lunes, 6 de abril de 2009

Un consejo para Tita y Toto


Como soy un experto en la materia, y con tantos años de experiencia en análisis políticos, me siento con total autoridad para aconsejar a cualquiera que tenga intenciones de seguir los pasos de la excepcional carrera política. Definitivamente, una carrera, porque el ascenso es inmediato, si las estrategias son aplicadas como corresponde. Sin embargo, si no se toman los recaudos necesarios, el descenso y la desaparición pueden ser tan vertiginosos como el ascenso. Por ello, correctamente, a la participación en el ambiente político se le denomina “carrera”.
En esta oportunidad, después de haber regalado tantos exitosos consejos y sugerencias a candidatos de fórmulas ganadoras, me atrevo, con toda la humildad que me caracteriza como hombre superior, a hacer lo propio con los candidatos a concejales del Frente Renovador oficialista: Iracema “Tita” Da Silva y Luís Teodoro “Toto” Sánchez, y no Roberto Sánchez, como lo llaman algunos por confundirlo con su compañero de trabajo, o simplemente por no recordar que hay que hablar CON él primero para después hablar DE él.
Además, quiero aclarar que mi objetivo es puramente filántropo y no lucrativo, porque ocurre que siempre elijo a candidatos que poco tienen de financiero, para justamente llevarlos al éxito económico que después redundará en beneficios para todos, como los que hoy gozan de su buena posición por haber escuchado mis consejos.
Así que, Tita y Toto, quiero dejarles estas “dicas” -palabra portuguesa que aprendí durante mis extensos viajes por las ciudades brasileñas de Foz do Iguaçu y Dionisio Cerqueira, y que significa algo así como “ayudita” en nuestro idioma- para que les sirvan como guía en este camino tan escabroso y maravilloso a la vez como la política iguazuense.
Primero, quiero que se cambien esos apodos tan vulgares que tienen. Les sorprenderá lo que digo, pero es verdad. Tienen que elegir llamarse y hacerse conocer por otros nombres, que den más status marketinero a sus personas. Sugiero algo como Amy y Jack, o Yoko y Mick, o adueñarse de algún apellido extranjero, para que la gente de potenciales votos les asocie con personas de bien y de mucho poder adquisitivo que sólo quieren estar en puestos como el que pretenden para lograr cambios estructurales en la sociedad, y no para enriquecerse a sí mismos. “Tita” Da Silva y “Toto” Sánchez denotan una afinidad con lo popular, lo barrial, lo arrabalesco, y contacto con segmentos de poca cultura, y eso causa que se los asocie con ese tipo de gente justamente. Como verán, en la carrera política es muy importante “la imagen” y “la asociación” que se hace con esa apariencia.
Bajo es misma premisa, les ruego que cambien los automóviles que tienen y busquen “moverse” con mejores móviles y en lugares de más finura. Ese Falcon verde del año del ñaupa, descolorido y desalineado, moviéndose en el polvo y el barro de las calles de tierra de los suburbios, no dará ningún buen resultado en la búsqueda de una imagen políticamente correcta, señor Toto, ¿o ya debería llamarlo Jack para ayudar al cambio? Y ese móvil del municipio, señora “Tita”, ¿o Amy?, tan anticuado y mugriento con barro de las “afueras”, solamente servirá para dejarla con la gente con que siempre contactó durante su función en un departamento como ¿¿Acción Social??, ¡por favor!, pida urgentemente que le trasladen a otro sector del gobierno, o que le creen alguno que le provea de contactos más jerárquicos, como “Planificación Estratégica para el Desarrollo Turístico y Cultural de Iguazú”, y salga inmediatamente de ese departamento social que para lo único que sirve es para atender a los pobres, que ni siquiera saben hablar.
Y justamente, sobre el tema de hablar, señores Amy y Jack, es imperiosa la necesidad que tienen de mejorar el léxico y la dicción en todo sentido, para que la expresión de la que hacen uso sea una propia de políticos de jerarquía, y no meros candidatos populares. Para esto, les sugiero que participen en los impresionantes programas de análisis político que se dan en nuestra ciudad. En ellos, se foguearán con inteligentísimos conceptos como, “quién va a jugar con quién”, o profundas interpretaciones como “anoche hubo un asado en lo de y no estuvo el candidato tal”. Eso sí, asistan preparados a tales programas porque las preguntas allí pueden llegar a rozar lo sublime, y quedaría pésimo que no sepan responder a cuestionamientos como “Che, Totito, me parece que uste’ está arreglando con el otro la’o y no lo quiere decir, ¡usté es muy hábil!”, o “Tita, me parece que uste’ está pichada porque el otro le descubrió, eh!”. Además, cuídense de no decir nada que ya se sepa a gritos en todos lados, porque puede ser tomado como exclusivo o primicia, y después qué se hace cuando ya se dijo. Cuídense del ridículo.
De esa manera, y con móviles como una 4x4, o algún deportivo, y con contactos de puro nivel estratégico, que más tienen que ver con la inteligencia y la gestión que con lo parentesco y el compinchismo, se sentirán seguros para asistir a reuniones en finos bares y cafés nocturnos de nuestra ciudad, en donde obviamente se desarrollan las ideas y las estrategias de fórmulas ganadoras. Sáquense de la cabeza andar por los suburbios y las afueras ayudando al populacho, eso no lleva a ningún lado. Comiencen a asistir a programas de radio y televisión, y muévanse entre gente de alta alcurnia, que tiene ideales y siempre demostró capacidad de mando. Empezando por seguir estas humildes sugerencias, mis queridos ex Tita y ex Toto, y actuales Amy y Jack, los dos podrán disfrutar con anticipación de la victoria, como los que siguieron mis consejos y llegaron al gobierno. Porque, sinceramente, no deseo que les suceda como les sucedió al verdulero ignorante y al comerciante vulgar, que prefirieron seguir con sus chatarras y por los barrios en sus campañas, y nunca llegaron a ser concejales.

sábado, 14 de marzo de 2009

Muy bien 10, felicitado


Desde muy chico quise saber qué se dicen los políticos al saludarse después de un discurso. Me causaba tanta curiosidad que llegué a pensar que se pasaban códigos secretos para un complot que lo compartían entre unos pocos, muy elegidos, y debía cumplirse en un momento dado, que también era de dominio puro y exclusivo de una elite oculta. Cada vez que asistía a un evento observaba el mismo show: uno de ellos terminaba de hacer uso de la palabra y todos los señores de traje oscuro de la primera fila se paraban a saludarlo con un apretón de mano, un abrazo, y le decían algo sonriendo anchamente. Lo hacen hasta hoy, les cuento, por si quieren prestar atención la próxima vez que haya un acto oficial. Seguramente muchos de ustedes ya lo habrán notado, y saben lo que se dicen, pero yo no lo sabía hasta hace muy poco.
Lo descubrí cuando empecé a trabajar en este medio. Desde la primera vez que me tocó cubrir un acto de estos -políticos quise escribir, pero me salió “estos”, que es lo mismo- aproveché la oportunidad que me daba la identificación de prensa y me acercaba lo más que podía hasta el sector en donde sabía que se iban a saludar. Tanto me acercaba, que varios ministros nacionales, provinciales, y el propio intendente Filippa me guiñaron un ojo cuando coincidíamos en la mirada. Yo devolvía y devuelvo el gesto, obviamente, uno no puede andar mal con la autoridad, (mire si me hago el loco y me agarra un guardaespaldas por la espalda) sin embargo, siempre sólo hago mi trabajo: busco la toma que me indican y sirve, y escucho con mucha atención el discurso que siempre dice otra cosa que la que dice. Pero mi momento esperado es “el saludo” después de un discurso.
En oportunidades estuve muy cerca de ellos, pero no lo suficiente para escuchar lo que se decían. Siempre me molestaba algo, un escenario, los micrófonos, los aplausos, los locutores que siempre quieren decir algo más con sus perfectas voces, o mis colegas que también buscaban lo mismo que yo (creo). Otras veces estuve prácticamente sobre ellos mientras esperaban sus turnos para hablar, y escuché lo que se decían antes de ir al micrófono. Antes, cuando escuchan que un correligionario o compañero está hablando, se dicen cosas que diría cualquiera de nuestros preparadísimos y profesionales dirigentes, como “che, este se copó y se fue, eh”, “hacéle seña que nos estamos durmiendo”, o “¿adonde es el asado después?”, o “después presentáme la secretaria del ministro”. Eso sí, este tipo de comentarios no se le hace al gobernador, porque a él hay que tratarlo con respeto (es una autoridad). A él le dedican acotaciones como: “qué bien Losada con esto de la tarjetita social ¿no?, la verdad es una excelente manera de controlar votos desde lejos” o “gobernador, no se olvide que están algunos de la oposición, que criticaron las obras que está haciendo la provincia”, o “le queda muy bien la corbata roja, con la camisa blanca y el traje oscuro”. Me interesó también escuchar esto, aunque no me sorprendió mucho, pero ¡yo quería escuchar lo que se decían después del discurso!
El día llegó. Estaba todo listo. Yo estaba cerca, no había nadie ni nada que me molestaba, y me aseguré que no me molestaran en el momento justo. Estaba hablando mi gobernador, el Señor Doctor Maurice Fabián Closs. Como siempre su discurso fue excelente: una mezcla perfecta de términos técnicos y vocablos autóctonos, que condimentan una disertación para fulminar cualquier argumento sabiondo e impresionar a la menchada. Al finalizar, quedó inaugurado el lugar y muy clara la política de la renovación, y mi corazón latía rapidísimo. Afiné el oído cuando se acercó a los que lo saludarían y escuché que le dijeron: “muy bien, Mauri” y “bien, bien, gracias, excelente”, y le abrazaban y se reían. Y me desplomé de la desilusión: “¿para esto esperé tanto?”-me dije, para eso hubiese escuchado a mis colegas chupándole la media en la conferencia de prensa y listo.

viernes, 27 de febrero de 2009

El argentino es mujer


Sí, es mujer. Si usted no piensa lo mismo, entonces explíqueme cómo, por ejemplo, el argentino puede apoyar vehementemente la preparación académica, porque cree que a partir de ésta se forman sociedades civilizadamente democráticas y a la misma vez reclame protestando a favor de ella cortando calles, quemando gomas, tirando piedras, y atrasando el inicio de clases, que dice defender a costa de lo que sea. O dígame cómo es capaz de aconsejar a su hijo que el estudio es la puerta hacia el éxito, y que cuando más preparado esté mejor le va a ir, y mientras le aconseja le cuenta sobre un simple albañil local que resolvió un problema en una construcción que ingenieros civiles de la capital no supieron hacerlo; y que un chofer de turismo llegó a ser gerente de ventas en una agencia y ni siquiera terminó la secundaria; y que un guía baquiano sabe mucho más que uno recibido en la “universidá”, porque lo importante es tener vocación con la gente y no un tremendo currículum lleno de títulos y cursos; y que el país siempre salió adelante con gente práctica y no con doctores teóricos, como por ejemplo un presidente que era un coronel del ejército y sacó a la Argentina de la pobreza y uno que era doctor en leyes años después la dejó en ruinas.
O quizás usted pueda aclararme -si piensa que el argentino no es mujer- por qué se siente orgulloso hablando con un extranjero sobre la capacidad que tenían los próceres que fundaron este país, y a la misma vez confronta con datos impresionantemente exactos la versión que le enseñó a su hijo “esa maestra trucha de la escuela”, en donde el nene aprende de la santidad de nuestros padres de la patria. Y por si fuera poco felicita a los vecinos que mandaron a su hijo a estudiar “afuera”.
O tal vez usted sepa cómo hace un argentino para quejarse copiosamente de su país en una conversación en el bar de la esquina, en donde segundos después se agarra a las piñas con un paraguayo que se atrevió a difamar a la Argentina, diciendo que es un país lleno de chantas y corruptos.
O por ventura usted sabrá hacerme entender -si considera que el argentino no tiene nada de hembra- cómo razona éste cuando condena a los estadounidenses, llamándolos capitalistas explotadores, y a la misma vez llena los periódicos y las charlas radiales elogiando al pueblo que tuvo la capacidad intelectual y cultural de elegir como presidente por primera vez en su historia a un negro (de nombre árabe encima), después de años de conocido racismo y ataques terroristas por parte de los de Medio Oriente; y por si no queda claro, echa a las patadas a un empleado que se atreva tan siquiera a mencionar que elegirá a un delegado gremial porque su patrón argentino no le paga lo que corresponde, y para colmo mitad en blanco y mitad en negro.
O por ahí usted pueda esclarecerme -si aún piensa que el argentino no es fémina- cómo hace para tirarle una alfombra roja cuando atiende en una excursión al mismo yanqui que condenó ayer por imperialista demoníaco, y a la misma vez no quiere atender a un grupo de hermanos argentinos, por ratas miserables que no dejan ni un mango.
O afortunadamente usted pueda hacer que mis pobres neuronas ignaras comprendan -si es que todavía dice que el argentino no es femenino- cómo hace para no idolatrar a René Favoloro, a quien apenas conoce, porque prefiere inmortalizar y si es posible canonizar a un personaje ficticio, ladrón, pendenciero, prófugo, y asesino como Martín Fierro o su símil gaucho Gil.
Y quizás cambie de opinión, si usted logra hacerme entender cómo hacemos mis queridos compatriotas y yo, después que aceptamos las reglas de la democracia, que elige por mayoría a los gobiernos, y una vez elegido, vivimos pensando en cómo desestabilizarlo y derrocarlo; además es un misterio cómo podemos vivir en un país en donde “así no se puede vivir”.
Discúlpeme, pero hasta que no encuentre una explicación coherente, voy a seguir pensando que el argentino es mujer. Y al opinar así no es que sea machista y quiera atacar a las féminas, porque al fin y al cabo éstas son sinceras y aceptan que “ni ellas se entienden”, como me confesaron algunas, y además tienen el orgullo de lograr sus objetivos. Pero el argentino, definitivamente es mujer, porque no sabe lo que quiere.

sábado, 21 de febrero de 2009

Que no se escuche lo que usted hace en el baño


Si está en su casa, que se escuche todo, y mientras más ruidos haga mejor. El cuidado, para que no se escuche lo que hace en el baño, debe empezar cuando se dan diferentes circunstancias que pueden dañar su imagen para siempre. Una de ellas son las visitas. Aunque no es necesario explicar que mientras más cercanos sean los huéspedes, menos preocupado debe estar, igualmente hay que tener en cuenta que entre éstos puede haber algún detective amateur especialista en sonidos de ultra-toilette. Por ello, ante la presencia de tales o en el caso de estar en una residencia ajena, lo mejor es evitar ir al baño o utilizar -en el caso afortunado que haya- un excusado más privado, en donde se puede exteriorizar sin ningún tipo de restricciones. Sin embargo, se sabe que existen momentos en los cuales la situación es extremadamente incontenible, que en general, como una especie de castigo por no controlar la gula, aparecen repentinamente, con un aviso más parecido a un alerta de peligro inminente que a una simple observación, y casi siempre sin posibilidad de lograr la privacidad. Ante estos casos, lo mejor es mantener la calma, y la posición original en el momento del alerta. Si está sentado, bajo ninguna razón se levante apresurado, menos si se encuentra en un sofá que requiera algún tipo de esfuerzo para incorporarse. Recuerde que siempre es bueno seguir las estrategias de las féminas, que con su capacidad preventiva para toda ocasión, optan por sentarse en la puntita del sofá al lado del apoya brazos, o simulan no poder levantarse para recibir la ayuda de un caballero dispuesto a tomarla de la mano y realizar el esfuerzo por ellas. Obviamente, si usted resulta ser ese caballero y está en la misma situación, simule no notar el pedido de ayuda y evite un doble accidente.
Lo más recomendable es no dar señales de la necesidad, tomando distancia del lugar más concurrido. Este alejamiento debe suceder antes que aparezcan los movimientos reflejos, como sacudones de piernas, ojos aguados, rostro sonrojado, manos sudorosas y sonrisita forzada con seño fruncido en forma de lástima. Llegado el momento insoportable, haga la pregunta “¿puedo usar el excusado, por favor?”, utilizando ademanes modestos y tranquilos, como si solamente necesitase el retrete rutinariamente. Una sonrisa franca siempre es aconsejable, o un bostezo con sonido de cansancio no está demás, para dar la sensación que sólo necesita refrescarse el rostro para despertarse.
Ya con el permiso para pasar, intente a toda costa no ser acompañado hasta la entrada y mucho menos hasta adentro, ni siquiera para que le muestren “como se tira el agua”. Diga que va a estar bien, y que cualquier cosa avisa. Una vez adentro, ¡no se olvide!, el primer golpe de vista debe ser hacia el lugar en donde se ubica el preciado papel higiénico. Si no lo ve, pídalo inmediatamente. En el caso de ser tímido o el tiempo apremie, busque alternativas mientras se alivia de la carga. Puede ser una revista, de las que se suelen dejar al lado del inodoro para promover la lectura, el boleto del colectivo (de los de larga distancia) o de avión que tiene en el bolsillo, o la primera página de presentación del libro de autoayuda que se olvidaron allí. Impídase usar su pañuelo, alguna toalla, la cortina de la ducha, o cualquier elemento textil que requiera un enjuague posterior. En fin, cuando ya está ubicado en el lugar soñado, exprésese tranquilamente, pero no se dé a conocer todo de una vez, vaya soltando lo acumulado de a poco, acompañando la salida con el hojeo de lo que lee o una tos repentina, que puede aumentar su frecuencia en el caso que la despedida sea vehemente. Haga lo que haga, que no se escuche afuera lo que usted hace en el baño. Una vez aliviado, revise y haga desaparecer cuidadosamente cualquier detalle que pueda delatar su última comida. No se olvide de utilizar todos los sentidos, especialmente el olfato. Si descubre que su paso por el toilette no pasará desapercibido ni por una congestión nasal, no salga sin esparcir algo de algún desodorante -de ambiente o antitranspirante- y al lavarse las manos hágalo con abundante espuma del jabón tocador. Al reincorporarse al ambiente de la sala, y si el contexto lo permite, sonría hablando en tono seguro y audible sobre el artículo de la revista de belleza que acaba de leer, y comente graciosamente sobre las algas marinas que tienen en su dieta las deportistas chinas. Luego siéntese, y haga contacto visual con cada uno de los presentes, como si nada hubiese ocurrido. Porque recuerde: usted sigue siendo quien era bajo el pacto de silencio que hay en este país, en donde lo más importante es cuidar la imagen, por más que se sepa que usted utiliza el sanitario para pegarse un baño, echarse un buen cago, un meo, o autosatisfacerse como cualquier criatura humana de este mundo.

jueves, 19 de febrero de 2009

Iguazú reflexiona




Estimados iguazuenses:
Es hora que reflexionemos sobre qué hemos llegado a ser y somos. Por bastante tiempo hemos sido atacados por fuertes vientos de una tempestad, que sembró en nuestros corazoncitos semillas de agresión traídas de un mundo desconocido para nosotros. Y esas semillitas germinaron para transformarse en fuertes árboles que parecen omnipotentes, difíciles de talar. Desde sus ramas nos hemos lanzado epítetos y frutas putrefactas que dañaron nuestra vestimenta de ciudadanos educados y comprometidos por el progreso de nuestro pueblo y país. Sus hojas escondieron por un lapso nuestra miseria. Su sombra no nos dejaba ver que estamos sucios y harapientos. Sin embargo, por más que parezca que en 200 años de historia nacional, y 106 de historia municipal, todo está perdido, no es así. Aún tenemos por qué luchar. Debemos salir de las sombras de ese árbol malo. No nos escondamos más detrás de las hojas que ocultan nuestro dolor. Deslicémonos de sus ramas. ¡Y talemos el árbol!, ¡talemos todos los árboles!
Desde el llano, todos a la misma altura y nivel, busquemos la manera de ser tolerantes y diplomáticos con el prójimo, quien quiera que sea. Sigamos el ejemplo que nos dieron nuestros padres de familia, que con su empeño, compromiso y voluntad de disciplinar, lograron que los chicos de hoy sean tan eficientes, moderados, respetuosos y educados. Y sigamos el camino de nuestros padres de la patria, que nunca agredieron ni desearon la muerte de nadie y en su edad madura buscaron el cobijo en el matrimonio con tiernas niñas de 14 años. No utilicemos más los epítetos que dañan nuestra intachable moral. Mantengámonos alejados de los malos modelos, como medios de prensa que utilizan malas palabras en sus títulos, cual la costumbre de ese tal Crítica de la Argentina, que tristemente tiene una tirada diaria de miles de ejemplares, y como si fuese que ellos son perfectos y nadie se puede equivocar, denuncian cosas erróneas del gobierno nacional, y hacen despedir de sus dignos trabajos a funcionarios públicos al servicio del pueblo. Sírvase a observar la fotografía de su portal digital http://www.criticadigital.com/ del día 17 de febrero que publicamos para que vea qué mal ejemplo son. Es fácil corroborar la veracidad de la imagen, ingresando al portal y escribiendo en el buscador el título que aparece. Pero, sólo haga eso para corroborar, luego no visite nunca más el sitio, porque podrá ser contaminado con su agresividad y chabacanería.
¡No, señores! ¡Seamos diferentes! Optemos por utilizar eufemismos de alto nivel para desarrollar ciertos temas que acaecen en la vida diaria, y así evitemos crear pánico entre la ciudadanía, que necesita volver a sus raíces de puro trabajo y cero contrabando, como lo fueron desde un principio nuestra hermosa patria y esta frontera, digna representante de nuestro territorio. Volvamos a los fundamentos de compromiso y anticorrupción, como lo fueron los primeros gobiernos de este bendito suelo, que jamás si quiera pensaron en malversar los fondos de todos los sueldos donados por Manuel Belgrano para la construcción de 95 escuelas, las cuales hoy se yerguen cual estandartes de nuestras sólidas raíces esparcidas en toda nuestra soberanía. Regresemos a las palabras sanas, que siempre utilizaron nuestros padres, abuelos, y maestros, quienes jamás tuvieron temas tabú con nosotros, y al dialogar sobre temas candentes, decían lo mismo pero sin herir, y así lograron que disminuyeran casi a cero y que hoy casi ni existan los abusos, acosos, robos, maltrato, y violencia doméstica. Mantengamos en secreto palabras y temas que pueden herir el sentimiento de nuestros jóvenes, quienes pueden aprender solos con programas de televisión y en Internet. Seamos suaves y optimistas. En cuanto a nuestro ambiente, por ejemplo, hagámosle notar las partes buenas de las veredas, no las rotas; empeñémonos en hacerles observar los empedrados ya hechos y las calles asfaltadas, no las que todavía no se hicieron porque aún no pudimos juntar para pagar los impuestos. Mostrémosles las obras que se están haciendo y después con mucho tacto expliquémosles que todavía no están autorizadas por cuestiones de trámites, y que a pesar que ninguna se ajusta a ningún plan de ordenamiento urbano, son lindas igual, y que Iguazú las necesita, como necesita que nosotros busquemos bregar por un cambio positivo y no que elijamos justificar nuestras agresiones porque otros son agresivos o indoctos. ¡Es necesario que actuemos ya, querido vecino o vecina!, y trabajemos juntos optimistamente por más que en algún momento hayamos vestido la camiseta contraria, total cuando nos unamos para festejar con algarabía, ya no importará si se sabe que en algún momento hemos colaborado con nuestro gobierno con algún espacio solidario o no. ¡Hagámoslo por Iguazú, todos juntos, abrazados como hermanos, silbando de júbilo por las calles de nuestra amada ciudad! Volvamos a nuestras raíces más profundas y sinceras: mente positiva, ciudad positiva.

viernes, 13 de febrero de 2009

Iguazú de mierda


Confieso que me tomó un tiempo considerable decidirme a tocar este tema. Y fue más porque siempre que lo veo aflorar me fastidia tanto que se me cruzan las ideas, y tengo más ganas de insultar que de argumentar. Sin embargo, acá estoy, y a quien le caiga el aguacero que abra el paraguas, como dijo uno de los comentaristas de La Voz.
Hace muy poco, a un desafortunado profesional de la medicina local se le escapó “indio de mierda”, al encontrarse con un Mbya Guaraní que lo denunció ante la dirección del hospital por haberlo maltratado. Sí, escribí adrede “se le escapó”. Lo aclaro porque un maltrato no se justifica, y yo no estoy justificando al doctor. Dije “se le escapó” porque al ser denunciado justamente no supo controlarse y no supo bancarse su propia actitud arrogante, y le salió lo que tenía atragantado en lo más profundo y bajo de su ser. Y esto, además de ser denunciado formalmente ante las autoridades, fue publicado, es decir, cayó bajo la mirada de la gente. Lo interesante del tema es que una vez en manos del pueblo, el doctor involucrado pasó de victimario a víctima, de depredador a presa, de boxeador a cura, de jugador a pelota, y de príncipe a sapo. En los comentarios bajo la nota publicada por este medio apareció una gran cantidad de comentaristas que normalmente no escriben o están cansados cuando se ponen al tanto de lo que pasa. Sin embargo esta vez la mayoría vio un árbol caído y se lanzó a hacerlo leña. Pobre doctor, pensaba yo, y no lo decía porque no quería ser devorado por las santas fieras del pueblo. Porque si nos ponemos a pensar, esto ocurrió porque el médico fue expuesto a la opinión de una ciudad, llamada Iguazú, habitada por gente tan pulcra y sacra, que no sería capaz de pensar tan siquiera en maltratar a una persona, y menos si se trata de un aborigen-hermano-paisano Guaraní. ¡Por favor! ¿A quién se le ocurriría semejante cosa? Jamás escuché a un hermano iguazuense decir “paraguayo de mierda”, por ejemplo, porque todos acá en Iguazú saben que los pioneros que sacaron adelante este pueblo de mierda que solo tenía monte y malaria, fueron ellos. Y asistidos por los hermanos brasileños, a quienes nunca jamás un iguazuense llamó “brasilero de mierda” o “brasuca maraca”, por ejemplo, al finalizar un partido de fútbol en el que su selección nos re cagó a baile. Y seguramente también porque el iguazuense sabe que los paraguayos estuvieron antes inclusive que llegara la Administración de Parques Nacionales con su personal de Buenos Aires, a quienes nunca jamás un iguazuense se le ocurriría llamar “porteño de mierda”, por ejemplo, porque nosotros somos víctimas de su maltrato, pero nunca vamos a “ser como ellos”. Además el iguazuense, por vivir en una ciudad turística, y tener un celular último modelo, es una persona muy abierta por tener contacto con gente de todas partes del mundo, a quienes jamás in the fucking life, (jamás en la puta vida, para los argentinísimos) se les ocurriría engañar con el cambio o cobrarle demás un viaje o una excursión, y mucho menos cagarse de risa de ellos, con los compinches sobre una cerveza comprada con la “comisión”. Es que el iguazuense, ese mismo que defenestró al demoníaco doctor por maltratar a un aborigen, vive en un país en donde nunca jamás se le llamó “gallego boludo” al español, ni “perucho ignorante” al peruano, ni “bolita muerto de hambre” al boliviano, ni “polaco olor a queso” al inmigrante, ni “yanqui de mierda” al estadounidense, ni “chilote pelotudo” al chileno, ni “judío cagador” al israelita, y ni “negro villero” al que tiene la piel un poco más oscura y vive en los suburbios. Por eso quizás en Iguazú el aborigen vive recibiendo abrazos, sonrisas, trabajo, ayuda, y son el porcentaje más alto de empleados en la gastronomía y hotelería. Es que, le explico doctor, el iguazuense vive administrado por hombres a quienes jamás se les adjudicaría el título de “políticos ladrones” en ningún ámbito y menos en un medio radial, y vive en una ciudad tan linda a la que jamás ningún iguazuense llamaría “Iguazú de mierda”.

viernes, 6 de febrero de 2009

¡No hay hombres!


Como quiero adelantarme a todo lo cursi que en unos días más saldrá publicado sobre el amor y las mujeres, me pareció bueno utilizar el tema que hace días me viene taladrando una amiga, que en nombre de todas las féminas constantemente hace un reclamo que me parece justo y acertado: “No hay hombres”, me dice. Y claro, al principio no me parecía tan justo ni acertado, pero después de todas las pruebas y argumentos presentados, no tuve más que aceptar y dar por sentado que es así. Sí, señores, queridos machos, es verdad: no hay hombres. Y lo peor de todo es que en vez de ver una solución, que calme las ansias locas de las mujeres por encontrar un macho, ¡se ven cada vez más problemas que los hacen desaparecer o transformarse en algo parecido a ellas! Así me definió el problema esta hembra. “¡Hoy están cada vez más parecidos a nosotras!”, me dice desesperada. Pero sinceramente, después de semejante innegable verdad actual, me puse a pensar qué creemos los hombres que es “ser hombre” o cual es “el hombre” que las minas buscan. Para nosotros, ser un machazo es principalmente ser un tipo libre, a quien no le dicen qué ni cómo, ni cuándo hacer, porque nos la bancamos solos y punto. Y a la misma vez creemos que las mujeres buscan algo así, un tipo seguro que se las sabe todas y que está para cuando ellas quieran (sí, sexo), es decir un winner. Además estamos seguros que ellas nunca saben lo que quieren, entonces hacemos la nuestra y listo. Pero, según me restregó mi amiga por la cara, ellas justamente odian lo que nosotros creemos que es un hombre.
-“¿Y qué es lo que quieren?” -le pregunté con una sonrisa irónica (de hombre, según yo). -“Queremos y buscamos las cosas simples de todos los días” -me dijo. Obviamente, mi cerebro de macho no cazó un fútbol de lo que me respondió, pero me hice el que entendió (como un hombre, según yo) y le seguí la corriente.
-“Aah, ¿entonces no es un buen lomo, con una billetera gruesa, y una 4x4?”, le provoqué. Y me complicó las neuronas masculinas aún más (típico de minas, según yo).
-“Si viene con el paquete, bienvenido sea, pero no, no es eso” -me respondió. Entonces, tuve que ser sincero y aceptar que no entendí nada, pero no se lo dije y me puse a pensar en qué es una mujer para saber qué tiene que ser un hombre. Una mujer, antes que nada, siempre hizo y hace todo. Inclusive lo que le corresponde al hombre. Si no, díganme cómo hacen el desayuno de los chicos con cada unos de sus caprichos, fijarse que tengan todo para la escuela, arreglarles para que salgan prolijos, sacar la basura antes que salga el basurero, hacer el mate y el desayuno del re-macho -que se levanta tarde y le caga a pedos si no lo hace-, hacer y tomar su propio desayuno, y encima salir linda y arreglada como una reina. Aah, me olvidaba, todo eso es en quince minutos. Además, por si algún re-macho quiere argumentar en contra, va a trabajar sin olvidarse un segundo que al mediodía tiene que ir a buscar a los chicos, mandar el almuerzo al re-macho, hacer el almuerzo para los hijos, dejarlos en cada una de sus actividades de la tarde, volver al trabajo (a tiempo y todavía arreglada como una reina), hacer su trabajo distinguiéndose entre todos (inclusive entre re-machos), volver a buscar a los chicos o preocuparse para que el transporte los busque, y que tengan la merienda lista al llegar, y al volver del trabajo limpiar y aromar la casa, atender las tareas de los nenes, preparar el mate y estar linda de nuevo como una reina para cuando llegue el re-macho, que tuvo un día re-largo (de ocho horas) y está re-cansado y no quiere ruidos ni quejas, porque tiene una graaaan responsabilidad que su mujer nunca va a entender. Aah, y mientras prepara la ensalada, hace la guarnición, los jugos, pone la mesa, da de comer algo a los chicos para que no esperen tanto, atiende el teléfono y a la visita que llega, y sirve bebidas frescas en la sala que adornó antes que llegaran todos, todavía tiene tiempo de pasarle algo para soplar el carbón al re-macho que está haciendo el asado. Obviamente, ya tiene todos los lugares en la mesa con todo listo para que nadie se levante a buscar nada, y espera con todo respeto a que el re-macho se siente para dar las gracias y comer. Claro, siempre atenta a que si falta algo, adelantarse al pedido de los comensales, como reponer la canasta del pancito, o el hielo en la bebida del re-macho. Servir el postre, que hizo ella quien sabe en qué momento, es cosa de ella por su puesto. Levantar la mesa, la cocina, la sala, y lavar los platos, también. Llamar el taxi para la visita, no olvidarse que los nenes se cepillen los dientes, acostarlos bien arropados, también le toca a ella, claro. El re-macho está tomando el vinito con los otros re-machos, cómo se va a molestar en nimiedades. Ordenar la sala, dejar listo todo para el amanecer, apagar la luz, y acostarse linda, liviana, perfumada y lista para el amor, también es tarea de ella. Ahh, me olvidaba, todo eso en 24 horas, calladita y sin histeriquear, porque el re-macho se puede enojar. Ahora entiendo qué quiso decir mi amiga con “cosas simples de todos los días”. ¿Algún re-macho tiene alguna objeción?