domingo, 12 de junio de 2011

Testigos políticos

En cualquier lugar, y más en estos tiempos de discursos de campaña política, estos seres siguen ocupando esos pequeños espacios, en donde generalmente molestan con cualquier palabra que digan. Es que ellos no tienen ningún tipo de diplomacia ni interés en caer bien a nadie.

Ocupan ese carguito que les otorga la vida por ser simplemente alguien que tiene que estar, como una excusa perfecta para los que persiguen su deseo de ser intendentes, gobernadores, diputados, concejales, o senadores. Ellos representan esa parte de las promesas que se escuchan repetirse cada vez que aparecen los micrófonos, pero se conforman con esperar la próxima, cuando haya más plata para ellos.

Ni siquiera piensan en que algo puede ser mejor, porque les da lo mismo sentarse en una silla enclenque que en una refinada y cómoda, mientras tengan algo para entretenerse en las horas en las que prefieren mantener el trabajo y la responsabilidad alejados. Sus objetivos son otros más cerca de la recreación que de la búsqueda del tan mentado bien común.

El bien para ellos es lo que satisface su ego en el momento que lo precisan, porque en realidad todo lo que necesitan es perseguir sus deseos personales, el resto vendrá cuando se les provea. El apuro no tiene tiempo más que para terminar de cumplir sus deberes. Su tiempo es para divertirse.

Pero lo más triste no es su posición descarada e ignorante, es que a ellos no les importa lo que sucede entre los de arriba, porque a los de arriba jamás les interesa que ellos estén idealmente mejor, por más que digan, redigan, e insistan en sus discursos de campaña que sus esfuerzos van a ser dirigidos hacia una mejor educación y a una mejor calidad de vida para todos.

Estos pequeños testigos que ocupan infinitos lugares, en donde casi siempre molestan, y es mejor si se mantienen callados, porque nada tienen de diplomacia y no tienen ningún interés de caer bien a nadie, están viendo, escuchando, y observando cada gesto, cada palabra, cada actitud, aunque cada político piense por ser niños no pueden entender ni ser testigos políticos.

jueves, 19 de mayo de 2011

El (hard) Face de los políticos

No te sorprendas si al abrir tu Facebook en estos días tenés la solicitud de amistad de Marcelo Sánchez. Sí, sí, el mismo que jamás te saludó mientras toma un café por allá cerca de las Siete Bocas. O quizás veas que repentinamente, como ver un auto medio lindo por tu barrio, tenés otra solicitud de Horacio Spallanzani, el señor ese que hablaba y hablaba en el Concejo, y ahora dice “Me gusta” cuando subís una foto tuya en zunga fucsia en el salto Mbocaí.

Y aunque tal vez estemos un poco acostumbrados a ver algunos, como Gabrielito Llamas, que siempre te “etiqueta” algo durante el año para ir acumulando porotitos, no deja de sorprendernos como un elefante en Cataratas, la aparición en la web del presidente del Concejo Deliberante, Roberto Arévalo, quien decidió abrirse una cuenta de Face sin querer en la época de campaña. Y tal vez, aunque sea reconocible la iniciativa de aggiornarse, debería pedir ayuda al mismo que le creó la cuenta para evitar poner “Me gusta” en el Facebook de Oscar Perrone.

¡Sí!, leíste bien. ¡Oscar Perrone fue uno de los primeros que empezó a recorrer los barrios en la web con su Face! Solo que como el perromóvil también apareció más hace unas semanas, etiquetando afiches y fotos sobre su interés por el pueblo, que lo ve por TV. Lo bueno de Perrone es que por más que sea de aparición repentina, como todos los demás, por lo menos te arranca una sonrisa con lo que sube.

Es que el espacio virtual se ha transformado en el medio más conveniente para los políticos, por su llegada masiva. Hace no mucho, el gobernador Closs posteó en su Face que acepta invitaciones de amistad, “pero no sé cómo buscar cuántos amigos tengo”. La respuesta era fácil, pero se ve que alguien le asistió para ver cuantos contactos tiene en su Facebook, y agradeció: “yo siempre estuve en Twitter, pero se ve que Facebook tiene más movimiento, tengo que ingresar desde una compu y dejar un poco el Berry”. Sí, es verdad, tiene que dejar un poco el Berry, el peach, el hamburger, el bacon y el reviration, para completar el álbum con fotos nuevas más facheras y deje abierta la opción para que todos podamos comentarle algo, con cariño.

Por otro lado están los que no pierden tiempo en cosas de adolescentes, y van por lo más maduro, como Toto Sánchez y Pily Morel, ¡que se abrieron un site señores! Estos no andan con pavadas, ellos tienen su propio sitio que van a tener que pagar de nuevo para que le actualicen después del 26, pero siempre cuidándose de no dejar ningún espacio para que la gente, el pueblo, de los barrios humildes, más alejados, que nadie se acuerda de ellos, pueda comentar algo en su página.

Cabe la ironía, pero es bueno ver que los mismos políticos de pasacalles, carteles, y caminatas esporádicas por ahí, prefieran un Facebook (en el Twitter hay que escribir demasiado y se nota la ortografía) para comunicar lo que sienten y quieren hacer por su pueblo. Es una manera de actualizarse, lo entendemos. Pero se debe comprender que en la web también hay que ser coherentes con la conducta, y darse cuenta que por más cibernéticos que parezcan hoy, ninguno incluyó WiFi para toda la ciudad o toda la provincia, y eso no es tener Face, eso es tener HardFace.

domingo, 15 de mayo de 2011

A mí qué me importa

Qué diría uno de estos politiqueros que andan defendiendo lo que piensan, si van a comer a un restaurante y al quejarse porque el servicio no está al nivel que ellos esperaban, el dueño del restaurante les dice:

-Pero, fíjese que los de al lado sirven peor, y además recuerde que somos una nueva administración de este servicio, y los anteriores nos dejaron con muy mala fama, una deuda terrible, y además eran pésimos administrando.

Supongo que el politiquero que escuche esa explicación en un restaurante, o en cualquier negocio, va a responder lo mismo que respondo yo al escuchar los discursos de campaña.

-¡A mí qué me importa!, yo pago para que usted me sirva como debe hacerlo y de acuerdo al excelente servicio que ofrece y publicita.

Ya no me importa recordar los años '90 y su administración para justificar lo de hoy. Me gusta recordarlo solamente para alimentar el ego de negro pueblerino que tengo, porque en realidad fuimos nosotros los que cambiamos la historia, no ustedes. Ustedes son el resultado de lo que protestamos y gritamos nosotros.

A mí no me importa, en serio, volver a revolcarme en el lodazal de los idiotas administradores de las décadas pasadas, en las que ustedes también estuvieron como politiqueros y no hicieron más que fogonear de atrás para que la carne de cañón se levante a dar la cara en la calle.

A mí qué me importa que Llera y sus funcionaros hayan entregado tierras para comprar votos, y no haya arreglado ninguna calle –él y los demás ya pagarán eso en la justicia –yo pago mis impuestos para que el gobierno de hoy regularice cada uno de los terrenos y arregle las calles y provea servicios como prometió.

A mí qué me importa que Puerta y sus secuaces no hayan aumentado el básico a los docentes, estoy podrido del drama de cortes y protestas docentes de siempre, porque el gobierno de hoy tampoco tuvo la capacidad de resolver el eterno inconveniente por casi 10 años. Yo soy un ciudadano que cumplo con mis obligaciones hoy, y si no las cumplo el mismo gobierno me exige que lo haga inmediatamente, por eso no me importa lo que haya hecho o no la administración anterior, quiero que este gobierno de hoy prevea que al inicio de cada año no haya más cortes ni protestas dando lo que corresponde a los maestros de una vez por todas.

A mí qué me importa que López Ricci haya sido un incompetente de traje y gomina, apoyado por el petiso, yo quiero servicio de energía de primera hoy. Quiero luz hoy, sin que un vientito la corte cada semana y haga que tengamos que escuchar el mismo verso que antes era peor. Qué me importa que antes haya sido peor, la memoria la tenemos muy fresca; quiero hoy, ahora, en este instante, el servicio por el que pago todos los meses.

A mí qué me importa que Clarín y su mafia hayan negociado siempre con los milicos, Menem, De La Rúa, Duhalde, y cuanto politiquero haya por ahí, yo quiero que hoy mejoren los servicios burocráticos y vuelteros en el país, y que la plata llegue de verdad al país federal que tanto predican.

A mí qué me importa que la oposición ande criticando como siempre sin ofrecer planteos y soluciones concretas, yo quiero que se presenten debates maduros hoy, y se den espacios democráticos de verdad en todos los medios oficiales y oficialistas que ostentan el título de plurales.

A mí no me importan los años pasados cuando tengo necesidad de servicios hoy, como al cirujano no le importa que antes no hayas tenido botox, ni al nutricionista que no hayas sido gordito, ni al peluquero que antes hayas tenido pelo.

lunes, 2 de mayo de 2011

No te viá decí que soy buenito

En estos días en los que está empezando el frío –ese que te achancha más de lo normal, y te empuja a la cama o al sofá con todo lo que necesitás alrededor para no levantarte –me hizo recordar un estudio realizado por varios especialistas, que concluyeron que los países con más frío son los más felices.

Finlandia terminó primero en varias ocasiones, también Noruega y Dinamarca, entre otros, que según comentan los especialistas ocupan su tiempo en buscar y realizar actividades de entretenimiento, trabajo en equipo, y largas sesiones de humor, para mantener el cuerpo caliente.

Cualquiera diría, a simple ojo de opinólogo, que por la forma de ser y su música los países del la Línea del Ecuador y entre los trópicos, principalmente los de América son los más felices, pero no. Dicen que no.

Dicen que somos plañideros, quejumbrosos, y que nuestra personalidad que demuestra disconformidad todo el tiempo hace que, aunque busquemos divertirnos en grandes parrandas, la alegría es solo ocasional.

Tienen razón, digo yo. Porque nosotros decimos que somos alegres y bullangueros, pero siempre tenemos algo para quejarnos. Eso me cuestionaba cuando escuchaba todo lo hermoso y grandioso que han sido estos años de gobierno renovador en la provincia, que el gobernador Closs contó sin querer durante la apertura de sesiones de diputados.

Decía yo, cómo nos vamos a quejar de las inversiones mientras oía todas las obras que hizo este gobierno, esas que el gordito contó sin querer –porque no e’ que él cuenta porque está en campaña, el cuenta no má para que la gente sepa –sí, esas que generan mano de obra para miles de misioneros, correntinos, paraguayos, bolivianos, peruanos, y seguramente algún que otro alegre finlandés, y le dan un respirito a las pobres empresas constructoras de siempre que nunca ligaron una obrita.

Además, nosotros los de Iguazú, que estamos más cerca de los felices brasileños, tendríamos que ponerle un poco más de onda, y no reclamar solamente. Fijémonos en la mitad del vaso lleno, de agua un poquito sucia, pero lleno al fin, como las inversiones millonarias en la participación de Cataratas en la elección de las nuevas siete maravillas del mundo –que no e’ que vamo’ a ganá, pero ya ganamo’ ya cuando salimo’ por Clarín y todo eso’ diario importante, que consiguieron lo’ encargado capo’ de la campaña. ¡No tenemo’ que sé tan plaguiento!

También, Closs contó sin querer, para no utilizar el estrado de la honorable cámara de diputados para hacer campaña, que va a crear un banco de proyectos para los municipios. ¡Eso’ e’ muy bueno, chamigo! ¡Uno no se puede ni sentá cuando epera en la munecepalidá! ¡No hay ningún banco como la gente!

Yo digo que debe ser nuestra mala onda la que no nos permitió ver la presencia del estado en todos los potreros, chacras, tambos, y chiqueros, ¡si e’ tan facil ve’ los animale’ por ahí! Había sido ello’ eran toda’ esa vaca flaaaca y lo’ chancho pirúuuu que hay angá por la campaña.

Quizás ahora con los anuncios –no e’ que fueron anuncio’, él dijo no má –perdón con lo que el señor gobernador dijo no más para informarnos lo que el gobierno va a encarar en los años siguientes, como la inversión que va a hacer para producir edulcorante para el mundo, creo que tenemos que ser un poco más positivos a la hora de quejarnos, y emular a los nórdicos. ¡Aaah yo no entendí eso de la estevia para hacé azúcar no sé qué! Yo pensé que Mauri decía este viá endulzá para la eleccione’… ¡qué pavo que soy!

miércoles, 27 de abril de 2011

Azardi

Cuando andaba pirueteando por los nueve o diez años, recuerdo que mi hermano mayor, Darío, saludaba de una manera muy peculiar al albañil que construía un muro perimetral –que nunca entendí –entre el terreno de mi casa y el negocio de mis tíos.

-Zaaardiii!! –saludaba mi hermano con voz cambiada a gruesa.

-Acá ‘tamooooo –respondía el albañil, con su imborrable sonrisa desdentada.

-¿Y River? –provocaba mi hermano, cuando sabía que el equipo gallina había perdido.

-‘Peculaaaaaannndoo no ma’ –reía don Azardi.

El diálogo podía repetirse durante el día varias veces, hasta tal punto que los que lo escuchábamos, además de saber cada letra de memoria, lo usábamos también riéndonos con don Azardi, que en nuestro barrio San Martín de Piray era muy conocido, y quizás en todo el pueblo también.

Era petiso, de panza cuadrada y piernas flacas, que le daban un aspecto de cucurucho. Su cara redonda de nariz pequeña sumaba a la simpatía de sus labios finos inflándose al hablar zezeado por haber perdido sus dientes superiores. Yo lo veía trabajar incansablemente en el muro que hoy ya no está, y en el tatakua de barro (horno en guaraní, para los anglo-galeses) de donde mi madre sacaba los mejores panes, sopas paraguayas, chipas guazú, y hasta algún que otro pirá o kuré.

Nunca supe el origen de don Azardi. Por su manera de hablar parecía muy misionero, quizás paraguayo, o medio correntino, pero nunca me olvido de las recomendaciones dadas por él mientras me decía que el vasito de plástico que siempre lo acompañaba tenía yogur, aunque el aroma me hacía saber aun a mi corta edad, que mi consejero era apegado a la caña.

-Vo’ tené que ‘peculá siempre, porque naide piensa en uno –me decía, sin darse cuenta que yo pensaba que ‘pecular tenía algo que ver con el traste y no lograba asimilar su consejo asociándolo a mi vida. Sin embargo, yo disfrutaba del folclore que me ofrecía don Azardi, sin saber tampoco sobre el valor de una charla con cualquier persona, por más cucurucho sin dientes que pareciera.

-Para todo hay que ‘peculá –seguía en otras oportunidades –pero siempre para laburá con honestidá y sin jodé a naide. Así me hablaba mientras subía constantemente su pantalón que insistía en quedarse abajo, por más que siempre estuviese atajado con el mismo cinto, y la camisa adentro. Claro que mucho tiempo después comprendí que ‘pecular era especular, y que don Azardi le respondía así a Darío porque decía que su equipo millonario que había perdido estaba especulando o esperando a que se dieran otros resultados.

Recuerdo que el tatakua lo usamos hasta que nos mudamos a Puerto Rico, y nunca sufrió ningún inconveniente, sino que por el contrario siempre recibía elogios por parte de todos los que nos visitaban; pero el muro no disfrutó de lo mismo, porque unos años después tambaleó y cayó, quizás por haberse excedido don Azardi en su ‘peculación de levantarlo sin las columnas de sostén necesarias… ¡qué casualidad, parecido a los frentes políticos que se construyen hoy!

viernes, 22 de abril de 2011

No puedo pintar mi cielo

Fiorella, mi hija de tres años, se levantó chinchuda de la siesta. Y justo me tocó quedarme con ella y su hermanita, Aymará, una tarde en la que por el clima obligatoriamente tenía la única opción de aguantarla, como pagando seguramente las chinchudeces que hice soportar a mis padres.

Todo le molestaba y para todo tenía una explicación. “No hagas ruido, papi, con esos lápices, me molestás”. “No hables fuerte con Aymará, me molesta”. Y para no chocar, la complacía en todo, hasta que se me ocurrió la buena idea de hacerle bromas e imitarla, hablando con ese tono plañidero, con fuerte acento nasal, que usaba ella para quejarse de por qué existía el aire.

“Bueno, pero no muestres tu bombacha”, la provoqué.

“No muestro mi bombacha, solo me muevo y la pollera también”, me fulminó.

Y así me dejó actuar un rato, observándome en silencio; luego le lanzó una mirada asesina a su hermana que reía ante mis payasadas, y sentenció: “No me quiero reír, no sos gracioso”.

Entonces decidí pedirle un beso cada vez que se quejaba por algo. “No quiero darte besos ahora, estoy pintando, ¿no ves?” Bueno, un abrazo. “No puedo darte abrazos, te dije que estoy ocupada pintando”.

No había caso. Tomé un hondo suspiro, preguntándome si yo había causado el mismo sentimiento en mis padres cuando me levantaba así de mis siestas, y decidí ignorarla por un rato, mientras aprovechaba la infinita simpatía de su hermana.

El problema fue que eso también le molestaba. “Papi, portáte bien, no juegues bruto con Aymará, ella es chiquita”, me retaba, por más que su hermanita reía a carcajadas. “No hagas ruidos fuertes, no me gusta”. Y aquí fue cuando le pregunté qué le pasaba, y por qué estaba así chinchuda. “No estoy chinchuda, sólo no puedo pintar mi cielo”, me respondió.

Ahí recién mi cabezota notó que ella batallaba desde hacía rato con un lápiz azul que no pintaba el cielo de ella en un libro de dibujos. Me acerqué, miré lo que ya había pintado, y le pregunté por qué no podía pintar su cielo. Me dijo que el color estaba bien, y que había que poner algo duro abajo –ella pintaba sobre la cama. Pusimos un libro de tapa dura debajo del dibujo. Tampoco solucionó el problema. Seguía chinchuda.

Rogando a Dios paciencia, observé el dibujo un buen tiempo, y luego le dije: “Me gusta tu cielo”. Ella me miró seria “¡No, es feo!”. Esperé otro rato, para ver si la paciencia que Dios me mandaba, venía en carreta desde Mozambique, y le dije: “Al ratón que está abajo también le gusta tu cielo, porque se está riendo contento, y el vio cómo vos pintabas”.

Pensó –Fiorella siempre se toma tiempo para pensar –y finalmente se sonrió dócil, para acomodarse apoyada en mí. Suspiré aliviado: no era que no podía terminar de pintar su cielo, era que no veía lo hermoso que ya lo había pintado.

miércoles, 20 de abril de 2011

Ñande jeyma la culpable!

Mirá vos. Resulta que la falta de combustible en Iguazú es en realidad porque nosotros consumimos mucho –nosotros, digo, usted y yo mi querido vecino –así concluyeron los concejales de Iguazú y los representantes de las cámaras e instituciones oficiales, en una reunión “para buscar la solución”.

No pudo más que causarme gracia y recordarme la justa e impecable frase que decía Ricardo Rodasvil, un periodista-locutor paraguayo cuando leía las noticias y las sesudas declaraciones de los políticos durante su programa radial, que yo escuchaba en el colectivo que me llevaba al trabajo todas las mañanas.

“Ñande jeyma la culpable” (nosotros otra vez somos los culpables), decía Ricardo, con ese tono paraguayo tan querido y simpático que, afortunadamente, cumplía con el concepto reír para no llorar, el único consuelo del trabajador común.

Pero, por si usted no sabía, no es que nuestros gobernantes no fueron ni son capaces de “darse cuenta” que hace años, muchos años, es necesario construir más destilerías en la Argentina, proveer más depósitos de combustible en las provincias, o encontrar la manera de promover la producción de combustibles alternativos, en realidad somos nosotros los que consumimos demasiado. ¡Qué bárbaro, que insensibles somos!

Pero, ¿cómo no te diste cuenta, chamigo? Tenemos que ser más solidarios, y no comprar tanto, pero sin olvidarnos de consumir de vez en cuando para que las estaciones de servicio que nos rogaban que le compremos combustible hace no mucho, no se queden sin su platita.

Y no sólo somos culpables de que falte combustible, sino también según nuestro gobernador, nosotros somos culpables de los infinitos cortes de luz y que no funcione el nuevo transformador que compró la provincia. ¡Cómo vamos a prender la luz!, ¡qué brutos que somos!

Aclaremos que no es que el gobierno de la Renovación que ya lleva casi dos décadas sabiendo sobre el problema energético y de enganchados de Iguazú no supo resolverlo, y cuando lo hizo con gran esfuerzo, trajo un transformadorcito, para proveer una mejor calidad de servicio a la población que creció –justo durante la gestión de la Renovación –en más del 60%.

¡No es eso, pavote! ¡No seas ignorante, chamigo! ¡¿Cómo vas a culpar al gobierno?! ¡Y menos engancharte en las zonas en donde te prometieron hace raaaaato que iban a llegar los cables! ¡El tema es que vos no tenés que enchufar tu heladera ni tu esplit, y menos tu nóubu, si total es para ver tu féibu no ma’!

Y con el agua también. No es que el gobierno está tardando más de lo previsto para entregar la obra, y que por más que no se pueda negar que la inversión está siendo hecha después de más de 50 años ¡en realidad, es que vos no tenés que bañarte tanto, che ra’a!, ¿para qué tomás tanta agua? Tenés que ser más cuidadoso del medio ambiente, ¡pasáte un trapo húmedo no más!

Pero tampoco te quejes porque el sistema de cloacas y saneamiento no se termina nunca, y que el cálculo por la población que conoce muy bien esta gestión provincial y nacional, que a cada rato mandan especialistas de todo tipo acá, van a tener que actualizar tan pronto entreguen la obra. ¡No es eso, pavo! Entendé de una vez por todas, ñandé jeyma la culpable, por eso dicen que tenemos que consumir menos, no vé que se llena rápido todo’ lo’ caño nuevo eso’, No e’ que el gobierno calculó mal, ¡vo’ cagá demasiado, chamigo!