lunes, 8 de agosto de 2011

Ese tal Bustillo


No es ninguna novedad que la llamada historia argentina, escrita por burguesitos aduladores del gobierno central, haya ignorado por completo zonas enteras de la verdadera nación, pero no es aceptable que hoy aquí se siga venerando a esos personajes, como los Bustillo, que con sus sesudos análisis retrasaron el inicio de todo posible progreso para Iguazú.

Los datos son contundentes. Los albores del turismo como agenda de estado en Argentina datan de 1900, y empieza con mayor énfasis en 1934 con la ley 12.103 que crea la Dirección General de Parques Nacionales hasta 1943, que coincide no sólo con la conocida “década infame” sino con las decisiones del primer director de aquél organismo creado, Exequiel Bustillo, quien se propuso desde un principio dar mayor atención al Parque Nacional Nahuel Huapi para transformarlo en la anhelada “Suiza argentina”.

Algo que muy pocos mencionan es que el mismo Exequiel Bustillo fue el autor del proyecto de ley de Parques Nacionales, y mucho menos cuentan que el que presentó tal proyecto en la Cámara de Diputados fue su hermano José María Bustillo, y que más adelante otro hermano, Alejandro, un arquitecto que se dedicaba a los caprichos de la clase alta argentina, sería quien llevara adelante las obras que “proponía” Exequiel.

Y aunque esta “familiaridad” entre autores estrategas de leyes, promotores políticos, y ejecutores, es moneda corriente en los gobiernos del país, llama la atención cómo en alguna parte de la historia que llega a nuestras manos hubo también “protectores” de imágenes que lograron que estos personajes sean “bien” recordados y honrados inclusive.

Ese tal Exequiel Bustillo fue quien como promovió, incentivó, y dirigió todos sus esfuerzos y su presupuesto hacia “el sur”. Así logró que el gobierno central construyera en pocos tiempo el ferrocarril hasta Bariloche, construyó una estación, el hotel más moderno de toda América, el Llao Llao –primero de madera, que fue destruido en un incendio –y luego inmediatamente reconstruido con mampostería de excelentísima calidad; implementó una política hotelera que llevó a la construcción de otros hoteles; planificó y llevó adelante toda la urbanización del pueblo (agua, energía, cloacas, pavimentación); construyó el centro cívico y el hospital; llevó adelante el embellecimiento urbano; promovió y facilitó el desarrollo de empresas turísticas; puso guías intérpretes; promocionó el destino con postales, artículos en el diario Crítica, y en vastas publicidades radiales y televisivas que incentivaban en “turismo de elite” que él buscaba, tratando de “civilizar” la zona para hacerla parecida a las villas de las montañas del Tirol, para “competir” con el turismo europeo.

Y esto sería más que loable si no se hubiese diferenciado tan ampliamente con lo hecho por “el otro” Parque Nacional, al que condenó a pequeños presupuestos y una eterna espera con sus sesudos estudios, conclusiones, y previsiones sobre este lugar que le daba mucho calor.

Ese tal Bustillo fue el que concluyó que para las Cataratas la afluencia turística iba a ser tardía, y por eso limitó los presupuestos –y realmente fueron limitados en comparación de lo que hizo en el sur –a construir una intendencia, algunas casas para los empleados, una escuela, una usina eléctrica, un resguardo de aduana (sí, leyó bien, un res-guar-do), un pequeño aeródromo en plena selva, una remodelación del hotel que ya estaba en Cataratas, el enripiado del camino abierto a Cataratas (sí, en-ri-pia-do), y una planificación urbana, que no es necesario que se aclare que quedó como planificación nada más.

Esto que hizo acá en Iguazú, según ese tal Bustillo, “…llenó perfectamente las necesidades de un lugar que no contaba con otra comunicación que un barco por semana, y para colmo de muy poca capacidad…”

Por eso tal vez quiso halagar el lugar como más que un parque diciendo que es un “monumento natural”, para luego disparar su visión sobre este lugar en donde según sus palabras “el clima invita a irse y no a quedarse”.

Ese tal Bustillo, fue el que dijo de Iguazú, pensando que este “parque” no era responsabilidad suya sino del azar: “…veremos que suerte corre, aunque no soy optimista, mientras no se desarrollen las ciudades del litoral, carecerá de ese turismo popular que constituye el privilegio de Mar del Plata, Córdoba, y Bariloche, verdaderos centros de atracción nacional. El avión vencerá en algo su aislamiento; pero en todo caso llevará un turismo golondrina. Se llegará, se visitará lo que Groussac llama el fenómeno, y se regresará en el día. Una buena casa de té, o un restaurante, tal vez sean suficientes. Es doloroso decirlo, pero es la verdad”.

Esto no hace a ese tal Bustillo único responsable de lo que costó y cuesta el desarrollo turístico en Iguazú, y en Misiones, porque la inclinación sur fue, y sigue siendo, preferible desde los sillones centralistas de la nación. Tal vez por ello –y actualmente por el origen del mando más alto –los máximos esfuerzos siguen promocionando a la Argentina como nieve, montaña, y lagos, y nunca como selva, inmensa biodiversidad, cultura milenaria, centenarias estructuras, aguas grandes; y los presupuestos para este lugar lleno de mosquitos y calor siguen siendo ínfimos. Pero un punto es ciertísimo: aquí en Iguazú y en la provincia, ese tal Bustillo no merece ni veneración ni homenajes, una mención tal vez sea suficiente. Es doloroso decirlo, Exequiel, pero es la verdad.


Fuentes consultadas

“De la política en turismo a la política turística”, Prof. Alejandro Capanegra, 2010

Del Campo a la Ciudad, Regina Schluter 1971

Fotografía: Gentileza La Angostura Digital

viernes, 29 de julio de 2011

Ta bueno el turismo

“Está bueno el turismo” –escuché con mi oído siempre chusma, una conversación entre dos adolescentes que no pasaban de 15 años en el colectivo urbano. Inmediatamente me acomodé para escuchar con más atención, disimulando para que ellos no se dieran cuenta, claro.

Y como lo primero que escuché sonaba interesante, más saliendo de gurises de esa edad, confieso que me ilusioné hasta la emoción cuando descubrí que hay adolescentes que también hablan del tema, que parece interesar sólo a unos pocos adultos, que entienden “masomeno” el asunto.

“Viene mucha gente de muchos lados, la otra vez vi unos japoneses o koreanos no sé” –siguió la conversación –“hablaban todo así re raro, ting kun chin, chin chu lin”, se rieron hasta que uno le señaló al otro que también hablan en inglés y en castellano “para preguntar por los restaurantes y esas cosas”.

Me entusiasmaba cada vez más, pensando en el esfuerzo que se hace para que la comunidad comprenda el concepto de este rubro que nos da trabajo a todos, y principalmente para inyectar en las mentes juveniles que debemos proteger el desarrollo de esta industria sin humo.

“¡Sí, ma’ vale! Ellos estudian todo’ lo’ idioma’ boludo, y aprenden rápido”, seguían desgranando sus opiniones y pareceres, mientras yo sonreía complacido, agazapado en la butaca de enfrente, como cómplice de la estrategia que les hace caer en la trampa del aprendizaje.

Pasaron por su visita al área Cataratas, por cómo se “mueve” la ciudad en las vacaciones, y por como hay “cosas nuevas re copadas como el shopping que están haciendo y los hoteles y eso”, y entonces me animé a dar vuelta simulando mirar a otro lado, sólo para ver quiénes eran estos gurises que me hicieron caer también en ese embeleco que tiene a la ilusión como ángel-demonio seductor.

Ya pensaba en cómo contar a los conocidos sobre esta linda experiencia de escuchar a los adolescentes hablando sobre el desarrollo turístico, que tanto nos beneficia a todos, directa o indirectamente en este rinconcito del país; y que al parecer es un tema ajeno a los de menor edad.

Así estaba en mis planes de relato cuando los chicos empezaron a hablar de sus proyectos, y de cómo encarar lo que se les viene en la vida. Y esto inclinó más mi cabeza chusma.

“Yo quiero trabajar en turismo, la otra vez mi tío me contó cómo ganan ahí en la paradita de ellos con los pasajeros que van a Paraguay y a Brasil, ¡impresionante boludo! En un viaje a Paraguay la otra vez ganó tres mil pesos”, disparó uno y siguió “dice que si hablaba inglés iba a ganar más todavía”.

Es verdad, reaccioné pensando. Por eso hay que estudiar, casi me animé a meterme en el diálogo, pero me contuve. El otro estaba hablando y quería escuchar más.

“¡Sí, boludo! ‘ta bueno el turismo, traanquiiiiilo ahí le atendés a los turistas, no tené jefe, está con lo’ vago’ ahí, no tené que estudiar ni ir a una entrevista y eso”, respondió el otro, sin saber que acababa de matarme la ilusión de pensar que los mayores estamos educándolos bien.

lunes, 11 de julio de 2011

¿Cuánto valés?

Algunos son del pensar que todo se puede comprar, más cuando descubren que los más remotos datos de la historia afirman que se han comercializado desde frutas hasta voluntades, pescados y destino de pueblos enteros. Dicen que no existe nada que no se pueda adquirir por algún precio, y que hasta los campeonatos deportivos más atrapantes están todos decididos por dinero.

Tal es este convencimiento para algunos, que prefieren creer en solamente aquello que pueden adquirir comprando; no hay absolutamente nada, ni el amor, que los convenza de lo contrario. En ciertos casos crónicos, la creencia de que nada hay puro, los lleva a la depresión y a un agnosticismo hermético que los enfría hasta el congelamiento más duro.

Todo y todos tenemos un precio, dicen. Y escupen datos concretos de lo sucedido con fulano, con mengano, con el último campeonato de fútbol, con las elecciones, y apoyados en esto aseveran no confiar en nada ni en nadie, excepto en lo que ellos ven o compran.

Interesantemente, la mayoría de estos incrédulos aseguran haber sido creyentes en algún momento, y cuentan que la misma vida les hizo cambiar de opinión. Yo confié en fulano, dicen, y me salió mal. Yo puse todas mis fichas para apostar por esta causa, dicen, y todo era una farsa. Desde entonces, comentan, nunca más confié, nunca más creí, nunca más seguí a ciegas, no creo en nada ni en nadie.

“El que se quemó con la empanada, sopla hasta la sandía”, escuché decir una vez, y cuanta verdad hay en la reflexión. Sin embargo, por más que más de 2 mil años de historia hayan demostrado que millones se hayan quemado con la empanada, existe algo que hace que el ser humano siga creyendo, siga confiando, siga siguiendo a ciegas.

Algunos filósofos explican que esto es porque nuestra raza precisa de algo superior al entendimiento humano para creer y vivir, y que hasta el más agnóstico y el más anarquista se ajusta a normas sociales como vestirse o cubrirse para hacer caca o pichi, porque hay algo dentro suyo que les obliga a hacerlo, más allá que existan penas por andar mostrando el pito por ahí o meando en la calle.

Es por eso, dicen los sabios, que cualquiera de estos rebeldes contra nadie buscan un lugar privado para hacer sus necesidades y se visten por más que nadie los esté mirando. Y puede ser cierto. Algunos llaman Dios a esto que trasciende la comprensión humana, otros la llaman Conciencia, otros Remordimiento, otros Vergüenza, otros Cola de Paja, otros Alá, otros Ancestros, y con esto ajustan sus vidas para creer en algo que no se compra.

Así, esto que “no se compra”, también ha recibido nombres: espiritualidad, moralidad, humanidad, ética, sentimiento, voluntad, actitud, y amor; pero lamentablemente la historia ha demostrado que también estas cosas que no se ven han sido compradas, a veces por mucho valor a veces por poco. Si fueron comprados, no eran reales, dicen algunos. ¿Pero cómo saber si eran reales sin creer en ellos?

Entonces, en el fin de tanta vuelta, si todo se compra, la pregunta es ¿cuánto valgo yo en este gran mercado? Algo debo tener que cotice entre los productos más deseados. Y si es así, debo ponerle un precio, porque algunas cosas valen más que otras, y con el tiempo algunas pierden o ganan valor. En algún momento alguien me querrá comprar.

domingo, 12 de junio de 2011

Testigos políticos

En cualquier lugar, y más en estos tiempos de discursos de campaña política, estos seres siguen ocupando esos pequeños espacios, en donde generalmente molestan con cualquier palabra que digan. Es que ellos no tienen ningún tipo de diplomacia ni interés en caer bien a nadie.

Ocupan ese carguito que les otorga la vida por ser simplemente alguien que tiene que estar, como una excusa perfecta para los que persiguen su deseo de ser intendentes, gobernadores, diputados, concejales, o senadores. Ellos representan esa parte de las promesas que se escuchan repetirse cada vez que aparecen los micrófonos, pero se conforman con esperar la próxima, cuando haya más plata para ellos.

Ni siquiera piensan en que algo puede ser mejor, porque les da lo mismo sentarse en una silla enclenque que en una refinada y cómoda, mientras tengan algo para entretenerse en las horas en las que prefieren mantener el trabajo y la responsabilidad alejados. Sus objetivos son otros más cerca de la recreación que de la búsqueda del tan mentado bien común.

El bien para ellos es lo que satisface su ego en el momento que lo precisan, porque en realidad todo lo que necesitan es perseguir sus deseos personales, el resto vendrá cuando se les provea. El apuro no tiene tiempo más que para terminar de cumplir sus deberes. Su tiempo es para divertirse.

Pero lo más triste no es su posición descarada e ignorante, es que a ellos no les importa lo que sucede entre los de arriba, porque a los de arriba jamás les interesa que ellos estén idealmente mejor, por más que digan, redigan, e insistan en sus discursos de campaña que sus esfuerzos van a ser dirigidos hacia una mejor educación y a una mejor calidad de vida para todos.

Estos pequeños testigos que ocupan infinitos lugares, en donde casi siempre molestan, y es mejor si se mantienen callados, porque nada tienen de diplomacia y no tienen ningún interés de caer bien a nadie, están viendo, escuchando, y observando cada gesto, cada palabra, cada actitud, aunque cada político piense por ser niños no pueden entender ni ser testigos políticos.

jueves, 19 de mayo de 2011

El (hard) Face de los políticos

No te sorprendas si al abrir tu Facebook en estos días tenés la solicitud de amistad de Marcelo Sánchez. Sí, sí, el mismo que jamás te saludó mientras toma un café por allá cerca de las Siete Bocas. O quizás veas que repentinamente, como ver un auto medio lindo por tu barrio, tenés otra solicitud de Horacio Spallanzani, el señor ese que hablaba y hablaba en el Concejo, y ahora dice “Me gusta” cuando subís una foto tuya en zunga fucsia en el salto Mbocaí.

Y aunque tal vez estemos un poco acostumbrados a ver algunos, como Gabrielito Llamas, que siempre te “etiqueta” algo durante el año para ir acumulando porotitos, no deja de sorprendernos como un elefante en Cataratas, la aparición en la web del presidente del Concejo Deliberante, Roberto Arévalo, quien decidió abrirse una cuenta de Face sin querer en la época de campaña. Y tal vez, aunque sea reconocible la iniciativa de aggiornarse, debería pedir ayuda al mismo que le creó la cuenta para evitar poner “Me gusta” en el Facebook de Oscar Perrone.

¡Sí!, leíste bien. ¡Oscar Perrone fue uno de los primeros que empezó a recorrer los barrios en la web con su Face! Solo que como el perromóvil también apareció más hace unas semanas, etiquetando afiches y fotos sobre su interés por el pueblo, que lo ve por TV. Lo bueno de Perrone es que por más que sea de aparición repentina, como todos los demás, por lo menos te arranca una sonrisa con lo que sube.

Es que el espacio virtual se ha transformado en el medio más conveniente para los políticos, por su llegada masiva. Hace no mucho, el gobernador Closs posteó en su Face que acepta invitaciones de amistad, “pero no sé cómo buscar cuántos amigos tengo”. La respuesta era fácil, pero se ve que alguien le asistió para ver cuantos contactos tiene en su Facebook, y agradeció: “yo siempre estuve en Twitter, pero se ve que Facebook tiene más movimiento, tengo que ingresar desde una compu y dejar un poco el Berry”. Sí, es verdad, tiene que dejar un poco el Berry, el peach, el hamburger, el bacon y el reviration, para completar el álbum con fotos nuevas más facheras y deje abierta la opción para que todos podamos comentarle algo, con cariño.

Por otro lado están los que no pierden tiempo en cosas de adolescentes, y van por lo más maduro, como Toto Sánchez y Pily Morel, ¡que se abrieron un site señores! Estos no andan con pavadas, ellos tienen su propio sitio que van a tener que pagar de nuevo para que le actualicen después del 26, pero siempre cuidándose de no dejar ningún espacio para que la gente, el pueblo, de los barrios humildes, más alejados, que nadie se acuerda de ellos, pueda comentar algo en su página.

Cabe la ironía, pero es bueno ver que los mismos políticos de pasacalles, carteles, y caminatas esporádicas por ahí, prefieran un Facebook (en el Twitter hay que escribir demasiado y se nota la ortografía) para comunicar lo que sienten y quieren hacer por su pueblo. Es una manera de actualizarse, lo entendemos. Pero se debe comprender que en la web también hay que ser coherentes con la conducta, y darse cuenta que por más cibernéticos que parezcan hoy, ninguno incluyó WiFi para toda la ciudad o toda la provincia, y eso no es tener Face, eso es tener HardFace.

domingo, 15 de mayo de 2011

A mí qué me importa

Qué diría uno de estos politiqueros que andan defendiendo lo que piensan, si van a comer a un restaurante y al quejarse porque el servicio no está al nivel que ellos esperaban, el dueño del restaurante les dice:

-Pero, fíjese que los de al lado sirven peor, y además recuerde que somos una nueva administración de este servicio, y los anteriores nos dejaron con muy mala fama, una deuda terrible, y además eran pésimos administrando.

Supongo que el politiquero que escuche esa explicación en un restaurante, o en cualquier negocio, va a responder lo mismo que respondo yo al escuchar los discursos de campaña.

-¡A mí qué me importa!, yo pago para que usted me sirva como debe hacerlo y de acuerdo al excelente servicio que ofrece y publicita.

Ya no me importa recordar los años '90 y su administración para justificar lo de hoy. Me gusta recordarlo solamente para alimentar el ego de negro pueblerino que tengo, porque en realidad fuimos nosotros los que cambiamos la historia, no ustedes. Ustedes son el resultado de lo que protestamos y gritamos nosotros.

A mí no me importa, en serio, volver a revolcarme en el lodazal de los idiotas administradores de las décadas pasadas, en las que ustedes también estuvieron como politiqueros y no hicieron más que fogonear de atrás para que la carne de cañón se levante a dar la cara en la calle.

A mí qué me importa que Llera y sus funcionaros hayan entregado tierras para comprar votos, y no haya arreglado ninguna calle –él y los demás ya pagarán eso en la justicia –yo pago mis impuestos para que el gobierno de hoy regularice cada uno de los terrenos y arregle las calles y provea servicios como prometió.

A mí qué me importa que Puerta y sus secuaces no hayan aumentado el básico a los docentes, estoy podrido del drama de cortes y protestas docentes de siempre, porque el gobierno de hoy tampoco tuvo la capacidad de resolver el eterno inconveniente por casi 10 años. Yo soy un ciudadano que cumplo con mis obligaciones hoy, y si no las cumplo el mismo gobierno me exige que lo haga inmediatamente, por eso no me importa lo que haya hecho o no la administración anterior, quiero que este gobierno de hoy prevea que al inicio de cada año no haya más cortes ni protestas dando lo que corresponde a los maestros de una vez por todas.

A mí qué me importa que López Ricci haya sido un incompetente de traje y gomina, apoyado por el petiso, yo quiero servicio de energía de primera hoy. Quiero luz hoy, sin que un vientito la corte cada semana y haga que tengamos que escuchar el mismo verso que antes era peor. Qué me importa que antes haya sido peor, la memoria la tenemos muy fresca; quiero hoy, ahora, en este instante, el servicio por el que pago todos los meses.

A mí qué me importa que Clarín y su mafia hayan negociado siempre con los milicos, Menem, De La Rúa, Duhalde, y cuanto politiquero haya por ahí, yo quiero que hoy mejoren los servicios burocráticos y vuelteros en el país, y que la plata llegue de verdad al país federal que tanto predican.

A mí qué me importa que la oposición ande criticando como siempre sin ofrecer planteos y soluciones concretas, yo quiero que se presenten debates maduros hoy, y se den espacios democráticos de verdad en todos los medios oficiales y oficialistas que ostentan el título de plurales.

A mí no me importan los años pasados cuando tengo necesidad de servicios hoy, como al cirujano no le importa que antes no hayas tenido botox, ni al nutricionista que no hayas sido gordito, ni al peluquero que antes hayas tenido pelo.

lunes, 2 de mayo de 2011

No te viá decí que soy buenito

En estos días en los que está empezando el frío –ese que te achancha más de lo normal, y te empuja a la cama o al sofá con todo lo que necesitás alrededor para no levantarte –me hizo recordar un estudio realizado por varios especialistas, que concluyeron que los países con más frío son los más felices.

Finlandia terminó primero en varias ocasiones, también Noruega y Dinamarca, entre otros, que según comentan los especialistas ocupan su tiempo en buscar y realizar actividades de entretenimiento, trabajo en equipo, y largas sesiones de humor, para mantener el cuerpo caliente.

Cualquiera diría, a simple ojo de opinólogo, que por la forma de ser y su música los países del la Línea del Ecuador y entre los trópicos, principalmente los de América son los más felices, pero no. Dicen que no.

Dicen que somos plañideros, quejumbrosos, y que nuestra personalidad que demuestra disconformidad todo el tiempo hace que, aunque busquemos divertirnos en grandes parrandas, la alegría es solo ocasional.

Tienen razón, digo yo. Porque nosotros decimos que somos alegres y bullangueros, pero siempre tenemos algo para quejarnos. Eso me cuestionaba cuando escuchaba todo lo hermoso y grandioso que han sido estos años de gobierno renovador en la provincia, que el gobernador Closs contó sin querer durante la apertura de sesiones de diputados.

Decía yo, cómo nos vamos a quejar de las inversiones mientras oía todas las obras que hizo este gobierno, esas que el gordito contó sin querer –porque no e’ que él cuenta porque está en campaña, el cuenta no má para que la gente sepa –sí, esas que generan mano de obra para miles de misioneros, correntinos, paraguayos, bolivianos, peruanos, y seguramente algún que otro alegre finlandés, y le dan un respirito a las pobres empresas constructoras de siempre que nunca ligaron una obrita.

Además, nosotros los de Iguazú, que estamos más cerca de los felices brasileños, tendríamos que ponerle un poco más de onda, y no reclamar solamente. Fijémonos en la mitad del vaso lleno, de agua un poquito sucia, pero lleno al fin, como las inversiones millonarias en la participación de Cataratas en la elección de las nuevas siete maravillas del mundo –que no e’ que vamo’ a ganá, pero ya ganamo’ ya cuando salimo’ por Clarín y todo eso’ diario importante, que consiguieron lo’ encargado capo’ de la campaña. ¡No tenemo’ que sé tan plaguiento!

También, Closs contó sin querer, para no utilizar el estrado de la honorable cámara de diputados para hacer campaña, que va a crear un banco de proyectos para los municipios. ¡Eso’ e’ muy bueno, chamigo! ¡Uno no se puede ni sentá cuando epera en la munecepalidá! ¡No hay ningún banco como la gente!

Yo digo que debe ser nuestra mala onda la que no nos permitió ver la presencia del estado en todos los potreros, chacras, tambos, y chiqueros, ¡si e’ tan facil ve’ los animale’ por ahí! Había sido ello’ eran toda’ esa vaca flaaaca y lo’ chancho pirúuuu que hay angá por la campaña.

Quizás ahora con los anuncios –no e’ que fueron anuncio’, él dijo no má –perdón con lo que el señor gobernador dijo no más para informarnos lo que el gobierno va a encarar en los años siguientes, como la inversión que va a hacer para producir edulcorante para el mundo, creo que tenemos que ser un poco más positivos a la hora de quejarnos, y emular a los nórdicos. ¡Aaah yo no entendí eso de la estevia para hacé azúcar no sé qué! Yo pensé que Mauri decía este viá endulzá para la eleccione’… ¡qué pavo que soy!