ni siquiera todos mis compoblanos que lograron tan grande hazaña dicen eso. Piray es un pueblo chico, con muchas deficiencias, con muchos errores que va corrigiendo de a poco, con una democracia joven como todas las del país. Y hasta puedo aceptar que digan que es un pueblo de mierda, pero les aseguro que es un pueblo de verdad.
martes, 1 de febrero de 2011
Idiotas
Son los mismos idiotas, señor, se lo aseguro. Son los mismos que cada cuatro años vuelven a cometer la misma idiotez. Usted dudará al escucharlos porque parecen razonar como seres totalmente sanos, instruidos, y hasta célebres. Pero solo unos días después comprobará que su enfermedad es totalmente cierta e incurable.
No hay manera que los síntomas y sus causantes hagan que reflexionen sobre la prevención, y vuelven a caer una y otra vez en la misma dolencia. Son los mismos, usted lo verá, aquellos que llegaron a Iguazú buscando algo de trabajo, empezaron utilizando a los locales como contactos, trabajaron de mozos, de jardineros, de albañiles, en programas de radio, de choferes, en lo que sea, mientras se contagiaban de la enfermedad sin percatarse.
Son los mismos, señor, los que criticaban duramente la epidemia que domina a todos para conseguir objetos, terrenos, y casas a menor precio, y se lanzaban en duras opiniones sobre la ignorancia que idiotiza a todo el pueblo para defenestrar al gobierno municipal. Son los mismos que ganan miles y miles de pesos por haber ahorrado en no tratarse el mal de no cumplir con los impuestos por sus ganancias, y derraman sus babas de enfermos mientras se defienden diciendo que es dinero ganado honradamente.
Son los mismos, señor, los que deambulan ciegos y boquiabiertos bajo banderas de partidos políticos creyéndose sanos y mejores que los demás, por predicar que la enfermedad que aqueja a la ciudad solamente ataca a una mayoría que tiene el cerebro dañado, mientras ellos con sus inútiles neuronas confabulan ociosos cómo conseguir sus propios terrenitos y permisos para un localcito con los otros enfermos. Son los mismos idiotas, señor, los que recorren la ciudad obesos de críticas y razones devorando el dinero que la misma ciudad turística les hace ganar, mientras vomitan su boberías porque las calles tienen baches, no hay desagües, la energía se corta a menudo, y el agua potable es un premio para los idiotas más viejos del pueblo. Son los mismos que después de gastar sus contagiosas salivas diciendo que viven en un país de mierda durante casi todos los días de su vida, disfrutan del sol y la arena de playas repletas de los mismos idiotas que el país de mierda alimenta.
Son los mismos, señor, los que contagian a los nuevos, a los viejos, a los indecisos, a los buenos, malos, y eructan sensaciones de revancha y levantamiento que terminan siendo la misma idiotez de criticar a los que están a los que no están, a los que hacen, a los que no, y a los que a través del receptor se enferman con el mismo virus de los micrófonos.
Son los mismos idiotas, señor, no se ría, es verdad lo que le digo. Usted lo comprobará: en este año 2011 se cumplen cuatro años de la última vez que corroboraron su idiotez, y cada uno de ellos volverá a elegir a los mismos idiotas para que por otros cuatro años decidan sobre sus idioteces.
No hay manera que los síntomas y sus causantes hagan que reflexionen sobre la prevención, y vuelven a caer una y otra vez en la misma dolencia. Son los mismos, usted lo verá, aquellos que llegaron a Iguazú buscando algo de trabajo, empezaron utilizando a los locales como contactos, trabajaron de mozos, de jardineros, de albañiles, en programas de radio, de choferes, en lo que sea, mientras se contagiaban de la enfermedad sin percatarse.
Son los mismos, señor, los que criticaban duramente la epidemia que domina a todos para conseguir objetos, terrenos, y casas a menor precio, y se lanzaban en duras opiniones sobre la ignorancia que idiotiza a todo el pueblo para defenestrar al gobierno municipal. Son los mismos que ganan miles y miles de pesos por haber ahorrado en no tratarse el mal de no cumplir con los impuestos por sus ganancias, y derraman sus babas de enfermos mientras se defienden diciendo que es dinero ganado honradamente.
Son los mismos, señor, los que deambulan ciegos y boquiabiertos bajo banderas de partidos políticos creyéndose sanos y mejores que los demás, por predicar que la enfermedad que aqueja a la ciudad solamente ataca a una mayoría que tiene el cerebro dañado, mientras ellos con sus inútiles neuronas confabulan ociosos cómo conseguir sus propios terrenitos y permisos para un localcito con los otros enfermos. Son los mismos idiotas, señor, los que recorren la ciudad obesos de críticas y razones devorando el dinero que la misma ciudad turística les hace ganar, mientras vomitan su boberías porque las calles tienen baches, no hay desagües, la energía se corta a menudo, y el agua potable es un premio para los idiotas más viejos del pueblo. Son los mismos que después de gastar sus contagiosas salivas diciendo que viven en un país de mierda durante casi todos los días de su vida, disfrutan del sol y la arena de playas repletas de los mismos idiotas que el país de mierda alimenta.
Son los mismos, señor, los que contagian a los nuevos, a los viejos, a los indecisos, a los buenos, malos, y eructan sensaciones de revancha y levantamiento que terminan siendo la misma idiotez de criticar a los que están a los que no están, a los que hacen, a los que no, y a los que a través del receptor se enferman con el mismo virus de los micrófonos.
Son los mismos idiotas, señor, no se ría, es verdad lo que le digo. Usted lo comprobará: en este año 2011 se cumplen cuatro años de la última vez que corroboraron su idiotez, y cada uno de ellos volverá a elegir a los mismos idiotas para que por otros cuatro años decidan sobre sus idioteces.
domingo, 30 de enero de 2011
El viento despeinó el árbol
Colonia tiene plátanos en muchas de sus veredas; en la mayoría de las del centro principalmente. En verano están llenos de hojas verdes, y dan sombra a toda hora, como creo que muchos hemos soñado que así sea en Iguazú, y en muchas ciudades de la Argentina en donde el calor hace que algunos piensen cada vez más en lo que vale vender un aire acondicionado que en esperar que crezca un árbol.
La gente de aquí gusta de los plátanos, principalmente cuando alguien de afuera los elogia, pero para no despegarse del carácter plañidero latinoamericano, también se queja que en la maduración de los frutos con semilla, la brisa hace volar una especie polvillo que molesta a la respiración cuando exagera en cantidad.
Pero, por más que los plátanos también sean parte de la imperfección de esta vida, que juzgada por los humanos siempre necesita de un detalle para mejorar, son verdaderamente hermosos y útiles: quizás como lo pensó aquél idealista que propuso plantarlos, cuando todos criticaban que irían a tomar mucho tiempo en cumplir su propósito.
Fiorella, mi hija mayor, los conoce y sabe que se llaman plátanos. Cada vez que los ve los señala para decirme que es uno de ellos, y hasta puede reconocer las hojas. Ella nació en Iguazú, y tiene la exacta edad del amor, más las mismas características que hacen que me enamore de ella en cada palabra, en cada sonrisa, y en cada mirada.
Y quizás será la misma baba de padre que haga que escuche aquello que Fiorella a sus tres años y medio dice, no hablando lingüísticamente correcto, sino poniéndole poesía a lo que dice –una rareza, aun en los adultos más rectos.
Ella fue quien, a los dos años, dijo que un caballo tenía lentes cuando vio pasar a un equino con orejeras, y me hizo pensar en los humanos que nos confunden con sus lentes, cuando en realidad son sabelotodo con orejeras. Fiorella, quien también lleva el nombre en guaraní Araí, es quien goza de las pequeñas olas del río diciendo que juegan dibujando en la arena; y prefiere cantar El reino del revés, pidiéndola cada vez que quiere decir que en el reino del revés el río está arriba y el cielo abajo, un oso cabe en una nuez, y un ladrón es vigilante y otro es juez.
Ella fue la que miró hacia arriba esa tardecita para decirme que una nube estaba tapando el sol, y yo le expliqué que en realidad estaba oscureciendo, pero a ella le gustó más decir que el sol estaba bajando para que del otro lado suba la luna con sus compañeritas, las estrellas; y señaló que mientras tanto el viento despeinó el plátano que estaba sobre nosotros, como cuando la vida nos despeina el poco pelo que nos queda mientras el sol baja y la luna con las estrellas alumbran la noche sola sin sentir.
La gente de aquí gusta de los plátanos, principalmente cuando alguien de afuera los elogia, pero para no despegarse del carácter plañidero latinoamericano, también se queja que en la maduración de los frutos con semilla, la brisa hace volar una especie polvillo que molesta a la respiración cuando exagera en cantidad.
Pero, por más que los plátanos también sean parte de la imperfección de esta vida, que juzgada por los humanos siempre necesita de un detalle para mejorar, son verdaderamente hermosos y útiles: quizás como lo pensó aquél idealista que propuso plantarlos, cuando todos criticaban que irían a tomar mucho tiempo en cumplir su propósito.
Fiorella, mi hija mayor, los conoce y sabe que se llaman plátanos. Cada vez que los ve los señala para decirme que es uno de ellos, y hasta puede reconocer las hojas. Ella nació en Iguazú, y tiene la exacta edad del amor, más las mismas características que hacen que me enamore de ella en cada palabra, en cada sonrisa, y en cada mirada.
Y quizás será la misma baba de padre que haga que escuche aquello que Fiorella a sus tres años y medio dice, no hablando lingüísticamente correcto, sino poniéndole poesía a lo que dice –una rareza, aun en los adultos más rectos.
Ella fue quien, a los dos años, dijo que un caballo tenía lentes cuando vio pasar a un equino con orejeras, y me hizo pensar en los humanos que nos confunden con sus lentes, cuando en realidad son sabelotodo con orejeras. Fiorella, quien también lleva el nombre en guaraní Araí, es quien goza de las pequeñas olas del río diciendo que juegan dibujando en la arena; y prefiere cantar El reino del revés, pidiéndola cada vez que quiere decir que en el reino del revés el río está arriba y el cielo abajo, un oso cabe en una nuez, y un ladrón es vigilante y otro es juez.
Ella fue la que miró hacia arriba esa tardecita para decirme que una nube estaba tapando el sol, y yo le expliqué que en realidad estaba oscureciendo, pero a ella le gustó más decir que el sol estaba bajando para que del otro lado suba la luna con sus compañeritas, las estrellas; y señaló que mientras tanto el viento despeinó el plátano que estaba sobre nosotros, como cuando la vida nos despeina el poco pelo que nos queda mientras el sol baja y la luna con las estrellas alumbran la noche sola sin sentir.
miércoles, 26 de enero de 2011
No soy
Mientras enero se retira llevándose el sol de a pedacitos, alguien me pregunta si soy feliz. Es que las horas hicieron que volviera a mi espacio para compartir sobre los países más felices del mundo, y eso dejó el flanco abierto para que entrara la duda sobre mi alegría.
La verdad es que me gustaría definirme como alguien feliz, una persona que vive la vida a pleno, sin arrepentirse de cada paso que da, disfrutando de los segundos sobre este increíble escenario gigante como un regalo único. Me encantaría describirme como un sujeto con un constante motivo alegre, que encuentra dentro de sus días razones para sonreír, creando una epidemia de bienestar, sintiendo que los momentos son mejores cuando se cargan de pequeñas caminatas mateando despacito que de corridas para llegar a tiempo.
También sería honesto si digo que me deleitaría que me reconozcan por la frescura de una sonrisa o por rebuscar simpatía dentro de la pegajosa desdicha diaria. De la misma manera disfrutaría que entre los recuerdos amontonados destellen instantes de siestas risueñas y explosiones de risas viscerales en noches abrigadas. Juntaría a todos para tirarme sobre ellos revolcándome en un desván destinado al regocijo permanente, en donde solamente quepa yo, mis risas, y ella.
Pero, le digo a quien quiera que se haya preocupado por mi felicidad, que no soy feliz. Dentro mío sólo retumban los pasos sobre las piedras blancas que supieron hacerme soñar, y la brisa solo acaricia lo de afuera, robando algún suspiro que suelta sin querer una sonrisa nostálgica. Y que estoy triste porque tengo la certeza de haber rozado la alegría, tan parecida al amor. Estoy triste, en realidad, porque fui feliz.
La verdad es que me gustaría definirme como alguien feliz, una persona que vive la vida a pleno, sin arrepentirse de cada paso que da, disfrutando de los segundos sobre este increíble escenario gigante como un regalo único. Me encantaría describirme como un sujeto con un constante motivo alegre, que encuentra dentro de sus días razones para sonreír, creando una epidemia de bienestar, sintiendo que los momentos son mejores cuando se cargan de pequeñas caminatas mateando despacito que de corridas para llegar a tiempo.
También sería honesto si digo que me deleitaría que me reconozcan por la frescura de una sonrisa o por rebuscar simpatía dentro de la pegajosa desdicha diaria. De la misma manera disfrutaría que entre los recuerdos amontonados destellen instantes de siestas risueñas y explosiones de risas viscerales en noches abrigadas. Juntaría a todos para tirarme sobre ellos revolcándome en un desván destinado al regocijo permanente, en donde solamente quepa yo, mis risas, y ella.
Pero, le digo a quien quiera que se haya preocupado por mi felicidad, que no soy feliz. Dentro mío sólo retumban los pasos sobre las piedras blancas que supieron hacerme soñar, y la brisa solo acaricia lo de afuera, robando algún suspiro que suelta sin querer una sonrisa nostálgica. Y que estoy triste porque tengo la certeza de haber rozado la alegría, tan parecida al amor. Estoy triste, en realidad, porque fui feliz.
domingo, 23 de enero de 2011
The World's Happiest Countries
Most of the nations atop our list are democratic, business-friendly, and boast strong social safety nets.
By Christopher Helman
By Christopher Helman
Think about it for a minute: What does happiness mean to you?
For most, being happy starts with having enough money to do what you want and buy what you want. A nice home, food, clothes, car, leisure. All within reason.
See the full list of The World's 10 Happiest Countries
The Top 5 Happiest countries in the World
1. Norway
2. Denmark
3. Finland
4. Australia
5. New Zealand
But happiness is much more than money. It's being healthy, free from pain, being able to take care of yourself. It's having good times with friends and family.
Furthermore, happiness means being able to speak what's on your mind without fear, to worship the God of your choosing, and to feel safe and secure in your own home.
Happiness means having opportunity--to get an education, to be an entrepreneur. What's more satisfying than having a big idea and turning it into a thriving business, knowing all the way that the harder you work, the more reward you can expect?
With this in mind, five years ago researchers at the Legatum Institute, a London-based nonpartisan think tank, set out to rank the happiest countries in the world. But because "happy" carries too much of a touchy-feely connotation, they call it "prosperity."
Legatum recently completed its 2010 Prosperity Index, which ranks 110 countries, covering 90% of the world's population.
To build its index Legatum gathers upward of a dozen international surveys done by the likes of the Gallup polling group, the Heritage Foundation and the World Economic Forum. Each country is ranked on 89 variables sorted into eight subsections: economy, entrepreneurship, governance, education, health, safety, personal freedom and social capital.
The core conceit: Prosperity is complex; achieving it relies on a confluence of factors that build on each other in a virtuous circle.
Ultimately how happy you are depends on how happy you've been. If you're already rich, like Scandinavia, then more freedom, security and health would add the most to happiness. For the likes of China and India (ranked 88th), it's more a case of "show me the money." What they want most of all? The opportunity to prove to themselves that money doesn't buy happiness.
For most, being happy starts with having enough money to do what you want and buy what you want. A nice home, food, clothes, car, leisure. All within reason.
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The Top 5 Happiest countries in the World
1. Norway
2. Denmark
3. Finland
4. Australia
5. New Zealand
But happiness is much more than money. It's being healthy, free from pain, being able to take care of yourself. It's having good times with friends and family.
Furthermore, happiness means being able to speak what's on your mind without fear, to worship the God of your choosing, and to feel safe and secure in your own home.
Happiness means having opportunity--to get an education, to be an entrepreneur. What's more satisfying than having a big idea and turning it into a thriving business, knowing all the way that the harder you work, the more reward you can expect?
With this in mind, five years ago researchers at the Legatum Institute, a London-based nonpartisan think tank, set out to rank the happiest countries in the world. But because "happy" carries too much of a touchy-feely connotation, they call it "prosperity."
Legatum recently completed its 2010 Prosperity Index, which ranks 110 countries, covering 90% of the world's population.
To build its index Legatum gathers upward of a dozen international surveys done by the likes of the Gallup polling group, the Heritage Foundation and the World Economic Forum. Each country is ranked on 89 variables sorted into eight subsections: economy, entrepreneurship, governance, education, health, safety, personal freedom and social capital.
The core conceit: Prosperity is complex; achieving it relies on a confluence of factors that build on each other in a virtuous circle.
Ultimately how happy you are depends on how happy you've been. If you're already rich, like Scandinavia, then more freedom, security and health would add the most to happiness. For the likes of China and India (ranked 88th), it's more a case of "show me the money." What they want most of all? The opportunity to prove to themselves that money doesn't buy happiness.
No. 5: New Zealand
With very high levels of social cohesion and a first-place ranking in education, New Zealanders trust and help each other. The country ranks first in civil liberties. Ninety-four percent found the beauty of their physical environment satisfying (the other 6% must be blind).
With very high levels of social cohesion and a first-place ranking in education, New Zealanders trust and help each other. The country ranks first in civil liberties. Ninety-four percent found the beauty of their physical environment satisfying (the other 6% must be blind).
No. 4: Australia
Excellent education, strong personal freedoms, a tight-knit society. Australia's economy is strong, led by raw materials exports, but it's also a good place to start a business, with plentiful Internet connectivity and low startup costs. Aussies trust their government.
Excellent education, strong personal freedoms, a tight-knit society. Australia's economy is strong, led by raw materials exports, but it's also a good place to start a business, with plentiful Internet connectivity and low startup costs. Aussies trust their government.
No. 3: Finland
Excellent education, universal health care, plentiful personal freedoms, trusted government, peaceful. Lots of R&D and low business startup costs give the Finns economic strength. But as is to be expected in a country with the highest redistribution of wealth, only 75% of Finns believe working hard will help them get ahead.
Excellent education, universal health care, plentiful personal freedoms, trusted government, peaceful. Lots of R&D and low business startup costs give the Finns economic strength. But as is to be expected in a country with the highest redistribution of wealth, only 75% of Finns believe working hard will help them get ahead.
No. 2: Denmark
The world's lowest business startup costs, excellent education, unrestricted civil freedoms. Danes have overwhelming faith in their government and in each other, and report the highest standard of living in the world.
The world's lowest business startup costs, excellent education, unrestricted civil freedoms. Danes have overwhelming faith in their government and in each other, and report the highest standard of living in the world.
No. 1: Norway
The world's highest per-capita GDP at $53,000 a year. Spending on health care is second-highest after the U.S. An unparalleled 74% of Norwegians say other people can be trusted, 94% are happy with the beauty of their environment, and a very high 93% believe hard work will help them get ahead in life. Having a lot of oil and gas reserves helps.
See the full list of The World's 10 Happiest Countries
The world's highest per-capita GDP at $53,000 a year. Spending on health care is second-highest after the U.S. An unparalleled 74% of Norwegians say other people can be trusted, 94% are happy with the beauty of their environment, and a very high 93% believe hard work will help them get ahead in life. Having a lot of oil and gas reserves helps.
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lunes, 17 de enero de 2011
Mías, tuyas
Hay veces que me pregunto qué significan mis letras para vos. Si las buscás porque así llegué alguna vez o si es porque estoy más cerca desgranando palabras del racimo en donde bebemos el zumo que nos une. Tal vez sea porque en cada rasgo hay algo muy tuyo que refulge a toda vista, emulando el brillo de tus ojos mientras recorren las líneas. También puede ser que los trazos eclipsen mis imperfecciones para darte siluetas del hombre que siempre quisiste. Y por qué no querer tocarlas cuando señalan la dulzura de mango que reboza tu piel, o el durazno de tu boca.
Pero quizás no sea necesaria una razón por la que deseás mis letras. Solamente puede existir un gusto, un deseo, un capricho, aunque sé por las infinitas aclaraciones tuyas que nada mío te gusta porque sí. Las elegiste porque llegaron profundo, según me contaste, y te llevaron a preguntar de quién eran. Y por más que hoy, después de tanto recorrido sobre intensos renglones de noticias, frases, opiniones, crónicas, y cuentos, no logre encontrar el por qué de tu deseo de mis letras, puedo asegurar que son tuyas, sólo tuyas.
Pero quizás no sea necesaria una razón por la que deseás mis letras. Solamente puede existir un gusto, un deseo, un capricho, aunque sé por las infinitas aclaraciones tuyas que nada mío te gusta porque sí. Las elegiste porque llegaron profundo, según me contaste, y te llevaron a preguntar de quién eran. Y por más que hoy, después de tanto recorrido sobre intensos renglones de noticias, frases, opiniones, crónicas, y cuentos, no logre encontrar el por qué de tu deseo de mis letras, puedo asegurar que son tuyas, sólo tuyas.
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